El blog de Marc Bernabé

Estadísticas manga 2017

Un año más os presentamos las estadísticas manga, ya toda una tradición, que nos sirven para tomarle el pulso al mercado de cómic japonés de España. Como ya viene siendo habitual, por desgracia, lo primero es una disculpa por tener el blog parado durante tanto tiempo. La verdad es que mis circunstancias actuales no me permiten disponer de demasiado tiempo para leer y mucho menos escribir para el blog, y no parece que esto vaya a cambiar en un futuro próximo. Sin embargo, suplo esto con la actividad en redes sociales, sobre todo en Twitter pero también en Instagram y Facebook. Si me seguís en cualquiera de ellas, pero sobre todo en Twitter, estaréis al tanto de mis lecturas y peripecias varias. En cualquier caso, aprovecho la ocasión para anunciaros que estoy empezando a trabajar en un nuevo libro que me hace mucha ilusión y del que espero poder deciros más en los próximos meses.

Antes de empezar, como siempre, recomiendo repasar lo dicho el año anterior para contrastar. Además, aquí tenéis un índice con todas las realizadas desde el año 2008 para consultar el histórico.

Y, también como es habitual, toca hacer un corta y pega explicativo, para que nadie se lleve a engaño sobre lo que son y, sobre todo, lo que “no” son estas estadísticas. Solo contamos las novedades (no se cuentan relanzamientos a precio reducido ni segundas o terceras ediciones, aunque sí reediciones en formato distinto al que aparecieron en su origen –kanzenban, bolsillo, tomo doble…– o con el mismo formato pero nueva traducción y rotulación). Independientemente de que una novedad tenga una tirada de 500 o 20.000 ejemplares –dato que no podemos saber–, para nosotros será solo una novedad. Tampoco el número de páginas influye: cuenta igual un tomo de Naruto de 190 páginas como la reedición en dos tomos en cofre de Nausicaä, de unas 1100 páginas en total (es injusto, lo sabemos, pero de algún modo tenemos que hacer el recuento). Definimos manga, por cierto, como “cómic realizado en Japón y destinado, originalmente, al público japonés”.

No barajamos cifras de tiradas ni de ventas simplemente porque las editoriales no las facilitan. Por eso, aunque podamos llegar a una conclusión (p.e., el mercado del manga en España está en auge), esta conclusión solo se aplica al hecho de que sale una cantidad superior de novedades con respecto a los últimos dos o tres años. Si supiéramos otro tipo de cifras, la conclusión podría ser radicalmente distinta (ejemplo: aunque el mercado parece estar en auge, lo cierto es que estamos en declive porque la tirada media o el promedio de las cifras de ventas son muy menores y por lo tanto arrojan menos beneficios a las editoriales. O al contrario, que efectivamente está en auge. Pero esto no lo podemos saber.)

Finalmente, recordar que estas son unas estadísticas realizadas de forma totalmente amateur, “por amor al arte”, como se dice, por lo que podría haber errores, nos podríamos haber dejado alguna obra por contabilizar, puede haber debate sobre si la obra X es “reimpresión” (por lo tanto no cuenta) o “reedición en otro formato” (por lo tanto sí cuenta), etcétera. No quiero que os toméis esto como unas cifras absolutas y poseedoras de la verdad absoluta. Para lo que sí tienen que servir, y sirven, es para tener un retrato de cómo está el mercado.

Vamos allá con la cifra de tomos de manga editados en el año 2017:

Esta para mí es la gran sorpresa. Yo esperaba, sinceramente, unas cifras muy parecidas a las del año pasado, sin demasiada variación, y me he encontrado con que se ha batido el récord absoluto histórico de edición de manga en España, vigente desde 2007, con 793 novedades. De nuevo, la primera pregunta que viene a la cabeza es: ¿estamos ante una nueva burbuja manga? A esta pregunta intentaré responder más adelante desde mi punto de vista, de momento la dejo aquí. Eso sí, viendo solamente el gráfico, está claro que la época de crisis está más que superada y estamos inmersos en un carrusel ascendente bastante mareante.

Bueno, ahora veamos cómo queda repartido el “pastel” del manga por editoriales.

 

Veamos también el gráfico de la evolución de número de lanzamientos por editorial y año desde 2008.

En este gráfico se ve claramente que la editorial que ha conseguido el primer puesto lo ha hecho disparando su producción año tras año durante los últimos 5 años y batiendo su propio récord histórico de material publicado, de 2009 nada menos. Planeta Cómic es sin duda la editorial más importante de manga en nuestro país por el simple hecho de que posee los derechos de la tríada más superventas: Dragon Ball, One Piece y Naruto. Y, curiosamente, desde 2008, cuando empezamos a confeccionar este gráfico, solo una vez había ocupado la primera posición también en cuestión de número de lanzamientos, y por un estrechísimo margen (175 de la extinta Glénat/EDT vs. 177 de Planeta en ese año). Dicha primera posición se ha obtenido no solo por editar novedades, sino también por realizar nuevas ediciones de mangas que ya en su momento vieron la luz en nuestro país, sea por esta misma editorial o rescatada de entre los títulos descatalogados de otras. Más tarde hablaré sobre estas nuevas ediciones. En cuanto a Ivrea y Norma, las otras dos de “las tres grandes”, han relajado un poquito el pie que tenían puesto en el acelerador y han visto unos ligeros descensos, en absoluto preocupantes. Lo que está muy claro es que seguimos teniendo tres editoriales muy potentes, que sacan al mercado una cantidad muy similar de novedades y la posición que ocupen en cada año no tiene tampoco demasiada relevancia. Este año es Planeta, los dos años anteriores fue Norma y entre 2013 y 2015 fue Ivrea.

Lo que sí cambia, y mucho, es que si bien tradicionalmente teníamos tres grandes grupos de editoriales, las “tres grandes”, “dos medianas + Panini” y “el resto”, el hueco entre los dos primeros grupos se ha reducido considerablemente debido al auge impresionante que siguen teniendo las editoriales ECC y Milky Way, que debutaron en 2014 y se han consolidado ya como auténticos pesos pesados, con cifras cada vez más cercanas a las tres de cabeza. Actualmente, las tres grandes editan el 62,5% de todo el manga que se comercializa en el estado español, un bajón considerable con respecto al 70,1% del año pasado o las cifras superiores al 80% de años anteriores. Algo que, personalmente, me parece un dato muy sano ya que fomenta la competencia y evita grandes monopolios.

Voy a realizar otro “corta y pega” para recordar algo que considero esencial y no quiero que se olvide en ningún momento: lo que estamos barajando aquí es el “número de tomos nuevos de manga editados”. No conocemos tiradas ni ventas. Probablemente, de conocer otros datos tendríamos que, solo por la influencia de Dragon Ball, que se intuye que es un megasuperventas, la hegemonía de Planeta sería bastante mayor. No obstante, Norma e Ivrea probablemente van muy bien también, debido a fenómenos como Pokémon y Yo-kai Watch por parte de la primera y One Punch-man por parte de la segunda. En general, las tres editoriales que van en cabeza tienen un catálogo muy coherente y un público que ya sabe qué esperar de ellas. Planeta aprovecha el tirón de los grandes shōnen y se atreve con clásicos y seinen de gran calidad, además de relanzar, en nuevas ediciones, obras que se consideran de culto y realizar una gran apuesta por el shōjo durante este año; Norma sigue con su excelente ojo a la hora de realizar licencias y además este año ha conseguido por fin la licencia de una obra de culto como Akira, en su versión original en blanco y negro, que estamos seguros de que le reportará beneficios muy dignos de verse y muy estables durante muchos años; e Ivrea apunta a su público tradicional (de gustos “otaku” y también público femenino) además de expandirse con apuestas más comerciales como la mencionada One Punch-man, dando el pelotazo con la arriesgadísima, pero a la postre, muy exitosa, JoJo’s Bizarre Adventure y recuperando, totalmente por sorpresa, la obra Gunnm, conocida también con el título de Alita Ángel de Combate.

Ya hemos comentado lo del segundo grupo, cada vez más cerca del grupo en cabeza. ECC y Milky Way siguen apostando fuerte por el crecimiento. Milky Way tiene una línea editorial muy clara, con algunas apuestas que pueden percibirse como arriesgadas pero que contribuyen a ampliar la variedad de cómic japonés que se edita en el estado español y un público extremadamente fiel que ya solo por el hecho de que una obra aparezca bajo el sello de dicha editorial le da un voto de confianza y una oportunidad. Su gran labor en redes sociales y su cercanía al público, además de su servicio de venta directa y el ya tradicional “manga de medianoche” (apertura de los pedidos en la web el día del lanzamiento a las 00:00) han conseguido que esta editorial se haya ganado el cariño de un público que le es muy fiel. En cuando a ECC, su línea manga parece estar centrada en la búsqueda de autores rompedores, contemporáneos o más clásicos, y la explotación incesante de las vetas “Junji Itō” y “Kazuo Koike”, que parecen estar funcionándoles muy bien, sobre todo la primera.

Finalmente, en este grupo encontramos a Panini, que habitualmente llegaba en una posición bastante más rezagada en cuanto a número de lanzamientos (entre 20 y 25 al año) pero que este año se ha disparado muchísimo, llegando a los 60 tomos publicados. El año pasado decíamos de Panini que “sigue siendo coherente y realiza una cantidad de lanzamientos manga muy estable a lo largo de los años, lo cual no debería sorprendernos ya a estas alturas: un descenso haría saltar las alarmas, mientras que un ascenso significaría que la editorial ha decidido potenciar su línea manga. La estabilidad ya conocida significa, a priori, que la editorial que publica Marvel en España ya está satisfecha con su presencia en el mercado del manga y que simplemente quiere seguir ahí, con títulos seleccionados y sin embarcarse en grandes aventuras”. Pues bien, el ascenso de este año en Panini no viene dado tanto por un incremento en el número de nuevas licencias sino en una nueva política de reediciones de mangas que ya salieron hace años y que se ha estimado, por su parte, que pueden tener una nueva vida: estamos hablando de obras como Berserk (cuarta vez que se edita en España, ya que pasó por los catálogos de Planeta, MangaLine y Glénat/EDT), Blame!, Biomega y Ultra Maniac.

Ya después de estas seis editoriales, a considerable distancia, vienen las pequeñas, de entre las que siguen destacando, al igual que el año pasado, tres, que son “las grandes entre las pequeñas”: Tomodomo (18 novedades, por 12 del año pasado), Ponent Mon (14 novedades, por 8 del año pasado) y La Otra H (10 novedades, por 11 del año pasado). Destacamos aquí la consolidación de la “resurrección” de Ponent Mon que ya comentamos en 2016, y que ya ha anunciado interesantísimas novedades de cara a 2018, y el crecimiento sostenido de Tomodomo. Este año contabilizamos un total de 16 editoriales que han sacado al menos un título de manga, dos menos que el año pasado.

La única que se estrena es Órbita, mientras que en este año no han editado ningún título de cómic japonés las editoriales Minchō Press, Autsaider ni DeBolsillo. Como vemos, Fandogamia ha sacado 5 tomos (por 1 del año pasado), Astiberri 3 (una más), Yowu 3 (por 1 del año pasado), Letrablanka 1 (por 2 del año pasado) y Gallo Nero y Quaterni se mantienen en 1.

Para concluir, pasemos al análisis final:

Este año me es complicado realizar este análisis en los mismos términos, tan optimistas, que el pasado. Si recordáis, el año pasado estaba hablando de que tenemos una escena manga muy sana, en la que se edita de todo, de comercial a alternativo, de infantil a adulto, etcétera. Que creía que pese al auge de la edición de manga, estábamos ante una escena muy consolidada, con público de todo tipo que ya es conocedor de lo que puede encontrar o no en el mercado, y de lo que puede esperar o no de ciertas obras.
Antes de recibir el recuento de novedades de este año, que como hace ya unos años realiza Toni Ramírez y al cual se lo agradezco en el alma, esperaba, y así había expresado en redes sociales, que las cifras de este año resultaran más o menos parecidas a las del año pasado. Para nada me esperaba una crecida tan grande, de más de 100 novedades (de 686 a 793). A toro pasado, puedo ver ahora que este auge ha sido provocado sobre todo por la crecida de las editoriales ECC y Milky Way y por el fenómeno de las recuperaciones de obras que en su momento ya habían sido publicadas.

Me explico: muchas veces, mis sensaciones sobre el mercado provienen de mi trabajo en el día a día en la agencia de traducción Daruma Serveis Lingüístics, que trabaja con las editoriales Planeta Cómic, Norma, Milky Way y Panini, entre otras, y puedo decir que nuestra actividad traductora en cuestión de manga este año ha sido un poco inferior a la del año pasado. De ahí que tuviera esta sensación de estabilidad. Lo que se me había escapado es que, si bien es cierto que hemos traducido un poco menos de material nuevo, hemos cedido muchísimo material ya traducido anteriormente por nosotros, como Berserk, Biomega, Blame!, 20th Century Boys, La Espada del Inmortal, Card Captor Sakura, etc. Y el año que viene, solo por las anunciadas reediciones de obras de Tezuka como Black Jack, Astroboy, La nueva isla del tesoro y otras, aparte de que van a salir el grueso de los tomos de 20th Century Boys, La Espada del Inmortal y Card Captor Sakura, este número de reediciones posiblemente incluso aumentará.

No puedo dejar de tener cierta preocupación, esta vez sí, por la posibilidad de que estemos ante una nueva burbuja manga similar a la vivida entre 2005 y 2009. Hay motivos para pensar que no, y ya los expresé el año pasado: la incorporación del público infantil al manga con obras como Pokémon, Yo-kai Watch o Super Mario; la consolidación del manga alternativo que cada vez está teniendo más aceptación entre un público tradicionalmente “alérgico” al cómic japonés; el mantenimiento de la “base lectora” shōnen, alimentada continuamente por los bombazos del momento como Tokyo Ghoul, One-punch man o My Hero Academia; y ese público tan fiel, durante tantos años, que sigue consumiendo manga habiendo empezado a leerlo en los años 90 o ya en el “segundo boom” de a partir de 2001 y que ya no demanda tanto shōnen sino que pide un producto más acorde con su edad, es decir, obras seinen. Por no decir el público que consume manga shōjo y que este año ha vivido un gran año gracias a la ambiciosa apuesta de la editorial Planeta por este tipo de obras. No tengo datos sobre si esta apuesta ha salido bien o no, y es pronto para decirlo: vamos a ver cómo son las próximas licencias de esta editorial; si el shōjo sigue teniendo un papel prominente entonces es que ha salido bien la apuesta. De lo contrario, lo más probable es que la edición de shōjo manga vuelva a limitarse considerablemente. Yo, por si acaso, mantengo los dedos cruzados.

De nuevo, mi reivindicación anual por el manga clásico. No voy a quejarme demasiado después de la fortísima apuesta de Planeta por recuperar obras esenciales de Osamu Tezuka, ni por la continuada edición por parte de ECC de obras de Kazuo Koike o su reciente descubrimiento de uno de mis autores más queridos, Kazuo Kamimura, ni tampoco por la aparición de un par de obras de mi admiradísimo Yoshiharu Tsuge… Pero sí que es cierto que sigue habiendo un déficit de clásicos más “populares”, menos “de nicho”. Me refiero a obras de autores como Shōtarō Ishinomori, Fujiko Fujio, Leiji Matsumoto, Tetsuya Chiba o incluso Sanpei Shirato (por Tezuka, ¿¿¿qué demonios pasa que nadie se atreve con La leyenda de Kamui???) Seguramente nuestro mercado todavía no está preparado para este tipo de propuestas, como parece evidenciar la indiferencia con la que se recibió a una obra maestra como Relatos de Sabu e Ichi, que pese a ser un clásico creo que sí estaría dentro de estos clásicos “de nicho” a los que me refería antes.

Sigue, eso sí, como destacaba el año pasado, la apuesta por editar productos relacionados con el manga y el anime como novelas ligeras, databoks, anime comics y demás productos paralelos. En Daruma no paramos de recibir encargos de este tipo, muy complicados de gestionar por la enorme carga de trabajo que suponen. Evidentemente, al ser productos tan costosos de traducir y, como los databooks, de rotular, su coste de producción es muy superior al del manga, de lo que deduzco que si las editoriales siguen licenciando e invirtiendo en ellos es porque les salen a cuenta. Y si les salen a cuenta es porque hay suficiente público que los adquiere, lo cual, de nuevo, es una gran noticia y una señal de que nuestro mercado está muy bien asentado. No parece que estemos ante el “gigante de pies de barro” de los años locos de la burbuja. Ahora tenemos igualmente a un gigante, de nuevo, pero tengo la sensación de que se apoya en un terreno muy firme, muy estable y consolidado. Espero no equivocarme y que esto siga evolucionando en la dirección correcta durante muchos más años.

Un año más termino (y hago corta-pega por enésima vez…) con la mención al e-manga, que todavía está por llegar (y llegamos así un montón de años). Analizando las apps disponibles en Japón y el notabilísimo crecimiento del uso del manga electrónico en dicho país, creo que el futuro puede ser bastante excitante en este sentido, pero un año más esto no se ha acabado de trasladar a Occidente, donde apenas existen opciones para comprar manga electrónico oficial en Estados Unidos, Francia y también España, todos los casos a precios ilógicos, con lo que es difícil que realmente se asiente. Vamos a ver cuándo y cómo se produce el gran cambio y en qué afecta este al mercado.

¿Qué te ha parecido la edición de este año de las Estadísticas Manga? ¿Crees que estamos ante una burbuja o no? ¿Cómo ves la evolución del mercado manga? ¿Seguirá creciendo, se estabilizará, volverá a bajar? Te invito a compartir tus impresiones tanto en los comentarios de este mismo post como en las redes sociales, sobre todo en los comentarios y “replies” de las respectivas entradas en Twitter y Facebook.

De nuevo, este año hemos realizado el recuento basándonos sobre todo en las listas de Listado Manga. Mis agradecimientos por su encomiable labor, así como a Toni Ramírez por su gran ayuda con los recuentos.

Natsuko no sake (El sake de Natsuko)

  • Título: 夏子の酒 –Natsuko no sake– (El sake de Natsuko)
  • Autor: Akira Oze
  • Editorial: Kōdasha
  • Revista: Morning
  • Años publicación: 1988-1991
  • Clasificación: costumbrista
  • Tomos: 12

Los que me seguís en redes sociales ya sabéis que en los últimos dos años o así me he convertido en un apasionado del sake, el “licor de arroz” típico japonés. Todo empezó a raíz de traducir el tomo 2 de la edición de Norma de Oishinbo, el manga especializado en cocina japonesa: durante esa traducción, que fue durísima pero me encantó, aprendí una cantidad de datos incomensurable sobre sake. Variedades, calidades, fabricación, conservación, modos de servirlo, etcétera. No puedo decir que me haya convertido en un experto, porque no es así ni mucho menos, pero lo que sí es seguro es que ahora mismo seguramente seré una de las pocas personas en todo el país que tienen un conocimiento relativamente profundo del sake. Tampoco es tan difícil, ya que, lamentablemente, ¿a cuánta gente conocéis que pueda contaros en qué consiste la –abismal– diferencia entre un sanzōshu y un daiginjō? Es una lástima, pero espero que, a lo largo del tiempo, la gente de aquí pueda empezar a apreciar el buen sake, ya que el mundo del sake no tiene nada que envidiar al de, por poner un ejemplo de una bebida igualmente fermentada, el vino. ¡La variedad de calidades, sabores y matices del sake resulta sorprendente!

El hecho de que uno de mis amigos, Roger Ortuño de comerjapones.com se haya convertido en el único sumiller de sake de origen no japonés en toda la península ibérica, y haya sido nombrado, entre otras cosas, Embajador de Buena Voluntad de la Gastronomía Japonesa, especializándose muchísimo en sake y compartiendo algunos de sus conocimientos conmigo, ha ayudado mucho en este “boom particular” del sake. De un tiempo a esta parte, cada vez que voy a Japón procuro degustar todo tipo de sake y aprender más sobre él, e incluso hace poco tuve el privilegio de visitar una bodega de sake acompañado del maestro tōji (máximo responsable de la producción de sake) de dicha bodega.

Como siempre que siento curiosidad sobre algún tema en concreto lo primero que hago es intentar conseguir más datos: si es posible, en forma de manga, ya que lo considero una forma ideal de aprender mientras pasas un buen rato leyendo. Una de las obras que más he disfrutado durante el parón del blog ha sido Natsuko no sake (El sake de Natsuko). Esta es una obra, como tantas, que ya conocía de antes, de nombre, pero no había tenido oportunidad de leer todavía.

Pues bien, me puse a ello y disfruté muchísimo, aprendiendo una cantidad ingente de cosas durante el proceso. Esta es la historia de Natsuko Saeki, una joven que es hija del dueño de una bodega de sake. En principio, la bodega la va a heredar su hermano mayor, que es un gran apasionado del sake y, cómo no –esto es un manga, amigos–, aspira a fabricar el mejor de los sakes posibles. Para ello, después de investigar mucho, consigue encontrar una variedad de arroz que se creía perdida, llamada tatsunishiki, y que, pese a ser ideal para la producción de sake, se dejó de utilizar porque su cultivo era extremadamente complicado y, a los agricultores de antaño, les daba más problemas que otra cosa, por lo que pasaron a cultivar arroz más sencillo de manejar.

Natsuko catando el sake que se produce en su bodega.

Cuando el hermano lo tiene todo listo para empezar la operación de fabricar ese “mejor sake de Japón”, ocurre el gran drama, como suele pasar en los mangas: el joven cae enfermo y muere. Entonces, Natsuko decide que, en memoria de su hermano, hará todo lo posible por seguir y completar su sueño.

Así empieza la historia de Natsuko, una veinteañera sin apenas conocimientos de fabricación de sake (aunque a sumiller no la gana nadie, ya que tiene una experiencia, un paladar y una resistencia al alcohol increíbles) que tendrá que luchar contra viento y marea, y contra las tendencias de la industria japonesa del momento (finales de los 80, principios de los 90) de “cantidad sobre calidad”, para crear ese nuevo sake a partir del arroz tatsunishiki. Para ello, lo primero que tendrá que hacer es cultivar los pocos granos del arroz que consiguió su hermano para conseguir, en un par de años, suficiente cantidad de arroz como para iniciar la producción de sake. Y así es el primer gran arco argumental de este manga: la pugna de Natsuko por, por un lado, conseguir una primera cosecha (¡al final tendrá que cultivar el arroz ella misma!) y, por el otro, convencer a la cooperativa agraria de que cultivar el tatsunishiki, y con ello renunciar a cualquier tipo de ayuda externa en forma de pesticidas y abonos químicos, es la mejor idea posible.

Una vez superado este escollo, cosa que no resulta nada fácil debido a la cabezonería de los agricultores, Natsuko tendrá que trabajar codo con codo junto al tōji para, sin dejar de producir sake “normal” (ya que la bodega es una empresa y no puede permitirse el lujo de paralizar toda la producción por un “capricho de la niña”), embarcarse en la creación de ese sake supremo fabricado a partir del arroz tatsunishiki. En medio de todo esto, por supuesto, todo tipo de aventuras, desengaños, algún que otro escarceo amoroso, rivalidades y mucho, mucho, mucho esfuerzo.

Lo mejor

  • Aunque manida, la historia entretiene y el dibujo la acompaña muy bien.
  • Lo que se aprende sobre el cultivo de arroz y la fabricación de sake vale su peso en oro.

Lo peor

  • Sinceramente, es una historia bastante previsible, aunque no por ello menos interesante.

Notari Matsutarō (Matsutarō el tranquilón)

  • Título: のたり松太郎 –Notari Matsutarō– (Matsutarō el tranquilón)
  • Autor: Tetsuya Chiba
  • Editorial: Shōgakukan
  • Revista: Big Comics
  • Años publicación: 1973-1998
  • Clasificación: deportivo, costumbrista
  • Tomos: 36

Durante mi “hiatus” en el blog, como ya comenté, no he dejado de leer manga en ningún momento, solo que he variado un poco mis hábitos: en vez de ir picoteando de aquí y de allá, tomos 1 y a lo sumo 2, para ver por encima cómo es una obra, hacerme una idea sobre ella y comentarla aquí en el blog, me he dedicado a leer obras más largas, a ritmo más bien pausado (el que me permitía el escaso tiempo disponible) y disfrutándolas como obra entera en vez de como algo puntual. Y me ha gustado mucho la experiencia, la verdad. Lástima que el tiempo que tengo sea tan escaso y haya tantísimas obras que me interesan, porque si no lo haría más a menudo. Tengo que encontrar el equilibrio entre leer obras largas que realmente me apetezca leer enteras y picotear tomos 1 por pura curiosidad como parte de mi faceta de “estudioso” del manga. Pero no es fácil.

En todo caso, una de las obras que leí entera durante esta época es esta Notari Matsutarō. Hubo un tiempo en el que tuve un pequeño “boom particular” de Tetsuya Chiba (autor de Ashita no Joe entre otras obras), y me leí algunas de este autor, bastante menores (a ver si en algún momento las reseño) y esta la tomé con muchísimas ganas porque hacía muuucho tiempo que me llamaba la atención. No en vano es la obra más larga de este autor, ¡estuvo 25 años trabajando en ella nada menos!

La historia nos cuenta la trayectoria de un chico llamado Matsutarō Sakaguchi, criado con su madre y sus numerosos hermanos pequeños en una zona deprimida cerca de Fukuoka, en Kyūshū. Pese a su entorno paupérrimo, no estamos ante el típico protagonista esforzado y que se parte el lomo para ayudar a su madre y a sus hermanos, sino todo lo contrario: no da más que problemas. De gran envergadura y con una fuerza descomunal, aparte de no ser precisamente el más listo de la clase (de hecho ha repetido curso varias veces), la especialidad de Matsutarō es meterse en líos, a cuál más gordo, y a dar muchos dolores de cabeza a su madre.

Muy a regañadientes, en un momento dado Matsutarō se ve metido en el mundo del sumō, el deporte nacional de Japón. Uno de sus profesores del colegio ve un enorme potencial en él y trata de convencerlo para que se apunte como aprendiz en un “establo” de sumō de Tokio. La cosa no es fácil, porque Matsutarō es un cabezón impresionante, y esto de la vida del luchador de sumō, el levantarse pronto, entrenar duro y respetar la jerarquía, no va absolutamente nada con él. Matsutarō no para de meterse en problemas, y en meter en problemas a compañeros suyos que sí están motivadísimos para seguir el camino del sumō, como el bajito Kiyoshi Tanaka, extremadamente tímido y, a priori, con un cuerpo demasiado pequeño para esta exigente disciplina, mezcla de deporte y ritual tradicional ancestral.

Entrenamientos, torneos y vida diaria se suceden en este interesante manga.

En todo caso, la historia va avanzando poco a poco, con Matsutarō y Tanaka ascendiendo en los rankings del banzuke (la “tabla clasificatoria” de los luchadores de sumō), pero no va a ser un camino fácil. Porque Matsutarō es un auténtico desastre como luchador: tiene todo lo que necesita para llegar a ser un gran campeón yokozuna, o al menos llegar a los puestos más altos, pero es vago e irreverente. A no ser que tenga una motivación especial, Matsutarō no hará demasiado buen papel en los torneos. Y esa motivación viene dada básicamente por el dinero: nuestro protagonista se convierte en un especialista en imponerse –en ocasiones de manera poco ética– a auténticos titanes del banzuke, porque es en esos combates que más llaman la atención donde el premio económico para el ganador es más cuantioso, mientras que los combates más asequibles para él, ante rivales a priori menores, suele perderlos por puro desinterés. En todo caso, la predisposición al vicio de Matsutarō hace que todo lo que pueda ganar se lo reviente en alcohol, tabaco, apuestas y mujeres…

Estamos ante un manga que en ocasiones se vuelve un poco repetitivo, irritante incluso (porque sabes que, si se lo propusiera, Matsutarō podría llegar a realizar verdaderas hazañas, pero el tío es tan vago y pasa tanto de todo que nunca llega a hacerlo del todo), pero de nuevo tiene esa característica que a mí tanto me gusta de este tipo de obras: aprendes muchísimo leyendo, en este caso sobre el mundo del sumō, sus reglas, su jerarquía, el modo en el que viven los luchadores, los tipos de premios que hay, sus peinados, su comida y muchísimas cosas más. No puedo decir que ahora soy un experto en sumō, pero desde luego mis conocimientos sobre él han aumentado de forma exponencial. ¡Aprender leyendo manga mola!

Lo mejor

  • Historia adictiva con la que además aprendes mucho.
  • El dibujo me encanta, tiene ese punto añejo pero deliciosamente detallado de un gran maestro del manga como Tetsuya Chiba.
  • Si te interesa este manga, difícilmente accesible si no sabes japonés, es posible que puedas acceder a un anime de 23 episodios que se realizó en 2014 o incluso a los 5 OVA que se crearon entre 1990 y 1991.

Lo peor

  • Se puede hacer un poco repetitivo.
  • El personaje de Matsutarō irrita porque sabes que puede llegar a mucho más pero simplemente pasa de todo. Pero, visto desde otro punto de vista, también es un mérito de la obra, ya que en el manga este tipo de personajes son poco comunes: generalmente se centran en el esfuerzo y la victoria final a pesar de todas las vicisitudes, y el hecho de tener un personaje tan pasota resulta bastante innovador. En este caso, sí que es cierto que Matsutarō se apunta alguna victoria, y alguna de ellas muy emotiva, pero por ejemplo en todo el arco final del manga el tío sigue en activo pese a tener ya 35 años (una edad en la que la mayoría de los luchadores hace tiempo que se han retirado) simplemente porque no tiene otra forma de ganarse la vida y ya le va bien ir tirando.
  • No se sabe si la historia está terminada porque Chiba nunca ha anunciado su final. Aunque es cierto que los últimos tomos ya son un spin-off que se centra básicamente en Tanaka y que difícilmente va a tener continuidad, aparte de que desde 1998 que no dibuja ningún capítulo nuevo.

Shōta no sushi (El sushi de Shōta)

  • Título: 将太の寿司 –Shōta no sushi– (El sushi de Shōta)
  • Autor: Daisuke Terasawa
  • Editorial: Kōdansha
  • Revista: Shōnen Magazine
  • Años publicación: 1992-97
  • Clasificación: culinario, shōnen
  • Tomos: 27

A Daisuke Terasawa lo conocemos básicamente por ser el autor de Mr. Ajikko, una obra que, al menos en tierras catalanas, nos es bastante familiar gracias a su versión animada, emitida en los años 90 en TV3, con el título El gran Suixi (sic.), aunque todos lo llamábamos El rei del sushi. Esa era la historia de un chaval que se dedicaba a participar en concursos culinarios, no necesariamente de sushi (de hecho, cocinaba de todo menos sushi, casi se podría decir) y con una exageración pasmosa en cuanto a reacciones de los comensales al probar la comida. El manga de Mr. Ajikko en el que se basa ese mítico anime lo reseñé en este mismo blog hace unos años.

Tengo el tomo 1 de Shōta no sushi en mi “mangateca” particular desde hace muchos años, no sé si incluso desde antes de comisariar la exposición “Manga paladear” para el Salón del Manga de Barcelona de 2012. Obviamente, en ese momento sí era consciente de que era un manga del mismo autor que Mr. Ajikko, pero cuando lo tomé el otro día, para por fin leerlo –no sé exactamente qué impulso me llevó a hacerlo– ya ni me fijé en el nombre del autor y hasta este mismo momento, en el que me he puesto a buscar los datos de años de publicación y todo lo demás para la ficha que abre la reseña, he caído en la cuenta: “¡Pero si es del mismo autor que Mr. Ajikko!”

Hasta este punto resulta diferente una obra de la otra. Ciertamente, el estilo de dibujo es el mismo, pero es que el de Terasawa es un estilo bastante común entre los mangakas de finales de los 80 y principios de los 90, así que no me sorprende no haber caído en la cuenta. Lo que cambia bastante es el enfoque de la obra, al menos en este primer tomo. Luego, según voy leyendo por ahí, la cosa cambia y el manga pasa a presentar “competiciones” y “retos” entre cocineros, al igual que con Mr. Ajikko, pero en este primer tomo la historia que nos presenta es muy costumbrista y para nada exagerada.

La historia está protagonizada por Shōta, un joven que trabaja en un restaurante de sushi como aprendiz. Ya lleva año y medio allí y, como no puede ser de otra manera dentro de la estricta jerarquía nipona, se dedica a tareas menores como servir té a los clientes, limpiar el local y, tal vez, preparar algún pescado (quitarle las espinas, marinarlo, o lo que sea) para que se pueda servir más tarde en forma de sushi.

Primer enfrentamiento: contra un chaval engreído que se cree el mejor sushiman del universo.

Pero Shōta es ese chaval típico tan voluntarioso que aparece en los mangas. Se ilusiona con su trabajo, lo considera un orgullo y le da igual ser el último mono en el restaurante porque a su lado tiene al gran y prestigioso “sushiman” que es el dueño y a sus senpais que trabajan en la barra haciendo el sushi, y él está aprendiendo de ellos. Pero claro, como es el típico protagonista de shōnen, siempre tan ilusionado y voluntarioso, practica como loco en su casa, durante horas, cocinando el arroz y dándole forma para que los nigiri le salgan lo mejor posible.

Si bien este no es estrictamente un manga de historias autoconclusivas, porque la trama subyacente va avanzando y Shōta digamos que cada vez cuenta con mayor confianza del dueño del restaurante y sus senpai, sí que al menos en el primer tomo tenemos un total de tres arcos argumentales que pueden considerarse autoconclusivos. En el primero, una antigua compañera de clase de Shōta, muy joven, tiene que casarse por una cuestión de relaciones familiares, y quiere que Shōta le prepare una ración de sushi: será la primera vez que el dueño del restaurante le permita ponerse detrás de la barra y hacer nigiri y maki para que los deguste un cliente. En el segundo arco, aparece un chico muy prepotente que resulta que sabe hacer excelentes nigiri con un solo gesto de la mano (cuando lo normal es hacerlo en 5 o 6 movimientos, en 4 o 3 los más experimentados). Tiene una historia bastante negra detrás relacionada con su padre y ahora se dedica a retar a restaurantes de sushi para ganar dinero, en plan “si consigo hacer un mejor sushi que tú me pagarás X dinero”. Pese a su obvia inexperiencia, Shōta acaba teniendo que enfrentarse a él por orden del dueño de su restaurante. Finalmente, el tercer capítulo del tomo nos habla sobre la relación del wasabi con el sushi, cuando aparece una chica que es responsable de un campo de cultivo de wasabi: esta hace abrir los ojos del protagonista sobre la gran importancia que tiene esta raíz en el sushi y cómo se tiene que tratar.

A mí me ha parecido un manga la mar de entretenido y, como suele pasar con los mangas temáticos, aprendes muchísimas cosas: en este caso sobre el funcionamiento de un restaurante de sushi y los procesos de preparación de este manjar. Por lo que veo, el manga evoluciona más tarde hacia las típicas batallas y enfrentamientos entre cocineros (de hecho, el reto entre el chaval prepotente y Shōta ya entra dentro del estilo tan típico de Terasawa), pero no me cabe duda de que sigue siendo un manga entretenidísimo, muy costumbrista (al menos al principio), y con el que vas aprendiendo un montón de cosas. Me encantan este tipo de mangas.

A propósito, este título tuvo que tener un éxito bastante considerable, porque no solo el manga original abarcó un total de 27 tomos (mientras que Mr. Ajikko duró 19), sino que encima ha tenido dos secuelas (aunque es cierto que, a diferencia de Mr. Ajikko, Shōta no sushi no ha sido nunca adaptado a anime). La primera se subtitula “Saga del Torneo Nacional” (ya estamos con los torneítos…), se publicó entre 1997 y 2000 y alcanzó los 17 tomos. La segunda, en cambio, no tuvo aparentemente tanto éxito: se publicó entre 2013 y 2015, bajo el título Shōta no sushi 2 – World Stage y duró solamente 4 volúmenes.

Lo mejor

  • De esos mangas que a mí tanto me gustan con los que pasas un buen rato leyendo y encima aprendes.
  • Tiene buen desarrollo y no se hace aburrido.

Lo peor

  • No le veo nada de malo, al menos hasta donde he leído (el tomo 1), aunque tal vez luego la cosa se vuelva más previsible y aburrida.

Sobre la conveniencia o no de tener “título” de traducción para ser traductor

Sobre la conveniencia o no de tener “título” de traducción para ser traductor
(Al menos en el campo del manga y anime)

Vaya por delante que esta es una visión muy personal, exclusivamente mía. Y también que yo soy licenciado en Traducción e Interpretación y por lo tanto sí tengo “el título”.

Es obvio que tener el título de traductor, tras haber cursado una licenciatura en Traducción e Interpretación, es un plus muy importante, muchas veces decisivo. Se supone que un licenciado en traducción e interpretación ha sido formado específicamente, tiene un dominio excelente de las técnicas de traducción, la teoría de la misma, conoce la importancia de documentarse y sabe cómo hacerlo, tiene ortografía y gramática impecables, etcétera.

Sin embargo, en la vida real, me he encontrado con varios casos que dan matices a esa afirmación: como codirector de la agencia de traducción e interpretación Daruma Serveis Lingüístics SL, he supervisado decenas de pruebas de traducción de traductores aspirantes a incorporarse a nuestro equipo.

A no ser que hayamos visto al candidato MUY verde, nunca hemos denegado una prueba de traducción a nadie por motivos de currículum; tanto da que acredite tener la licenciatura como no, porque al final lo que valoramos es el resultado de la prueba.

Por un lado, hemos encontrado a gente que tiene la licenciatura pero luego, en la prueba, no han estado a la altura por varios motivos. Presuponiendo una comprensión del original del 100% o al menos del 99% (que a veces es mucho presuponer, ojo… pero bueno, ese sería otro tema), me atrevería a decir que el más general de ellos es la falta de “consciencia de idioma”, por llamarlo de una forma. Una traducción tiene que fluir, ser natural y “sonar bien”. Nunca debe dar la sensación de ser un texto que va a trompicones, que los personajes no hablan de forma natural o adecuada al registro (dada su edad, entorno, circunstancias, emociones que suscitan ese diálogo en el momento…). Por no hablar de cuestiones como “higiene” a la hora de escribir los textos (mala puntuación, espacios donde no tocan, cuatro puntos en vez de tres, errores de tecleado, nombres propios escritos de varias maneras y cosas así) o, algo que siempre me ha dejado boquiabierto (¡estamos hablando de una prueba de traducción, en la que el aspirante debe dar el 150% de sí mismo!), faltas de ortografía o gramática, algo increíble teniendo en cuenta que el corrector de Word detecta él solito el 80-90% de ellas.

Por otro lado, hemos encontrado a gente que no tiene la licenciatura y ha bordado la prueba. Como gestor de una empresa que tiene un equipo de traductores que andará alrededor de las 20 personas (algunas a tiempo completo, otras a tiempo parcial y otras solo en proyectos ocasionales), mi interés es que las traducciones que salgan de Daruma sean de calidad y se entreguen en el plazo de tiempo estipulado. El plazo de tiempo es otro factor importante: un traductor puede ser buenísimo, excelente incluso, pero si se retrasa constantemente o da problemas de cualquier índole, le vamos a dar una oportunidad, dos, tres, las que sea, pero si no corrige eso dejaremos de contar con él/ella. Una cosa es traducir por afición y otra muy distinta es hacerlo para ganarse la vida, y en el segundo caso hay un “plazo de entrega” que se tiene que cumplir, ya que el prestigio de Daruma en bloque va en ello. A día de hoy, tras 13 años desde la fundación de la empresa, podemos decir que jamás hemos llegado tarde a una fecha de entrega, y ese es uno de nuestros principales factores de orgullo.

Cuando buscamos nuevos traductores, obviamente miramos el CV, pero primordialmente valoramos la prueba. Cierto es que en los últimos tiempos prácticamente todas las nuevas incorporaciones son licenciados de Traducción e Interpretación, pero históricamente no siempre ha sido así. Durante el “segundo boom del manga” (2002-2008 aprox.) hubo mucho trabajo y pocos profesionales formados en traducción específicamente (ahora estamos en pleno “tercer boom del manga” y por suerte eso ya no es así). Tuvimos que recorrer a personas con dominio del japonés y, sobre todo, del español (Importantísimo, como digo en el punto 7 aquí) y “formarlos” sobre la marcha. Algunos han resultado ser excelentes desde el primer día e incluso siguen a día de hoy trabajando con nosotros -porque nunca han dejado de hacerlo-, a otros les ha costado más, otros se han caído del carro por un motivo u otro, etcétera.

De hecho, puedo poner como ejemplos a Jesús Espí, bioquímico de formación y traductor “por accidente”. No se me ocurre nadie mejor que Jesús para hacer una traducción con fuerte carga científica, por ejemplo, porque tiene este tipo de formación. Aunque también borda el shônen y el shôjo, una cosa no quita la otra. Otro ejemplo es el malogrado Alberto Aldarabí que, por no tener, no tenía ni el bachillerato (problemas de salud a una edad temprana se lo impidieron), y aun así ha sido uno de los mejores traductores que han trabajado para Daruma: sigo pensando que Alberto es el mejor traductor de humor que ha habido en el manga-anime en España, como se puede comprobar en sus traducciones de Lamu o Keroro. Su chispa y su gracia valían más que cien títulos.

En definitiva, ¿es importante o no tener el título de traducción? Para Daruma (y sin ánimo de sentar cátedra en absoluto, que para gustos colores) es un “papel” que acredita que has sido formado específicamente para ser traductor. Un “papel” importante, ojo. Pero lo que de verdad valoramos es que alguien sepa traducir y, traduciendo, lo demuestre.