El blog de Marc Bernabé

Urotsukidōji (Niño rondador)

  • Título: 超神伝説うろつき童子 –Chōjin densetsu Urotsukidōji– (La leyenda del superdios – Niño que ronda)
  • Autor: Toshio Maeda
  • Editorial: Wani Magazine-sha
  • Revista: Manga Erotopia
  • Años publicación: 1981-87
  • Clasificación: sobrenatural, monstruos
  • Tomos: 6

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Los más viejos del lugar recordamos perfectamente la obra Urotsukidōji que, aunque nunca nos llegó en su forma original de manga, sí lo hizo como uno de los primeros animes que se publicó en formato VHS en España. Urotsukidōji causó una gran impresión entre los jóvenes interesados en la animación japonesa. Si hasta entonces habíamos asociado la animación (o “dibujos animados”) a productos para el público infantil, la llegada de obras como Akira y poco después la irrupción de la empresa Manga Films, que trajo obras como El puño de la estrella del norte, contribuyó a cambiar esta asociación. Aún recuerdo con claridad el impacto que Akira causó en mí, cuando me di cuenta de que la animación no era algo exclusivamente para niños y que en Japón estaban realizando espectaculares obras animadas para el público adulto.

Pero Urotsukidōji fue un paso más allá, al presentar una obra de animación con alto contenido sexual en la que preciosas chicas caían presa de terribles monstruos repletos de tentáculos, y que esos tentáculos eran capaces de levantar a las chicas en el aire y se introducían en orificios habidos y por haber… Ya imagino que, medio en coña, me diréis que miento para mantener una apariencia “respetuosa” (ja ja ja), pero lo cierto es que personalmente nunca he visto Urotsukidōji. Nunca he tenido especial interés en esta obra ni tampoco se ha cruzado nunca en mi camino, pero obviamente sé de qué va y he visto imágenes aquí y allá, y soy consciente de la enorme importancia que tuvo en su momento a la hora de popularizar el manga y el anime en España, ya que no eran pocos los que, cuando les preguntaban qué obras japonesas conocían, respondían que Dragon Ball y Urotsukidōji.

Hace pocas semanas, el autor del manga original, Toshio Maeda, visitó Madrid en ocasión de la Japan Weekend y tuve la oportunidad de conocerlo, ya que da la casualidad que él también conoce al artista Chiyoji, al que conozco desde hace años. El hecho de tener un conocido común nos acercó y quedamos para charlar un rato y para que lo ayudara durante la Japan Weekend en calidad de intérprete. Así, procuré conseguir un ejemplar de su obra más famosa para poder conocerla de primera mano, y esta es la reseña que presento.

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Monstruos aprovechándose de chicas… Aunque no todo el manga de Urotsukidoji es así, por supuesto… Esta es la imagen que se nos ha quedado grabada en las retinas.

El manga se ambienta en un instituto y narra una historia en la que una serie de monstruos amenaza a la humanidad, ya que el llamado chōjin (superdios) está a punto de surgir después de 300 años. Los diferentes monstruos, de lascividad extrema, van atacando a diferentes chicas y mujeres de formas de lo más estrambóticas. Bueno, el argumento es el que es, y en realidad es bastante complicado de resumir: por qué aparecen los monstruos, quién y qué es el chōjin, etcétera, son cuestiones que se van desgranando poco a poco formando una historia que en realidad es bastante compleja. Pero lo que interesa, en realidad, es que todo es una excusa para sacar a monstruos que se lo monten con chicas humanas.

El tema de los tentáculos en sí apenas aparece en el manga original: Maeda simplemente transforma ciertas partes, como la lengua o una cola, en largas protuberancias que adoptan formas fálicas. Al parecer, según contó el propio autor, fue el director del anime quien tuvo la idea de los múltiples tentáculos como de pulpo que todos asociamos ahora con Urotsukidōji. En realidad, la idea de utilizar protuberancias como falos penetradores vino del deseo de esquivar de forma inteligente la censura japonesa contra la pornografía, que prohíbe la descripción gráfica de órganos sexuales, tanto femeninos como masculinos. Al dibujar protuberancias en forma de falo como sustitutivos de penes, es posible dibujarlas con todo lujo de detalles, sin necesidad de censurar nada. Esta fue, pues, la génesis del ahora ya establecido subgénero de “sexo con tentáculos”.

Lo mejor

  • El estilo de dibujo de Toshio Maeda me parece espectacular, sobre todo en comparación con el manga erótico y pornográfico de la actualidad, donde se deforman los personajes para convertirlos en auténticas caricaturas de mujeres de pechos y nalgas imposibles y ojos casi más grandes que la propia cara, recubiertas por cuajarones de sospechoso líquido blancuzco.
  • El hecho, muy “old school”, de querer hilvanar una historia compleja para presentar diferentes situaciones sexuales. De nuevo, en el manga erótico y pornográfico actual necesitan poca historia para “entrar a matar”, ya que cualquier excusa es buena.

Lo peor

  • La historia es tan complicadilla que yo, francamente, me he perdido un poco. Tanto monstruo, varios mundos, leyendas y más cosas hacen que el manga sea complicado de seguir. Tampoco importa tanto, porque en realidad el lector de este tipo de obras va a lo que va, y como las escenas de sexo están muy bien dibujadas, ¿qué más da lo demás?

Kami no Shizuku (Las gotas de dios)

  • Título: 神の雫 –Kami no Shizuku– (Las gotas de dios)
  • Autor: Tadashi Agi (guión) / Shu Okimoto (dibujo)
  • Editorial: Kōdansha
  • Revista: Morning
  • Años publicación: 2004-14
  • Clasificación: enología
  • Tomos: 44

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Por la multitud de variadísimas reseñas que he ido publicando en este blog a lo largo de los ya casi 7 años de su existencia, ya imagino que el mensaje de que el manga es un medio de expresión que está a la misma altura que las novelas o el cine ya ha calado. Y es que hay manga de todo y para absolutamente todos los públicos.

Como enésimo ejemplo, en esta ocasión presento Kami no Shizuku (Las gotas de dios), un cómic ambientado en el mundo de la enología y que, a lo largo de 10 años de publicación, ha acercado y popularizado enormemente el mundo del vino en Japón gracias al enorme éxito que ha cosechado, no solo en Japón, sino también en Corea (donde se dice que ha vendido más de 200.000 copias) e incluso en la propia Francia.

El argumento básico de este manga nos lo proporciona el encuentro de dos personajes, Miyabi Shinohara, una aprendiz de sumiller en un restaurante de cocina francesa de Tokio, y Shizuku Kanzaki, un empleado de una compañía de cervezas (el nombre del protagonista, por cierto, significa también “gota”, por lo que el título de este manga podría traducirse tanto por “Las gotas de dios” como “Shizuku de dios”). El encuentro entre ambos se realiza en el restaurante en el que ella trabaja: un cliente (el presidente de la empresa en la que trabaja Shizuku) solicita un caro vino francés que ella, diligentemente, le trae. Sin embargo, el vino no es de su agrado y este empieza a decir que no está dispuesto a pagar por un vino que él no encuentra suficientemente bueno. Entonces interviene Shizuku, que hacía de acompañante de su jefe, que rápidamente toma un decantador y decanta el vino de forma impecable, con un arte que deja boquiabiertos a todos los presentes. Una vez decantado, el vino adquiere un aroma y un cuerpo increíbles, acorde con la solera de la marca y el año de la cosecha. El problema radicaba que un vino como ese debe oxigenarse considerablemente antes de servirse para que todo su valor oculto salga a relucir, y al servirlo Miyabi directamente en la copa, este simplemente permanecía “cerrado”.

La historia avanza y descubrimos que Shizuku no tiene absolutamente ningún interés en el vino, ya que lo detesta porque es la gran pasión de su padre, Yutaka Kanzaki, un famosísimo crítico de vinos que desde pequeño le había obligado a entrenar el paladar mediante todo tipo de técnicas, a cuál más rocambolesca. Y, claro está, a decantarle el vino (de ahí su arte en este campo). Como reacción a esto, en vez de amor por el vino, lo que desarrolló Shizuku fue rechazo, hasta el punto de no querer saber nada de su padre…

Todo hasta que Yutaka muere… Entonces, en la lectura del testamento, se descubre que Yutaka había adoptado como hijo legal suyo a Issei Toomine, un joven crítico de vinos con un paladar extraordinario. La enorme herencia de Yutaka (tanto la mansión como la colección de vinos de incalculable valor), entonces, está en juego entre Shizuku y Toomine, que deben enfrentarse en una especie de competición de cata de vinos. El gran obstáculo, entonces, radica en que Shizuku no tiene ni idea de vino mientras que Toomine es un gran experto… Lo que nadie sabía, ni siquiera el propio Shizuku, es que los extraños métodos formativos de su padre, en especial los de entrenamiento del paladar y el olfato, le servirían para desarrollar un extraordinario sentido del gusto, a la altura de los mejores catadores. Y, con la ayuda de Miyabi, a quien Shizuku acude para solicitar asistencia, irá introduciéndose en el mundo de la enología.

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Shizuku y Miyabi a la caza del vino perfecto.

La historia se va desarrollando a partir de este punto como una excusa para ir presentando, capítulo a capítulo, varios vinos, sobre todo franceses. Se dice que los caldos presentados en cada capítulo se agotaban rápidamente de las estanterías de las tiendas de vino de Japón nada más publicarse, o incluso que su cotización aumentaba rápidamente nada más aparecer en este manga. Por cierto, esta historia está disponible en Francia, con bastante éxito me consta –y que los franceses abracen un producto cultural sobre un bien tan francés como su propio vino es realmente destacable–, y en Estados Unidos (con no tanto éxito, al parecer).

El manga no es solo entretenido como historia, con sus exageradas descripciones del “shock” sufrido por los personajes al probar los caldos (algo muy típico del manga gourmet, por otra parte), sino que además es todo un manual sobre enología. No solo las explicaciones abundan en las páginas del propio cómic, sino que como anexos encontramos densos textos con todo tipo de datos sobre los vinos que se presentan en cada tomo, así como información general sobre enología como cuadros con las mejores añadas, denominaciones de origen y demás. Un auténtico tesoro para los que estén interesados en la enología y quieran aprender sin tener que estar leyendo densos y sesudos textos sobre el tema.

  • Lo mejor
    Como siempre, aprender sobre un tema que te pueda interesar (no es especialmente mi caso con este manga, pero bueno, nunca está de más aprender) a través del manga siempre es más ameno y entra mucho mejor.
  • Las exageradas descripciones gráficas en el momento de probar los vinos son muy “manga”: los personajes se transportan a otros lugares o tiempos y cosas de estas (solo les falta echarse a volar exclamando “deliciosooooooooo” como en Mr. Ajikko).

Lo peor

  • Como siempre, que el mercado del cómic en Occidente en general y en España en particular sea tan reducido como para que obras de esta increíble calidad argumental e informativa tengan cabida de forma realista. No tenemos ni idea de lo que nos perdemos, y de la potentísima fuerza de comunicación que tiene el medio del cómic, algo que solo se explota de verdad en Japón…
  • Aunque es de justicia decir que no todo este manga se centra alrededor del vino estrictamente francés, si que el paso que estos tienen en la obra es abrumador y se tiende a mitificar el vino francés cuando hay otras regiones del mundo con como mínimo tan buen vino como el salido de las uvas cultivadas en Francia. Lo que sin duda contribuye a aumentar la fama (merecida o no) de los vinos franceses en Japón.
  • Finalmente, el aura “pedantilla” y de “refinamiento pijo” que tiene la obra puede desagradar a muchos lectores, que la perciben como elitista y estirada. Bueno, es cierto que a muchos japoneses les gusta este tipo de cosas, así que… es un poco una cuestión de idiosincracia nacional japonesa.

Orebushi (Mi melodía)

  • Título: 俺節 –Orebushi– (Mi melodía)
  • Autor: Seiki Tsuchida
  • Editorial: Shōgakukan
  • Revista: Big Comic Spirits
  • Años publicación: 1991-93
  • Clasificación: música, pobreza, juventud
  • Tomos: 9

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Seiki Tsuchida (1969-2002) es un autor que desconocía hasta que hace unos meses* me enteré de que en el Museo Internacional del Manga de Kioto han organizado una exposición de su obra con TODOS sus originales, un total de 18.000 páginas expuestas de manera muy original, como se puede ver en la foto adjunta. Me he quedado con las ganas de ver esa exposición, la verdad, pero como forma de compensarlo decidí sumergirme en su obra. Orebushi es una de sus obras más conocidas y, en parte porque me llamó la atención la portada más que otras, fue la primera que leí.

* Investigando sobre este autor para poder daros datos exactos, cabo de darme cuenta de que sí conocía una obra suya, y bastante bien. No había caído hasta este momento, pero Tsuchida también es autor de Henshū-ō (El rey de los editores), una obra meta-manga que versa sobre un editor de manga y sus problemas, un poco como Bakuman. pero desde el punto de vista del editor y de forma mucho más cruda. Lo tengo que releer y reseñar un día para el blog, desde luego.

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Exposición de Seiki Tsuchida

Bueno, Orebushi comienza de una forma bastante particular. Nos presenta al protagonista, un chico llamado Kōji Ashita, que por una cuestión amorosa decide irse a Tokio a intentar abrirse paso en el mundo de la música profesional. Concretamente dentro del mundillo del enka, canción tradicional japonesa de tipo folclórico que tiene muchos paralelismos con la copla española. Si por un lado van en traje de faralaes, por el otro van en kimono, y obviamente las diferencias son enormes, pero a mí no me parece nada descabellado decir que el enka es a la música japonesa lo que la copla es a la española.

En cualquier caso, Kōji es un chico nacido y criado en Tsugaru, al norte de Japón, y al principio el manga está escrito en dialecto casi incomprensible. Si no tienes ciertos conocimientos de dialecto de Tōhoku, la verdad es que es muy difícil seguirlo, y aun así, teniéndolos, cuesta lo suyo.

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Contrastes en el estilo de dibujo de Tsuchida.

Una vez en Tokio, Kōji no puede vencer a su gran timidez y es incapaz de cantar delante de los productores que podrían ficharlo, y acaba en “manos” de Haebaru, un guitarrista muy gallito venido de Okinawa (es decir, del sur más extremo casi tropical, mientras que Kōji es del norte-norte) al que todos apodan (qué original), “Okinawa”. Sin comerlo ni beberlo, Kōji acaba instalándose en el cutre-piso de Okinawa, situado en un callejón lleno de casi vagabundos llamado Miren-Yokochō (Callejón del arrepentimiento) y juntos intentarán abrirse paso en Tokio. Sin un céntimo pero armados de su juventud, ambos probarán suerte: Kōji con su voz prodigiosa (que es incapaz de soltar si no es estando solo o con alguien en quien confía mucho, o en ocasiones muy delicadas o tristes) y Okinawa con su guitarra y su atrevimiento que raya en el gamberrismo.

Paralelamente, el inocentón de Kôji aprenderá (a lo bruto) cómo es vivir en la despiadada metrópolis de Tokio: tendrá problemas con los mafiosos yakuza y hasta se enamorará perdidamente de una encantadora trabajadora sexual filipina, Teresa, a la cual intentará rescatar para llevársela con él… Con todos los problemas que eso acarrea ya que la chica está en manos de una organización criminal…

Lo mejor

  • El dibujo, sobre todo los primeros planos de las caras, me parece muy curioso.
  • Me gusta que se use tanto el dialecto de Tōhoku. Personalmente este tipo de detalles me llaman mucho la atención y los disfruto mucho.
    Se ve que muchas de las canciones que aparecen en el manga son canciones reales de enka, por lo que si te gusta este tipo de música y reconoces las canciones lo puedes disfrutar infinitamente más (no es mi caso).

Lo peor

  • Es difícil disfrutar realmente de este manga porque la temática no es que sea atractiva a priori, pero una vez te atrapa quedas sumido en su encanto.

Dokushin apart Dokudami-sō (Apartamentos para solteros Dokudani)

  • Título: 独身アパートどくだみ荘 –Dokushin apart Dokudami-sō– (Apartamentos para solteros Dokudani)
  • Autor: Takashi Fukutani
  • Editorial: Hōbunsha
  • Revista: Manga Times
  • Años publicación: 1979-93
  • Clasificación: humor, pobretones, apartamentos, slice of life, erótico
  • Tomos: 35

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Muchas veces leo mangas, lo confieso, porque la portada me ha llamado la atención por algo, y a veces me apetece salir de lo que está en boga en estos momentos, o incluso huir de la estética imperante en la actualidad para sumergirme en obras en apariencia más cutres. Y esto lo hago en parte para desconectar, y en parte para buscar cosas que en su tiempo no fueron tampoco especialmente famosas ni exitosas… porque uno no siempre puede estar “alimentándose” de obras maestras y me interesa, hasta cierto punto, saber cómo eran las “obras del montón” de las diferentes épocas.

Por estos motivos decidí leer Dokudami-sō, y la verdad es que –adelantando un poco la conclusión– me llevé una gratísima sorpresa. Mi intención era escribir una reseña favorable a esta obra y destacar que “curiosamente, hay obras que en su momento pasaron sin pena ni gloria pero que valen bastante la pena, como esta”. Y esto ha sido así hasta hace tan solo unos minutos, cuando buscando la información sobre este manga para rellenar la pequeña ficha técnica que siempre abre mis reseñas, he descubierto que en realidad este sí fue un manga muy conocido y relativamente exitoso.

No tenía ni idea porque no conocía ni el autor, ni el título, ni tan solo me sonaba la portada ni el personaje principal, pero según fuentes japonesas, este manga se publicó durante 14 años en la revista Manga Times y era uno de los más esperados por los lectores. También es verdad que la revista Manga Times, pese a ser una gran veterana de la escena seinen (se publica desde 1956!!! Y fue la primera revista de manga semanal), al estar pensada para lectores masculinos de más de 30-40 años, no llama demasiado la atención ni tiene series especialmente destacables (y, desde luego, nada conocidas fuera de Japón).

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Llevando y enguarrando unas bragas durante varios días, sin cambiárselas, para que adquieran ese “aroma” que le permitirá vendérselas a algún pardillo que se crea que realmente eran de una chica.

En todo caso, me alegra haber dado con Dokudami-sō: esta es la historia de Yoshio Hori, un auténtico desarrapado, vividor y casi vagabundo, que vive en los apartamentos Dokudami-sō de la forma más cutre posible (y al parecer está inspirado en el propio autor del manga…). Yoshio es vil, capaz de casi cualquier cosa para conseguir lo que quiere sin tener que esforzarse por ella: una especie de hippy de la vida pero de mala manera. Además, es un cerdo pervertido que no tiene ni idea de cómo seducir a una mujer: es grosero, guarro y… bueno, básicamente lo tiene todo. En la obra, además, aparecen mafiosos, prostitutas, travestis, drogadictos… Lo más granado de la sociedad japonesa de la época.

Sin embargo, las situaciones en las que se mete Yoshio terminan siendo bastante entretenidas de cara al lector, que pasa un buen rato leyéndolas a pesar de que en ocasiones es inevitable una mueca de asco delante de según qué actitudes (como masturbarse a lo guarro delante de una chica que ella cree que se le está insinuando –nada más lejos de la realidad–, o ponerse durante semanas unas bragas para intentar vendérselas a un comerciante de bragas usadas diciéndole que son de una chica guapa). Aunque el manga tiene grandes dosis de humor y es básicamente un manga para reírse y pasar el rato, algunos capítulos nos van a sorprender porque no terminan con el típico slapstick que podríamos esperar, sino que tienen un componente tragicómico que a veces nos va a provocar lástima por Yoshio, como cuando parece que hay una chica que se interesa por él pero luego pasa algo que hace que despierte de mala manera de su sueño (como cuando descubre que esa chica tan fantástica que conoce resulta ser un travesti)…

Lo mejor

  • Historias divertidas y con un toque guarro bastante acusado.
  • Los giros argumentales que da el autor: cuando te esperas un final de risa, va y consigue que sientas lástima por el personaje de Yoshio, que en realidad es lo peor de lo peor.

Lo peor

  • Hay situaciones que están bastante pasadas de rosca, sobre todo respecto al trato de la mujer como objeto. Recordemos que la obra empezó en 1979 y que los estándares sobre este tema eran muy diferentes a lo que estamos acostumbrados ahora, pero aun así resulta bastante chocante.

Entrevista a Frederik L. Schodt

Como ya sabrás si me sigues en Twitter, este año mis vacaciones me llevaron a la costa oeste de los Estados Unidos y, durante mi estancia en la preciosa ciudad de San Francisco, aproveché para conocer a Frederik L. Schodt. Si no sabes quién es Schodt, podemos decir, resumiendo mucho, que es “el” gran pionero del manga en Occidente. Fue uno de los primeros occidentales que se interesó por el manga japonés, en los años 70, y que trabajó para que el manga pudiera llegar a Occidente, sobre todo gracias a su libro Manga! Manga! The World of Japanese Comics. Este libro, escrito en 1983 y aún disponible en las librerías (en inglés), ha sido y sigue siendo uno de los textos de cabecera de los interesados en la historia y la dimensión del manga en Japón: incluso hoy en día, más de 30 años después de su publicación, sigue siendo fascinante y, para mí, resta insuperado. Aparte de este hecho, ya de por sí muy relevante, Schodt es uno de los pocos occidentales (y probablemente el único) que pudo conocer con relativa profundidad al “dios del manga” Osamu Tezuka, ya que no solo en aquellos años Tezuka era un desconocido en Occidente, sino que escasísimos occidentales podían directamente hablar con él en su idioma, el japonés, en una época en la que saber japonés para un occidental era casi una quimera.

En todo caso, puedes visitar su página http://www.jai2.com/y perderte en ella para saber más acerca de este gran personaje.

En principio no tenía previsto entrevistarle, solo aprovechar para conocerle como es debido (coincidimos una vez hace 3 o 4 años en Tokio, donde él dio una conferencia y le saludé brevemente, pero estaba muy ocupado y no pudimos prácticamente charlar), pero al comentar en Twitter que le iba a conocer, alguien me sugirió entrevistarle para el blog. Como no me pareció mala idea, así lo hice, y aquí tienes la transcripción de la charla.

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Para empezar, cuéntenos un poco sobre su vida y cómo llegó a Japón.

Bueno, yo crecí en el extranjero: en Noruega, Australia… Cuando tenía 15 años, mi padre, que trabajaba en la Embajada, vino un día diciendo que el próximo destino iba a ser París, en Francia. Sin embargo, unas semanas más tarde dijo que habían cambiado las órdenes, que ya no era Francia sino Japón. Y así es como llegué a Japón, desde Australia, a los 15 años. Pasé entre 2 años y medio y 3 allí, yendo a la escuela internacional en Tokio. Me gradué y a continuación fui a la universidad en California durante un par de años antes de volver a Japón, también a la universidad.

¿Cómo descubrió el manga y empezó a interesarse por él?

Corría el año 1970, y en la residencia universitaria en la que vivía en Tokio, todos mis compañeros –japoneses, claro– estaban leyendo manga. En aquella época, el manga se estaba convirtiendo en un gran fenómeno en Japón y los universitarios empezaban a leerlo. Era como una cultura alternativa, como lo sería el rock n’ roll en Estados Unidos y Europa, y fue entonces cuando yo empecé a leer cómics japoneses también.

Pasé 2 años en Japón, en la universidad, antes de volver a los Estados Unidos, donde me puse a trabajar, y también me hice hippy durante un tiempo… luego volví de nuevo a Japón sobre 1975, creo, y estudié interpretación y traducción en la misma universidad japonesa en la que había estado anteriormente. A continuación trabajé como intérprete en Tokio para una empresa antes de volver definitivamente a San Francisco en 1978.

Para mí, leer manga era como una ventana abierta a un mundo nuevo, y era una manera fantástica de aprender japonés y disfrutar de una cultura diferente. Un universo abierto, libre, sin restricciones… Siempre me habían gustado los cómics y el arte, y eso fue como una revelación, algo natural para mí.

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Durante mi tercera estancia en Japón, inicié un proyecto con unos amigos llamado “Dadakai”. Éramos dos japoneses y otro americano, aparte de yo mismo, y juntos empezamos a traducir manga. Teníamos grandes sueños; que nosotros supiéramos, nadie había traducido manga antes. No sabíamos cómo conseguir que aquello funcionara, y de hecho fue un fracaso porque ninguna de nuestras traducciones llegó a publicarse. Eso sí, tradujimos obras como Fénix, historias de Leiji Matsumoto, otras de Tezuka… Y, aparte, con un amigo tradujimos La rosa de Versalles de Riyoko Ikeda y el segundo libro de Hadashi no Gen (Hiroshima). El primer tomo había sido traducido por un grupo de voluntarios llamado Project Gen, del que me hice miembro también. En aquella época no sabíamos cómo podíamos publicar las obras en Occidente y en este sentido fuimos un fracaso.

Fue entonces cuando se me ocurrió que era necesario un libro sobre manga. En aquella época, los estadounidenses ni siquiera habían descubierto el sushi, y si hablabas de “manga”, pensaban que estabas usando el verbo italiano “mangiare”, o sea, “comer”. La gente no tenía interés en los cómics japoneses, ni siquiera sabían que existían… En blanco y negro, “al revés”… Así es como empecé.

¿Y cómo conoció a Osamu Tezuka y qué impresión le causó?

Cuando formamos el grupo Dadakai, nombramos a uno de sus miembros, llamado Shinichi Sakamoto, “mánager de negocios” –aunque nunca tuvimos ningún negocio, pero bueno– . Y de alguna manera, creo que a través de su hermano, encontramos la manera de contactar con Tezuka Productions. Básicamente dijimos que queríamos traducir Fénix, porque era una de las obras que queríamos presentar a Occidente ya que era una de nuestras favoritas. Empezamos, pues, desde lo más alto.

Lo más impresionante fue cuando, al ir a Tezuka Productions, conocimos al mismísimo Tezuka, al que le gustó la idea. Y nos ayudó mucho. En esa época, Tezuka ya era conocido en el extranjero, por Astroboy y otras de sus animaciones, pero quería que le conocieran mejor. La idea de que el manga pudiera llamar la atención fuera de Japón era muy nueva, por eso nos ayudó mucho. Sin embargo, la traducción que hicimos para él en esa época, sobre 1977, no pudimos publicarla. Así que los borradores de las traducciones de los cinco primeros volúmenes de Fénix estuvieron acumulando polvo en la caja fuerte de Tezuka Productions durante unos 25 años, creo, hasta que finalmente fueron utilizadas en la edición estadounidense de Viz Media.

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Tezuka en su visita a Disney, con Ward Kimball. Al fondo, un joven Schodt que hacía de intérprete.

¿Y utilizaron las mismas traducciones?

Sí, las de los cinco primeros tomos. Y mi amigo Jared Cook y yo, con el que estuve en Dadakai muchos años antes, tradujimos el resto de la obra. Así que las primeras cinco sagas de Fénix fueron traducidas entre 1977 y 1978, mientras que el resto, otros siete tomos, fueron traducidos casi 25 años más tarde.

Para contarte una curiosidad, cuando publiqué Manga! Manga!, mi primer libro sobre manga, al final del libro añadí partes de varias obras como muestra: Fénix, La rosa de Versalles, Hiroshima y una historia de Leiji Matsumoto. Tezuka se prestó a colaborar con Fénix, entendió perfectamente que las páginas tenían que ser volteadas, y encima existe un chiste en el volumen “El pájaro de fuego” donde aparece, como broma, uno de los personajes de Shigeru Mizuki, el “Hombre rata” (Nezumi otoko), algo que sin duda resulta hilarante para el lector japonés. Pero claro, yo le dije a Tezuka que nadie en Occidente iba a entenderlo, así que lo redibujó. En Manga! Manga!, solo en esa versión, aparece un personaje diferente que no figura en ninguna de las otras versiones.

A la izquierda, la página original de Fénix. A la derecha, la volteada y retocada por el propio Tezuka para el libro Manga! Manga! (c) Tezuka Productions

A la izquierda, la página original de Fénix. A la derecha, la volteada y retocada por el propio Tezuka para el libro Manga! Manga! (c) Tezuka Productions

Actualmente, en España se está publicando la “versión original” de Fénix. No la versión que Tezuka arregló posteriormente para su publicación en tomo, sino la que se publicó originalmente, entrega a entrega, en las diferentes revistas. Y es cierto que Tezuka redibujaba y retocaba mucho sus obras a lo largo del tiempo.

Sí, estaba todo el tiempo alterando sus obras, redibujando páginas o viñetas, y la gente se volvía loca con esto.

Usted trabajó con Tezuka como su intérprete en varias ocasiones, de hecho he visto su foto en los estudios Disney, sin ir más lejos. ¿Cómo fueron estas experiencias?

Sí, trabajé como intérprete suyo durante varios años, cada vez que venía a los Estados Unidos, desde 1979 hasta su muerte. Así que a veces viajaba con él por los Estados Unidos e incluso a Canadá. Y era una persona fascinante porque era extremadamente inteligente y con una cultura extensísima: era un auténtico intelectual con el que se podía hablar de cualquier cosa.

Siempre estaba trabajando, pero a la par disfrutaba mucho cuando salía de Japón, porque eso era como una liberación para él. Poner tierra de por medio con todos los editores… Y se lo pasaba muy bien, hasta el punto, claro, de retrasarse con las entregas. Pero era fascinante hablar con él durante horas y horas, por ejemplo en los aviones, viajando de una ciudad a otra. Hablaba de cualquier cosa, siempre tenía curiosidad por saber: sobre sucesos que ocurrían, qué pensaba la gente en Estados Unidos y en Occidente… Me fascinaba todo lo que me contaba.

Una vez estábamos en el aeropuerto, aquí en San Francisco, esperando que saliera nuestro avión para ir a Canadá. El avión tenía que llegar, nosotros embarcar y luego ir a Canadá. Estábamos esperando en la puerta de embarque, hablando. Me lo pasé tan bien charlando con él que no me di cuenta de que el avión llegó y se fue (risas). Pero a pesar de mi despiste fue muy amable… Yo era responsable del plan de viaje, y pude encontrar otro vuelo, pero fue muy vergonzoso para mí… Pero él fue muy amable, siempre lo fue conmigo. Era un genio.

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Tezuka en una de sus visitas a los Estados Unidos

He leído bastante sobre él y tengo la impresión, leyendo entre líneas, de que en ocasiones se mostraba bastante arrogante. ¿Era así en realidad?

No, yo no diría que era arrogante, en absoluto. Pero sí podía llegar a ser muy infantil y tener una rabieta como un niño pequeño. No le gustaba nada la competencia ajena. Era un hombre muy amable, y una de las cosas que más me gustaban de él es que podía hablar con todo tipo de personas: niños, intelectuales, camareros, carpinteros… Lo que fuera. Y siempre obtenía información de ellos; de hecho, siempre estaba buscando nuevas ideas para sus historias. Se empapaba de todo lo que le contaban y luego, en ocasiones, usaba esos datos en alguna de sus historias. Era fascinante. Yo lo considero un de las personas más interesantes que he conocido y, desde luego, tuvo una gran influencia en mí.

Aunque creo que acaba de contestar a la siguiente pregunta, voy a realizarla igualmente: entre todos los mangaka que seguramente ha conocido, ¿cuál fue el que le sorprendió más y por qué?

Sí, por supuesto, Osamu Tezuka fue el que más influencia causó en mí, en parte porque fue con el que estuve más tiempo. Pero también porque nunca había conocido a nadie que fuera tan culto, tan abierto a nuevas ideas… Un intelectual de los pies a la cabeza.

¿Es cierto que tenía una memoria tan prodigiosa que era capaz de recordar cada viñeta y dar instrucciones a sus ayudantes por teléfono de memoria?

Sí, desde luego, era cierto. Y a veces le veías observar cosas y luego las veías apareciendo en sus historias. Para mí, una de las cosas más interesantes es que siempre estaba trabajando y apenas dormía unas 4 horas por la noche. Hay gente, incluso hoy en día, que dice que quizás no fue él quien dibujó toda su obra, sino que fueron sus ayudantes –ya que tenía un sistema de producción; hasta llegó a tener unas 80 personas en un momento dado, que le ayudaban a dibujar los fondos y otras tareas– los que hicieron gran parte del trabajo.

Pero te voy a contar lo que pasó una vez en cuando fui con él a Florida, a Disney World: estábamos allí para un documental para la televisión japonesa. Querían grabar a Tezuka en Disney World, y todo el mundo estaba agotado, sin dormir. Por primera vez en la vida, vi a uno de los ayudantes de grabación, el que sostiene los focos y demás, dormirse de pie, sosteniendo un foco. ¡Nunca había visto algo así! Todos estábamos agotados para cuando volvimos al hotel, ya tarde por la noche. Tezuka dijo “buenas noches” y se fue a trabajar. Cuatro o cinco horas más tarde, salió de la habitación y, efectivamente, había estado creando páginas para Fénix. Lo tenía todo aboceteado a lápiz, ya había puesto los personajes principales, tenía los diálogos escritos… La historia que había creado había que mandarla a Japón para que los ayudantes pudieran pintar todas las partes en negro y añadir lo que él había indicado en cada parte: un arbusto aquí, un árbol allá, este tipo de cosas. Pero lo cierto es que ya había creado todo lo esencial: la historia, los diálogos e incluso había dejado entintados los personajes principales. Me pareció sencillamente increíble.

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En aquella época, no había mucha información sobre la historia del manga ni siquiera en Japón. ¿Cuáles fueron sus principales fuentes de información para escribir Manga! Manga!?

Invertí mucho tiempo yendo a bibliotecas en Japón, y también pasé bastante tiempo en la Universidad de Berkeley, donde, aunque parezca mentira, tenían bastante información sobre el tema. La mayoría, sin embargo, lo obtuve de bibliotecas japonesas. Aparte, tenía acceso a los archivos de Kōdansha, donde se guarda todo lo que la editorial ha publicado a lo largo de su historia. Como mi editorial era subsidiaria de Kōdansha, tuve facilidad para acceder a esos archivos y usar muchas obras originales, como Norakuro de Suihō Tagawa. De hecho, mucho del manga publicado antes de la guerra fue publicado por Kōdansha, así que tenían los originales guardados y yo tuve acceso a ellos.

También había una biblioteca de pago en Tokio, donde podías leer manga si pagabas cierta cantidad, la Colección Naiki, en la que me apoyé muchísimo. La Biblioteca Nacional también fue un buen recurso… Y también conseguí acceder a la Colección Suyama, administrada por su hijo…

¡Fue muchísimo trabajo! Pero era joven, estaba apasionado con el tema…

¿Cuánto tiempo tardó en escribir el libro?

Pues hasta que finalmente salió publicado, creo que cuatro o cinco años. Fue un trabajo bastante intensivo y arduo.

¿Pensó alguna vez que el libro llegaría a ser tan influyente y básico para presentar el manga a Occidente, como finalmente lo ha sido?

Bueno, la verdad es que me sorprende gratamente que, a día de hoy, 31 años después de su publicación, el libro siga reimprimiéndose y comercializándose. Nunca ha llegado a vender grandes cantidades de ejemplares, pero la gente a quien le gusta, le gusta mucho. Para mí es maravilloso porque muchos lectores, que en principio se lo han leído tras sacarlo de la biblioteca –de hecho, tengo la sensación de que muchos de los que se lo han leído, ha sido gracias a las bibliotecas y nunca se lo han comprado, pero no me parece mal, al contrario– me han expresado lo mucho que les gusta. Entre todos los libros que he escrito, este es el que mejores ventas ha tenido, de lejos.

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Yo, de hecho, la primera vez que lo leí fue gracias a una biblioteca…

Sí, la mayoría de la gente que lo lee está aún estudiando, en la universidad o incluso en el instituto.

Pero luego, años más tarde, me lo compré, e incluso he llegado a comprarlo dos veces, ya que presté mi primera copia a un conocido y nunca me la llegó a devolver…

Fantástico, entonces tú eres un comprador especial y te has ganado mi reconocimiento (risas).

Ahora sin bromas, nunca pensé que el manga llegaría a ser tan popular en Occidente como lo es ahora. Ni en sueños. Pensaba que ojalá llegara a serlo, pero en realidad veía tantos obstáculos que no pensé que pudiera ser. Y ahora, la gente en Europa y América quiere que el manga se publique sin voltear, mientras que en 1983 nadie habría querido leer nada que estuviera “al revés”.

¿Y cómo convenció a Tezuka para que escribiera el prefacio y a los otros autores para que le dejaran publicar algunas páginas de sus mangas para ponerlas como muestra en la parte final del libro?

Bueno, a Tezuka ya le conocía y estaba muy de acuerdo con el proyecto, por lo que me dijo que sí inmediatamente y escribió una introducción maravillosa. En cuanto a los otros autores, como iba a ser prácticamente la primera vez que sus obras se darían a conocer fuera de Japón, también dieron su consentimiento e hicieron posible ese epílogo con muestras de grandes mangas reales. Lo mismo para todas las ilustraciones que hay dentro del libro, cuyos derechos sería imposible conseguir hoy en día. En aquella época, que alguien del extranjero quisiera presentar el manga fuera de Japón era muy nuevo para ellos.

De hecho, sin embargo, en Tezuka Productions llegué a ver unas revistas publicadas en Suiza, Le Cri qui Tue. Para mí, eso fue una inspiración, porque vi que el manga japonés podría llegar a adaptarse a otros idiomas, publicarse y ser leído y disfrutado por lectores no japoneses. Nunca he llegado a conocer a Atoss Takemoto, el impulsor de esa publicación; lo que hizo fue impresionante, digno de mención. Pero también es cierto que lo que hizo estuvo demasiado adelantado a su tiempo.

Más tarde, en 1996, publicó Dreamland Japan como una especie de continuación o actualización a Manga! Manga!, pero ya nada más sobre el tema del cómic japonés desde ese momento.

También está The Astroboy Essays, en el que hablo sobre Astroboy como serie en particular y de Osamu Tezuka en general. El hecho es que no creo que sea necesario que yo escriba nada más sobre el tema; ya hay muchos libros publicados. Y encima hay tanto manga traducido hoy en día que la gente ya lo puede estudiar por su cuenta sepa o no japonés. Puede que haya hueco para libros sobre autores en concreto, o sobre entrevistas a artistas, pero ya no son necesarias obras sobre manga en general.

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Pero muchos pensamos que Manga! Manga! es, incluso 30 años después de su publicación, el mejor libro introductorio sobre manga pero, por supuesto, carece de información sobre estas tres últimas décadas. ¿Podemos esperar ver alguna vez una versión actualizada de Manga! Manga!?

No, yo no lo voy a hacer. Quizás tú, ¿quién sabe? (Risas).

Pero sí he hecho otras cosas, como bien sabes, como Dreamland Japan o el libro sobre Astroboy, así como una biografía de Tezuka. También un libro sobre acróbatas japoneses. Me gusta el intercambio cultural, es algo con lo que disfruto.

¿Podría contarnos algo sobre sus libros The Four Immigrants Manga y Professor Risley and the Imperial Japanese Troupe, ya que tengo la sensación de que no son tan conocidos como Manga! Manga! y Dreamland Japan?

Siempre me han llamado la atención personajes que, en su tiempo, fueron especiales pero que por alguna razón quedaron olvidados por la historia, especialmente relacionados con Japón. Uno de ellos es Henry Kiyama, que creó el Manga de los cuatro inmigrantes en 1931, bueno, de hecho en 1927. Era un inmigrante japonés que vino a San Francisco y acabó creando, casi por accidente, la primera novela gráfica de la historia –dependiendo de cómo definas “novela gráfica”, claro–. Fue una de las primeras obras de cómic (comic books) creadas en los Estados Unidos, y fue realizada por un artista japonés.

También he escrito sobre un joven nacido en Oregón, Ranald MacDonald, medio nativo americano y medio británico, escocés. Fue a Japón, en 1848-49, para enseñar inglés a los primeros intérpretes en Japón y estuvo en la cárcel allí también.

Mi libro más reciente habla sobre la compañía imperial japonesa, un grupo circense que vino a los Estados Unidos, y también estuvo en España (Madrid, Barcelona, Valencia…). La  compañía circense causó sensación y contribuyó a despertar el interés sobre Japón en Occidente, en un momento tan temprano como 1868.

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El diploma y condecoración concedidos por el Emperador de Japón a Schodt.

También ha traducido algunos mangas. ¿Disfruta de este tipo de trabajo? Me sorprende porque se podría pensar que ha traducido muchísimas obras, pero ha sido muy selectivo. ¿Por qué?

Normalmente traduzco obras que quiero traducir. Si no me parece que una historia vale la pena en este sentido, prefiero no involucrarme en ella. Al fin y al cabo, no se gana mucho dinero con esto, por lo que para mí es como un trabajo que hago por amor al medio. Una de las obras que he traducido en los últimos años es Pluto, de Naoki Urasawa, que se basó en una historia de Astroboy de Tezuka. Y me encanta, es una obra impresionante.

No traduzco mucho manga, la verdad, pero sí trabajé en una obra sobre la Madre Teresa de Calcuta. No sé, me lo pidieron en Shōgakukan y me pareció interesante (risas)… Y, aunque tampoco es manga, hace poco he terminado, junto con compañera llamada Beth Cary, de traducir el segundo volumen de las memorias de Hayao Miyazaki: Turning Point (Orikaeshi ten), un libro enorme de unas 450 páginas. Juntamente con el primer volumen, Starting point (Shuppatsu ten), estamos ante una obra de más de 800 páginas, enorme. He estado mucho tiempo trabajando en ella junto a Beth…

Para mí, el trabajo relacionado con el manga es básicamente hecho porque me gusta. Mi trabajo principal es el de intérprete especializado en tecnología, así que no tiene nada que ver con esto del manga.

Y, por último, ¿qué sintió cuando recibió unos premios tan importantes como el Premio Cultural Osamu Tezuka y la Orden del Sol Naciente de Rayos Dorados con Roseta?

Un honor increíble, enorme. No sé por qué me los dieron a mí, la verdad. Imagino que la conexión con el manga fue el motivo principal, pero bueno, el hecho es que me sentí muy honrado. Es maravilloso.

Muchísimas gracias por dedicarnos el tiempo de esta entrevista, hemos aprendido muchísimo.

Gracias a ti, ha sido un placer.

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Cómo no, aproveché para que me dedicara mi copia de Manga! Manga! y también para regalarle un ejemplar de la nueva edición de Japonés en viñetas.