El blog de Marc Bernabé

Otoko Oidon (Yo, el hombre)

Monday, December 13th, 2010
  • Título: 男おいどん –Otoko Oidon– (Yo, el hombre)
  • Autor: Leiji Matsumoto
  • Editorial: Kōdansha
  • Revista: Shōnen Magazine
  • Años publicación: 1971-73
  • Clasificación: shōnen
  • Tomos: 9

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En la anterior reseña, sobre Dai yojōhan dai monogatari, ya hablamos sobre la contribución de Leiji Matsumoto a un nuevo género de ficción japonés: el yojōhan-mono o “historias de cuatro tatamis y medio”, por lo que no vamos a profundizar más en este concepto. Si te perdiste la anterior reseña, léela ahora porque si de lo contrario no vas a entender muy bien el concepto detrás de este manga que comento ahora.

Ya conocemos a Leiji Matsumoto, pope del TLQM (Todo Lo Que Mola) y celebérrimo autor de obras de space-opera como Capitán Harlock o Galaxy Express 999, pero la obra con la que se hizo realmente famoso y que le permitió dedicarse posteriormente a la creación de personajes tan carismáticos como Harlock o Maetel no fue otra que esta Otoko Oidon.

Cuenta el maestro que, aún no sabe por qué, los editores de la prestigiosa Shōnen Magazine, en aquel entonces la gran líder del mercado del shōnen manga, en cuyas páginas se publicaban en aquellos momentos dos de los mayores iconos de la historia del manga con letras mayúsculas, Kyojin no Hoshi y Ashita no Joe, se fijaron en él. En aquellos momentos estaba publicando, con éxito moderado, el manga Dai yojōhan dai monogatari en las páginas de la revista para lectores adultos Bessatsu Manga Action, y desde la Shōnen Magazine le pidieron un manga similar, solo que quitándole ciertas situaciones sexuales y más “adultas” para hacerlo más acorde con su público eminentemente adolescente.

Y así fue cómo nació Otoko Oidon, que se convirtió rápidamente en un gran éxito debido, probablemente, a que en aquellos momentos la edad media de los lectores de la revista Shōnen Magazine estaba entre los 16 y los 25 años, y que muchos de ellos se sintieron identificados con el protagonista ya que estaban viviendo en condiciones similares a las suyas tras mudarse desde el campo a la gran ciudad en busca de trabajo o para estudiar.

Otoko Oidon nos cuenta las peripecias de Nobotta Ooyama, un chaval llegado a Tokio desde la lejana Kyūshū para estudiar –lo que le da fatal, por lo que acaba dejándolo– y, luego, ante el pasotismo de sus padres, que se niegan en redondo a enviarle dinero, para trabajar y ganarse la vida –lo que tampoco termina de irle bien debido a su condición de patán, vago y paso-de-todo–. En medio de la patética vida del inútil pero a la vez adorable Nobotta se van cruzando otros personajes: la dueña de los apartamentos: una vieja que en realidad es un trozo de pan y se preocupa mucho por él, los vecinos, algunas bellas compañeras de clase, los dueños del garito de ramen, etcétera.

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Calzoncillos, un pájaro que no se calla y mucha miseria.

Al poco de empezar la historia, Nobotta se queda sin dinero para pagar el alquiler y decide empeñar todas sus pertenencias, incluido su futón, lo que le obliga a dormir sobre papeles de periódico. Por alguna razón, lo único que tiene en cantidad son calzoncillos sucios, que se amontonan en cantidades industriales en su armario y que incluso crían setas… ¡Que el protagonista, en momentos de desespero, llega a comerse!

De hecho, el propio Matsumoto, también originario de Kyūshū, estuvo viviendo en un apartamento similar en su primera época en Tokio y tuvo experiencias similares a las del protagonista. Incluso me contó durante la entrevista para Masters of Manga que lo de las setas criando sobre montañas de calzoncillos sucios es real y que, aunque él no llegó a comérselas, sí que hizo el experimento de dárselas a Tetsuya Chiba (sin decirle de dónde habían salido, claro), que las comió con gusto y dijo que estaban buenas. Por cierto, se ve que Chiba no estuvo muy contento al enterarse a posteriori del origen de las setas que había devorado, claro ^____^.

En definitiva, Otoko Oidon es una especie de remake de Dai yojōhan dai monogatari, sin algunos elementos más subidos de tono, pero con un estilo de dibujo bastante más depurado y un guión mejor llevado debido, sin duda, a la experiencia que el maestro había cobrado escribiendo esa primera obra.

Oidon, por cierto, es un pronombre de primera persona (yo) que se utiliza en el dialecto de Kyūshū que utiliza el protagonista, por lo que el título se traduciría por “Yo, el hombre”.

Lo mejor

  • Historias autoconclusivas aunque ligadas temporalmente.
  • Una lectura amena.
  • Como siempre, las chicas Matsumoto se salen…

Lo peor

  • Lo mismo que para Dai yojōhan dai monogatari, es decir:
  • Al protagonista a veces le darías dos bofetones y le gritarías “¡espabila, joder!”
  • Casi imposible poder ver algo así publicado en Occidente.

Ganso dai yojōhan dai monogatari (La gran historia original de los grandes cuatro tatamis y medio)

Thursday, December 9th, 2010
  • Título: 大四畳半大物語 –Ganso dai yojōhan dai monogatari– (La gran historia original de los grandes cuatro tatamis y medio)
  • Autor: Leiji Matsumoto
  • Editorial: Asahi Sonorama
  • Revista: Bessatsu Manga Action
  • Años publicación: 1970-74
  • Clasificación: shōnen, seinen
  • Tomos: 6

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Decíamos en la reseña de The Insect que Leiji Matsumoto, pese a ser el gran referente de la ciencia-ficción del manga, tiene varias otras facetas en su carrera más allá del space opera que le hizo famoso con obras como Capitán Harlock o Galaxy Express 999.

Como decíamos, una de las facetas en las que más destaca este autor es el género llamado “cuatro tatamis y medio”. ¿Pero qué es exactamente este “género”? Para ponerte un poco en contexto, diré que a partir de los años 50 y hasta más o menos los 70 hubo un gran flujo inmigratorio desde las zonas rurales de Japón hacia las grandes ciudades, especialmente Tokio. Muchos jóvenes se iban a la ciudad a la busca del sueño de la prosperidad personal, sea en los estudios o en el trabajo, o en ambos.

Esto provocó una gran demanda de alojamiento sencillo y barato, y pronto se impuso un tipo de edificio muy sencillo, normalmente de dos pisos de madera, con pequeñas habitaciones individuales y WC y cocina comunitarias (no había bañeras ni duchas, lo que implicaba que los que vivían en estos pisos debían ir a los baños públicos del vecindario). Sin ir más lejos, los apartamentos Tokiwa-sō, de los que he hablado largo y tendido en este blog, eran de este tipo, y las habitaciones individuales tenían el tamaño de cuatro tatamis y medio.

En Japón, el tamaño de una estancia se mide según cuántos tatamis se puedan colocar. Según la región, el tamaño del tatami cambia. Mientras que en Tokio hablamos de poco más de 1,5 m2 por tatami, en Kioto son un poco mayores, poco más de 1,8 m2. Así, el tamaño de estos pisos tan pequeños y sencillos, de cuatro tatamis y medio, era de unos escasos siete metros cuadrados.

Imaginad vivir en una habitación de solo siete metros cuadrados, sin lavabo ni cocina, y con el suelo de tatami (eso sí, tenían un armario bastante profundo, que algunos aprovechaban como espacio para tender el futón y dormir, igual que Doraemon). Evidentemente, las condiciones de vida eran duras, pero miles y miles de japoneses vivieron en este tipo de alojamiento mientras se esforzaban duramente para conseguir una vida mejor.

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Calzoncillos y nada más en el cuarto de Futoshi

El género que Leiji Matsumoto ayudó a cultivar, el de los “cuatro tatamis y medio”, se basa justamente en esto: narrar las miserias, alegrías, frustraciones y sueños de uno o más personajes que viven en estas condiciones de casi miseria, pero siempre bajo la luz de un mensaje de “aquellos viejos buenos tiempos”. Y es que la mayoría de los que han cultivado este género, como Leiji Matsumoto, vivieron algunos años en estas mismas condiciones, por lo que pueden perfectamente narrar cómo era la vida en un piso roñoso de solo siete metros cuadrados.

La obra más famosa de Matsumoto englobada en este género es Otoko Oidon, pero conducido por una recomendación del propio maestro de cuando fui a entrevistarle para Masters of Manga, he empezado por una obra menos conocida pero, según él, “más realista” de cómo era la vida en esas condiciones: Ganso dai yojōhan dai monogatari (La gran historia original de los grandes cuatro tatamis y medio).

Esta historia, que agrupa historias autoconclusivas, episodios de la vida del protagonista que se van sucediendo en el tiempo, nos narra las desventuras de Futoshi Adachi, un chaval de Kyūshū (Matsumoto es de Kyūshū) que se desplaza a Tokio para trabajar solo para encontrarse con que la empresa que lo había contratado ha quebrado. A partir de aquí, el bueno de Adachi –que por cierto es bastante vago e irresponsable– tendrá que buscarse la vida para poder pagar el alquiler de su piso de cuatro tatamis y medio y comer, entre otras necesidades vitales.

Adachi ni siquiera tiene futón, duerme sobre papel de periódico e intenta calentarse como puede con la única bombilla que hay en la habitación. También tendrá que lidiar con los vecinos, como por ejemplo una extraña pareja: ella es una preciosa mujer bastante atenta que de vez en cuando se preocupa por Adachi –incluso acostándose con él XD–, mientras que él es un violento yakuza que a menudo pegará al protagonista.
Así, entre montañas de calzoncillos sin lavar, infecciones de hongos en las partes genitales, algo de sexo, algo de violencia, bastante miseria y demás, se van sucediendo las andanzas de Futoshi Adachi.

Lo mejor

  • La historia es bastante interesante y fácil de leer.
  • Tiene escenas subidas de tono que no tenían cabida en Otoko Oidon, el manga insignia de Matsumoto en el género de los “cuatro tatamis y medio” (que reseñaré pronto también).
  • Según me comentó el propio maestro, los “consejos” que da a través de este manga para tratar y curar las infecciones genitales de hongos ayudaron a muchísimos lectores que, avergonzados por la enfermedad, no osaban ir a la farmacia para describir sus síntomas (fuerte picor y eczema en los genitales) para conseguir un remedio. ¡Se ve que Matsumoto recibió numerosas cartas de lectores agradecidos!
  • Las chicas Matsumoto… ¡Aish!

Lo peor

  • Al protagonista a veces le darías dos bofetones y le gritarías “¡espabila, joder!”
  • Casi imposible poder ver algo así publicado en Occidente.

The Insect (El insecto)

Monday, November 8th, 2010
  • Título: インセクト –The Insect– (El insecto)
  • Autor: Leiji Matsumoto
  • Editorial: Asahi Sonorama
  • Revista: varias
  • Años publicación: 1976 (este tomo)
  • Clasificación: shōnen
  • Tomos: 1

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Leiji Matsumoto es principalmente conocido por sus historias de ciencia-ficción fantástica, como Capitán Harlock, Acorazado Espacial Yamato y Galaxy Express 999, por lo que internacionalmente se le suele considerar el rey de la “space opera” japonesa.

Sin embargo, su obra por supuesto abarca mucho más que eso, y en realidad este autor tiene al menos cinco facetas bastante diferenciadas y más o menos conocidas:

  • Space opera. Su faceta más famosa de lejos. Matsumoto es el rey del género tanto en Japón como internacionalmente. No hay más que ver los vídeos de Daft Punk englobados en la macroproducción Interstella 5555.
  • Guerra. Matsumoto tiene una amplia producción de manga bélico, entre los que destaca la serie The Cockpit.
  • Cuatro tatamis y medio. Este autor fue el principal responsable de un género entero en la literatura y el manga japonés: la narración de las historias de tíos pobretones (mal)viviendo en pequeñas viviendas de cuatro tatamis y medio con cocina y lavabo comunitarios y sin bañera (había que ir a lavarse a los baños públicos). Su obra más famosa en este sentido es Otoko Oidon.
  • Shōjo. Como muchos otros grandes autores de manga, Matsumoto empezó dibujando shōjo. Destaca por su capacidad innata de crear “animalitos monos”. De hecho tiene algunas historias co-creadas junto a su mujer Miyako Maki, en las que ella dibujaba los personajes mientras que él se encargaba de los animales (perritos y gatitos) ya que le “salían tan bien”.
  • Entomología. Este autor tiene también algunos manga basados en insectos. Se trata de su faceta menos conocida, incluso en Japón.

El manga que tratamos en este ocasión forma parte de esta quinta faceta del “padre” de las bellezas Emeraldas y Maetel. Estamos ante un tomo que recopila un total de 11 historias cortas basadas de una u otra manera en el mundo de los insectos.

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Ciempiés...

La verdad es que no hay hilo conductor entre ellas. Mientras que algunas se basan en la interacción de los humanos con uno o varios insectos (por ejemplo, una historia va de un tipo que tiene un montón de escarabajos en su casa) y otras personifican a los insectos (una de las historias ocurre en un hormiguero donde una poderosa hormiga –con cuerpo, rostro y ademanes de persona, ojo– domina a las demás). Otras historias simplemente se basan en alegorías, como por ejemplo la historia de un tipo bajito y regordete con gafas de culo de botella que, obviamente, recuerda a una mosca.

Hormigas, libélulas, escarabajos, moscas, ladillas, cucarachas, mariposas… Todas ellas tienen cabida en este tomo de ritmo muy irregular pero con ese sabor tan “matsumotero” que deja cierto regusto triste en la mente del lector, ese mono no aware del que hablábamos en la reseña de Galaxy Express 999 y que resulta tan propio del estilo del autor.

Por supuesto, en este manga encontramos también los típicos personajes Matsumoto: mujeres estilizadas, guapísimas, de pelo larguísimo y porte melancólico; hombres bajitos, feos, regordetes y borrachos; chicos desgarbados y perdidos por la vida… Vamos, una obra Leiji Matsumoto 100%.

Personalmente me ha gustado el manga. Cierto es que algunas historias son mejores que otras y que el ritmo es un poco irregular, pero en general es un buen manga. Una curiosidad muy interesante para los fans de Leiji Matsumoto que quieran llegar un poco más allá de su faceta como maestro de la space opera.

Lo mejor

  • Historias cortas muy imaginativas.
  • Las etilizadas, melancólicas y enigmáticas chicas Matsumoto.

Lo peor

  • Ritmo irregular.
  • Algunas historias quizás son un poco demasiado abstractas.

Himiko -El barco de Leiji Matsumoto-

Wednesday, March 24th, 2010

Si hablo de Leiji Matsumoto, la mayoría de vosotros ya sabréis de quién estoy hablando. Exacto, del famoso creador de manga conocido por sus space operas ambientadas en el espacio, unas obras llenas de melancolía, poesía, ciertas dosis de filosofía, y mucho carisma. ¿Cabe mencionar las obras más conocidas de este autor? Bueno, venga… Seguramente los más viejos del lugar darán un respingo al leer el título de una de sus obras más conocidas, al menos en España: Capitán Harlock, aunque su obra más famosa en Japón no es otra que Ginga Tetsudō 999 (Galaxy Express 999). Matsumoto también es hiperfamoso por haber participado activamente en la creación del remítico anime espacial Uchū Senkan Yamato (Crucero Espacial Yamato), entre muchas otras obras ya menos conocidas, no todas de ciencia-ficción. Ver también el especial que realicé sobre el Cosmo World.

Pues bien, Matsumoto –hombre inquieto él– es un tío que nunca para con cosas nuevas. Él fue el pionero de la publicación electrónica de manga vía internet (¡hace ya un porrón de años!), también diseñó, a petición del grupo francés de música electrónica Daft Punk, los personajes y el planteamiento de varios videclips (como One More Time o Digital Love) además de la película Interstella 555.

Matsumoto también es conocido por ser un megacoleccionista de manga antiguo, tiene un montón y ha colaborado en varios libros sobre la historia del manga.

Pero en este caso nos interesa su faceta como diseñador de cosas en la vida real, porque en 2004 se botó el barco Himiko, diseñado ni más ni menos que por este mangaka. El otro día subimos a él y aquí está el resultado. Ved el vídeo y luego os cuento más cosas, ¿vale?

(También en Youtube)

¿Os ha gustado el vídeo? Pues vamos allá con mis impresiones:

  • Si queréis subir al Himiko en un viaje a Tokio, procurad ir con tiempo a comprar los billetes, porque su capacidad es de solo 160 personas (todas sentadas) y se agotan enseguida.
  • Podéis hacer los trayectos Asakusa – Odaiba, Odaiba – Toyosu, Toyosu – Asakusa, o bien Asakusa – Odaiba – Toyosu, o subir directamente en Odaiba y hacer Odaiba – Toyosu – Asakusa (no estoy seguro de si también se puede hacer Toyosu – Asakusa, creo que sí). No se puede hacer la “vuelta completa”, es decir, salir de Asakusa y volver a Asakusa, o salir de Odaiba y volver a Odaiba. Solo hay 3 o 4 salidas al día desde cada uno de estos puntos, así que comprobad bien los horarios.
  • Los puntos exactos donde se puede subir al barco: Asakusa / Odaiba / Toyosu (via Google Maps).
  • El barco es una pasada por fuera, pero por dentro tiene varios defectos:
  • Es casi demasiado espacioso. Solo caben 160 personas, pero habría sitio para muchas más. En fin, tampoco es algo malo, pero lo cierto es que limita la capacidad y por lo tanto hay que comprar los billetes con más antelación si cabe.
  • El diseño de las ventanas, con formas tan redondeadas, hace que haya mucha “viga” por en medio, por lo que uno no puede apreciar muy bien el paisaje.
  • No se puede salir al aire libre, algo muy agradable en los viajes turísticos por ríos y bahías (el día que fui yo hacía mucho calor, por ejemplo, y aunque tenían el aire acondicionado puesto, la verdad es que se habría agradecido poder salir a tomar el fresco (y de paso apreciar mejor el paisaje).
  • Aun así, la verdad es que es un friki-viaje bastante chulo, pero solo os lo recomiendo si os gusta el manga en general, y las obras de Matsumoto en particular. Si no os hacen ni fú ni fa, entonces mejor subid a cualquier otro barco porque disfrutaréis mucho más del paisaje, el aire libre y todo eso.

Links: Página oficial del Himiko / Horarios y precios (a día de hoy, sale de Asakusa a las 10.10, 13.20, 15.20 y 17.20 -este último hay que confirmarlo con antelación porque a veces no sale.)

Cosmo World (Leiji Matsumoto)

Monday, November 23rd, 2009
  • Nombre del lugar: Cosmo World – Osaka WTC Building Cosmotower
  • Dirección: 1-14-16 Nankō-kita, Suminoe-ku, Osaka (Google Maps)
  • Cómo ir: Aunque está justo delante la estación Trade Center Mae (línea Nankō Port Town), es más económico y racional bajar en la estación Cosmo Square (línea Chūō), desde la que solo hay 7 minutos andando.
  • Precio: Ya no existe
  • Horario: Ya no existe

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Esta visita de algo relacionado con el manga en Japón ya no existe, por lo que solo lo podréis conocer a partir de esta entrada y otros vestigios que queden por internet. Siento poner algo así, ya que parece que os esté “restregando por la cara” algo que yo sí pude disfrutar. Bueno, podéis considerarlo una venganza de todos aquellos que este verano estuvieron por Japón y vieron el Gundam a escala 1:1 (¡Cabrones! ¡Qué envidia os tengo! XD) o simplemente lo que es, simples ganas de compartir algo que es parte de #TLQM (todo lo que mola). Y esto ha sido provocado por los posts sobre Capitán Harlock que hicieron la semana pasada Ale y el Capitán Urías en sus respectivos blogs (leedlos, que son muy chulos, ¡y el vídeo es la hostia! Harlock en Pepinismo y Harlock en la Arcadia), unos posts que me instaron a escribir sobre anécdotas personales relacionadas con Harlock en este otro post.

La entrada

La entrada

El sitio #TLQM que os presento en esta ocasión es una exposición que se hizo sobre la obra de Leiji Matsumoto en el mirador de la torre del World Trade Center de Osaka (Osaka WTC Building Cosmotower). Esta torre fue construida en 1995 y, con 256 metros de altura, es el segundo edificio más alto de Japón (la Landmark Tower de Yokohama tiene 295,8 m).

Mural de la adorable Maetel

Mural de la adorable Maetel

Desde octubre de 2002 hasta septiembre de 2005, Vero y yo estuvimos viviendo en Osaka, donde estábamos cursando unos másters gracias a la beca de La Caixa (que ya no existe para Japón, nosotros fuimos los últimos becarios del programa, por desgracia). De vez en cuando, como es lógico, salíamos a pasear por ahí y a conocer la ciudad que nos acogía. Un día, concretamente el 2 de mayo de 2003 (según la fecha de las fotos), nos acercamos al área portuaria de la ciudad para ver qué tal. Aparte de poder constatar que el área no tiene mucho encanto (en este aspecto, Yokohama u Odaiba, en Tokio, ganan por goleada), nos acercamos a ver esa enorme torre que veíamos ahí gallarda, casi en medio de la nada.

Una firmilla de Matsumoto colgada en una de las paredes

Una firmilla de Leiji Matsumoto colgada en una de las paredes

Y una vez allí, vimos publicidad de una exposición o algo dedicada a Leiji Matsumoto en la zona del mirador, nada menos, y con el lema “El lugar más cercano al espacio del oeste de Japón” (pos fale). Ya que estábamos, decidimos pagar religiosamente los 800 yenes de la entrada y subir al mirador, desde donde podríamos observar el paisaje y además disfrutar de la exposición de un autor de manga que, debo confesarlo, en aquel entonces no me interesaba mucho y casi desconocía a excepción de Capitán Harlock.

Mural de Galaxy Express 999

Murales de Capitán Harlock (arriba) y Galaxy Express 999 (abajo)

A la hora de hacer este artículo he estado buscando información sobre este lugar para ver si aún estaba abierto, pero desgraciadamente he descubierto que la exposición sobre Matsumoto se cerró en primavera del año 2005, lo que significa que duró un par de años (se inauguró el 24 de abril de 2003, es decir, que nosotros estuvimos allí un poco más de una semana después de que se inaugurara, toma casualidad).

No recuerdo mucho acerca de esa exposición, ni tampoco sacamos muchas fotos que puedan ayudarme a reconstruir la visita, así que me referencio en otras fuentes, como por ejemplo esta, para contaros lo que había. La verdad es que no era gran cosa, y según el blog que acabo de enlazar, también para los verdaderos fans de Matsumoto era realmente decepcionante.

Vero al timón de la Arcadia, cual una Harlock del siglo XXI

Vero al timón de la Arcadia, cual una Harlock del siglo XXI

Había tres áreas: una dedicada a Dai-Yamato, el nuevo anime de Matsumoto (por aquel entonces), otra dedicada a Galaxy Express 999 y la última a Capitán Harlock. En las tres áreas, lo supuestamente interesante eran imágenes y montajes audiovisuales de las tres series, pero siempre según ese blog en el que me referencio, resultaban de lo más decepcionantes (yo ni me acuerdo, francamente). Lo único interesante que recuerdo eran los montajes, murales y dioramas, poca cosa, y la mayor gracia que tenía eso era la posibilidad de sentarte en el sillón de mando del Yamato, acomodarte en el vagón del 999 junto al revisor, y tomar el timón de la Arcadia. Poco más. ¡Ah, sí! Y pasar por la tiendecilla de merchandising, que recuerdo que tenía cosas muy chulas, pero en aquel entonces, ay, éramos lo que se llama 苦学生 (kugakusei, estudiantes sufridos) y solo compramos una lámina muy chula de Harlock que aún conservo como oro en paño (nota mental: un día tengo que encontrarle un marco y colgarla).

Vero a los mandos de la fragata espacial Yamato. "¡Abran fuego!" "¡Piung, piung!"

Vero a los mandos de la fragata espacial Yamato. "¡Abran fuego!" "¡Piung, piung!"

Eso sí, al estar la exposición situada en el mirador del edificio, lógicamente se podía disfrutar de las vistas desde un lugar privilegiado. Aunque, la verdad sea dicha, tampoco era tan especial la cosa puesto que esa área de la bahía de Osaka no es muy bonita, y básicamente lo que se podía ver era el puerto, las grúas y todo eso. Y claro, la ciudad a lo lejos (aunque con la neblina tampoco se veía muy claro).En fin, la verdad es que tampoco os perdéis nada por no haber ido, que conste.

Las vistas desde el mirador del edificio WTC de Osaka

Las vistas desde el mirador del edificio WTC de Osaka (fotos muy retocadas para intentar eliminar la neblina y que se vea algo)

Los fans más fans de Leiji Matsumoto, sin embargo, pueden visitar la ciudad de Tsuruga (aquí), en la prefectura de Fukui, donde hay una calle, la llamada Symbol Road, donde se pueden admirar decenas de estatuas de bronce de las series más famosas de este autor (imágenes aquí y aquí, id haciendo clic en los links para verlas). Yo no he estado (Fukui queda lejos un poco de todo…), pero ganas no me faltan; a ver si en algún viaje a Japón puedo acercarme, aunque lo veo complicadillo. Por lo que veo, las estatuas están realmente bien hechas y el concepto me recuerda mucho al de la Mizuki Shigeru Road de Sakai-Minato. ¡Urías, apúntatelo para tu próximo viaje a Cipango, hombre! Bien pensado, estaría bien coordinarnos Urías, Ale y yo mismo y hacer un tour #TLQM en Fukui, ¿no? XD

Bonus: no atiné a sacar una foto del vagón del 999 (burro de mí), pero en honor a Urías he escaneado esta fotaca que he encontrado en un libro que tengo

Bonus: no atiné a sacar una foto del vagón del 999 (burro de mí), pero en honor a Urías he escaneado esta fotaca que he encontrado en un libro que tengo

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