El blog de Marc Bernabé

Tokiwa-sō no Seishun (La juventud en los apartamentos Tokiwa)

La semana pasada di una conferencia sobre los apartamentos Tokiwa en la Universidad Complutense de Madrid en el marco de conferencias UCMCOMIC, y justo después de esa conferencia (que podréis ver pronto en RamenTV) se proyectó una interesante película titulada Tokiwa-sō no Seishun (La juventud en los apartamentos Tokiwa), dirigida por Jun Ichikawa y protagonizada por Masahiro Motoki, el protagonista de la oscarizada Okuribito (Departures). (Ficha de la película)

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Al no existir subtítulos en ningún idioma para esta película, los organizadores del ciclo de conferencias hicieron un esfuerzo económico, al que personalmente me sumé, para que la película fuera traducida y subtitulada, tarea que realicé yo mismo.

Imagino que es la primera vez, como mínimo la primera en muchos años y fuera del circuito de festivales internacionales de cine, que se proyectaba esta cinta fuera de Japón.

Ahora, con el permiso de la gente de UCMCOMIC, decido poner a vuestra disposición los subtítulos de esta película, realizados claro está sin ánimo de lucro, para que podáis disfrutarla si la encontráis por ahí. Asimismo incluyo unas páginas con notas adicionales.

Podéis bajar el material aquí

Por cierto, veo que un ánima caritativa ha subido el .avi de la película a Megaupload. Si os interesa, aquí lo tenéis.

¡Que la disfrutéis!

La tumba (en vida) de Shigeru Mizuki

El tema de la tumba de Shigeru Mizuki ha suscitado curiosidad en el post anterior, así que os ofrezco aquí la foto que viene en el libro conmemorativo de su 88º aniversario. Como siempre, clic para ampliar.

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(c) Hongo Yuji / Shigeru Mizuki / Kadokawa Shoten 2009

He no yō-na jinsei (Un pedo de vida)

  • Título: 屁のような人生 –He no yō-na jinsei– (Un pedo de vida)
  • Autor: Shigeru Mizuki y otros
  • Editorial: Kadokawa Shoten
  • Revista: Varias
  • Años publicación: 2009
  • Clasificación: shōnen, seinen, autobiografía, ensayo
  • Tomos: 1

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Hoy, 8 de marzo de 2010, es un día muy especial por ser el 88º cumpleaños del grandioso mangaka manco Shigeru Mizuki (NonNonBa, Hitler, Operación Muerte, GeGeGe no Kitarō…), del que he hablado largo y tendido en este blog en más de una y de dos ocasiones. ¿Y qué tiene de especial el 88º cumpleaños? Pues que es una efeméride muy celebrada en Japón: el 88º aniversario de una persona es la “edad del arroz” (米寿, beiju). Esto viene de que el número 88 escrito en kanji 八十八 es como el “desglose” del kanji de arroz 米. Además, el número 8 es un número de buen augurio porque en kanji se abre hacia abajo 八, como indicando la idea de “eternidad”.

Hace muy poco, en diciembre de 2009, se publicó en Japón un grueso libro de 464 páginas en conmemoración de este 88º aniversario, un libro de tirada limitada y numerada de 3500 unidades, muy caro (4700 yenes + 5% IVA, o sea casi 41 euros del ala), que afortunadamente pude conseguir de gorra gracias a un contactillo. Creo que, al ser un Mizuki-tard, me lo habría comprado igualmente, pero ciertamente es un libro demasiado caro a pesar de ser una joya impresionante y de tener una gran calidad de impresión, diseño y encuadernación. Supongo que el hecho de que sean copias numeradas es lo que da este valor especial al libro.

El libro es un repaso indispensable a la vida de Shigeru Mizuki (nombre real: Shigeru Mura) a través de sus creaciones artísticas. Así como los libros en los que cuenta en forma de manga su autobiografía (como este o este) se centran básicamente en su día a día y nos cuentan muy poco sobre sus obras, este libro es totalmente distinto. Como buena biografía, empieza con un ensayo muy visual, repleto de fotos, sobre sus primeros años de vida, donde se nos cuenta la peculiar infancia de un Mizuki que, francamente, era bastante tonto (hasta su madre lo matriculó un año más tarde en el colegio porque pensaba que no podría seguir el ritmo de los chicos de su edad). En estas páginas, además, se nos muestran sus primeros pinitos con el arte: cuadros al óleo, dibujos, grabados y bocetos que realizó durante sus primeros años. Cuando rondaba la veintena, sin embargo, Mizuki fue llamado a filas para luchar en una isla de Papúa-Nueva Guinea contra las tropas estadounidenses y australianas. Fue allí donde perdió el brazo izquierdo y aprendió a sobrevivir (con un estilo muy peculiar, todo hay que decirlo) y cayó enamorado de los indígenas, con quienes entablaría una preciosa relación de amistad y confianza que sigue aún hoy en día pese a no hablar su idioma.

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Muestra aún sin colorear de Daira, uno de los pocos kamishibai de Mizuki que han sobrevivido.

A la vuelta de la guerra, manco y pobre, Mizuki tuvo que buscarse la vida y dio varios tumbos por la vida. Por ejemplo, en un momento dado compró una casa en Kōbe, en la calle Mizuki, y decidió transformarla en un edificio de apartamentos tipo Maison Ikkoku al que llamó, sin complicarse mucho la vida, Mizuki-sō (Apartamentos Mizuki). Fue entonces cuando nació su apodo, ya que hubo un hombre que siempre le llamaba Mizuki-san en vez de Mura-san. A partir de ese momento, toda su obra vendría firmada como “Shigeru Mizuki”. Lo más curioso de todo es que es a partir de este momento cuando el autor empieza su carrera como dibujante profesional, una carrera que viene ligada de forma muy íntima con la evolución del propio manga, ahora veremos por qué.

A finales de los años 40, Mizuki empezó a destacar como dibujante de planchas de kamishibai (teatro de papel): para que nos entendamos, el kamishibai es como un teatro de marionetas pero sin marionetas, donde un narrador cuenta una historia apoyándose en excitantes ilustraciones. El kamishibai gozó de un gran éxito en los años 40 y hasta mediados de los años 50 y muchos niños se acercaban a escuchar, a cambio de muy poco dinero, la historia que les contaba el narrador de turno en las esquinas de las calles. Sin embargo, el kamishibai perdió rápidamente aceptación debido a la creciente influencia de la televisión, hasta que acabó desapareciendo sobre los años 60. Lamentablemente, la mayoría de la producción kamishibai de Mizuki se ha perdido, pero en este libro se nos presentan unas cuantas ilustraciones supervivientes, lo que constituye un documento muy interesante. Por cierto, fue ya en esta época cuando nació el personaje fetiche de Mizuki, es decir, Kitarō.

Con el fin del kamishibai, Mizuki decidió pasarse al negocio del kashihon (libros de préstamo). A mediados de los años 50, y hasta mediados de los 60, las llamadas kashihon’ya o “librerías de préstamo” surgieron como setas. Se trataba de negocios exactamente iguales que las bibliotecas actuales, solo que con ánimo de lucro: es decir, prestaban libros a cambio de muy poco dinero (entretenimiento barato). Muchos de estos libros eran manga, y con el auge de las kashihon’ya surgieron editoriales dedicadas exclusivamente a producir libros para el circuito de librerías de préstamo. De esta época, en el libro se recogen 4 historias: una sobre el nacimiento de Kitarō, otra de Akuma-kun (Sr. Demonio), el primer capítulo de Kappa no Sanpei (Sanpei el kappa) y una historia de corte bélico.

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El nacimiento de Kitarō en la primera entrega de sus aventuras en versión kashihon.

Con la paulatina desaparición de las kashihon’ya, el siguiente paso en la historia del manga fueron las revistas, que empezaban a cobrar mucha importancia. Entre ellas surgió la mítica Garo, cuyo editor jefe, Katsuichi Nagai, tenía la idea de recuperar a autores de kashihon para darles algo de trabajo, ya que muchos se estaban casi literalmente muriendo de hambre. Mizuki, junto a Sanpei Shirato (Kamui-den), fue uno de los fichajes estrella de Nagai, y ambos se convirtieron en estandartes de la Garo. Un poco más tarde se les sumaría un tercer autor mítico: Yoshiharu Tsuge (El hombre sin talento, Neji Shiki). Durante la época de la Garo, Mizuki empezó a pulir su estilo definitivamente y a especializarse en el tema sobrenatural. De esta época se incluyen dos historias cortas en este libro.

Otro paso más dado por Mizuki fue el de trabajar para las revistas de manga para chicos (shōnen) de cadencia semanal Shōnen Magazine y Shōnen Sunday, que habían empezado su andadura en 1959 y estaban cosechando mucho éxito. En estas revistas fue donde por fin consiguió Mizuki ser un autor reconocido, sobre todo por el éxito de series –muchas de ellas remakes de series o personajes que había iniciado años antes en el kamishibai o en el kashihon– como Kitarō, Terebi-kun (Sr. TV) o Kappa no Sanpei. Algunas de estas series, como Kitarō, fueron adaptadas a serie de animación y generaron un auténtico boom de los yōkai (monstruos y seres sobrenaturales del folklore japonés). De repente, los niños empezaron a interesarse por los yōkai y a querer aprender más sobre ellos: devoraban cromos, libros, muñecos y todo tipo de merchandising, de un modo similar a lo que pasó en Occidente hace varios años con el boom de los dinosaurios provocado por Jurassic Park. Fue Mizuki, por supuesto, el verdadero “culpable” del fenómeno, y por ello es considerado el mayor estudioso y divulgador del tema yōkai en el siglo XX.

Pero la fama conllevó, aparte de mucho dinero –que ya le iba bien al abnegado autor, que con casi 50 años a sus espaldas y dos niñas pequeñas lo había pasado realmente mal económicamente hablando–, una cantidad enorme de trabajo. Tenía tantas entregas que realizar que prácticamente no podía disfrutar de la vida, y eso, en el caso de un autor tan vital como Mizuki, fue durísimo. En el libro que reseño se incluyen tres obras de esta época, precisamente capítulos de Kitarō, Terebi-kun y Kappa no Sanpei, las series que le lanzaron al estrellato.

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Easter-tō kidan (La extraña historia de la isla de Pascua), un inquietante relato seinen.

El siguiente paso que dio Mizuki también estuvo relacionado con la evolución del manga, y es que a partir de mediados de los 60 empezaron a surgir como setas revistas de manga para público adulto. Los niños que habían empezado leyendo manga en los 50 ahora eran adolescentes y veinteañeros y querían un tipo de manga más elaborado. Fue en esta época cuando las ideas de Yoshihiro Tatsumi y los suyos, impulsores del “gekiga” (ver Una vida errante y ¡¡Los tontos del gekiga!!), acabaron de fraguar. No podemos decir que Mizuki se pasara al gekiga, ya que su estilo de dibujo apenas varió, pero sí que empezó a dibujar para revistas de manga seinen (para adultos), donde publicó obras de corte más siniestro que las que había venido presentando en las revistas shōnen. De esta época, en el libro se incluyen dos siniestras historias cortas muy bien elaboradas.

A partir de este momento, Mizuki siguió trabajando incansablemente, combinando su trabajo para las revistas shōnen con las seinen y con la elaboración de enciclopedias visuales y libros divulgativos sobre yōkai. Sin embargo, ya entrados los años 80, y con más de 60 años de edad, el autor decidió bajar el ritmo y disfrutar más de la vida: por ejemplo, empezó a viajar por el mundo en busca de “misterios” y “yōkai” y se encargó de fundar y llevar adelante (junto a fieles seguidores suyos como Hiroshi Aramata y Natsuhiko Kyōgoku) una revista dedicada al tema sobrenatural llamada KWAI. También empezó a plasmar episodios de su vida en forma de ensayo manga, a veces con pinceladas fantasiosas (NonNonBa to ore) o variaciones sobre lo que ocurrió en realidad (Operación Muerte), a veces en forma de autobiografía seria (Mizuki Shigeru-den y Shinpika Mizuki Shigeru-den), a veces en forma de pequeños relatos en forma de manga. Así, de esta última etapa en el libro se incluyen tres de estos relatos: uno sobre su infancia, en el que narra las brutales peleas que tenían los chavales de los diferentes barrios de su pueblo, otro sobre un estudiante que catea en todo y no hay manera de que apruebe un examen o estudie en serio, y otro en el que fantasea sobre su propia muerte (por cierto, la muerte no es para nada un tema tabú para Mizuki, de hecho hace ya años que se construyó su propia tumba, que incluye estatuas de yōkai, de Kitarō y otros personajes suyos, y no le importa sacarse fotos delante de ella).

Todo este libro está fantásticamente editado e incluye, además de las historias manga interesantísimas, un montón de textos escritos bien por el propio Mizuki a lo largo de los años, bien por otras personas muy cercanas a él, como amigos suyos, editores, sus hermanos o una de sus propias hijas, además de muchas fotos de las distintas épocas del gran autor manco. En definitiva, un gran libro que sirve para repasar a vista de pájaro la vida de uno de los mayores autores de manga de todos los tiempos, con una carrera a sus espaldas de más de 60 años (¡que se dice pronto!) y que aún sigue al pie del cañón con su eterna sonrisa, su pasión por la vida, su enorme curiosidad y… ¡su afición por tirarse sonoros pedos!

¡Feliz 88º cumpleaños y que cumplas muchos más, Mizuki-oosensei!

Sneak preview de la Conferencia en la UCM

Ayer di una conferencia sobre los orígenes del manga en la Universidad Complutense de Madrid, en el marco de UCMCÓMIC y la verdad es que estoy muy contento de cómo quedó. David de Ramen para dos estuvo allí para grabarla y ha prometido editarla y subirla en breve para que todos podáis verla también. De momento, os dejo un pequeño “trailer” que ha realizado. ¡Gracias a los organizadores por invitarme, a los asistentes por venir a escucharme y a David por el vídeo!

Kidō senshi Gundam-san (Mobile Suit Mr. Gundam)

  • Título: 機動戦士ガンダムさん –Kidō senshi Gundam-san– (Mobile Suit Mr. Gundam)
  • Autor: Hideki Ohwada
  • Editorial: Kadokawa Shoten
  • Revista: Gundam Ace (entre otras)
  • Años publicación: 2001-?
  • Clasificación: seinen, humor, parodia, 4 koma
  • Tomos: 6 (en curso)

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Esta es la segunda serie de parodias Gundam que me he leído estos días, junto a la de Tony Takezaki no Gundam manga. Si la de Tony Takezaki era una parodia en forma de historias más o menos completas que abarcan varias páginas, esta es una obra de humor más “japonesa”, si se puede decir de esta manera, ya que se basa en el gag corto, a menudo de cuatro viñetas (yon koma manga). Ojo, porque el autor de Gundam-san (Señor Gundam) no es otro que Hideki Ohwada, autor de la genial Mudazumo naki kaikaku (Legend of Koizumi).

Esta recopilación de chistes francamente me ha encantado, me lo he pasado genial. El sentido del humor de Ohwada es buenísimo, las parodias son fantásticas y el dibujo acompaña muy bien. Por supuesto, si no conoces el universo Gundam (en este caso, de la serie original de 1979), es muy difícil que le encuentres la gracia. En este caso, Ohwada redefine a los personajes y nos presenta a un Amuro en plena edad del pavo que solo piensa en sexo; a un Char de lo más inútil y calzonazos, totalmente dependiente de Lala; a una familia Zabi de lo más “pintoresca”, por decirlo de alguna manera (me encantan las parodias de Gihren, es que el personaje se presta); a una Sayla de lo más malhumorada, etcétera. Con esta redefinición de los personajes, Ohwada los maneja a su antojo y se mofa de algunas de las escenas o frases más memorables de la serie.

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En Side 6 / Tsk, ¡me he metido en un barrizal! / ¡Ah! ¡Menos mal! ¡Eeeeh! Conscon / Lo único que podía hacer Dozle era mandar una brigada de Conscon. / Quedía demostrarle a Kycilia la incompetencia de Char. / No hace falta complicarse tanto para demostrarlo... / Esto no demuestra que sea incompetente, sino que es imbécil.

Incluso los propios “robots” (bueno, son mobile suits, pero para que nos entendamos los llamaré robots) protagonizan algunos gags, sobre todo los de modelo Acguy, que al parecer caen muy bien al autor ya que los pinta en infinidad de ocasiones, en plan kawaii. Memorables, por cierto, son las coñas en referencia a ciertos fallos o incongruencias de la serie de anime, hechas desde luego desde el más profundo de los cariños.

En definitiva, un manga realmente divertido, muy recomendable para los fans de Gundam, y con el que echarse unas buenas risas en compañía del calzonazos de Char y toda su tropa.

Lo mejor

  • Los chistes suelen ser bastante divertidos.
  • La recaracterización de personajes está muy bien realizada.
  • ¡Ese Gihren Zabi! ¡Me encanta cómo se cachondea de él!

Lo peor

  • Algunos chistes se centran en aspectos tan concretos de la serie que son difíciles de entender o de encontrar la gracia.
  • Algunos chistes hacen referencia a humoristas o programas de la tele o a sucesos contemporáneos a la época en la que se dibujó el manga, por lo que actualmente, unos años más tarde, no tienen gracia.
  • Igual que decía con el de Tony Takezaki, considerando que en España la afición a Gundam es casi nula (y menos a la serie original), y vistas las, al parecer, pobres ventas de Gundam the Origin (una serie más que recomendable) en España… Dudo que veamos jamás este manga publicado en nuestro país.