El blog de Marc Bernabé

Orebushi (Mi melodía)

Wednesday, September 17th, 2014
  • Título: 俺節 –Orebushi– (Mi melodía)
  • Autor: Seiki Tsuchida
  • Editorial: Shōgakukan
  • Revista: Big Comic Spirits
  • Años publicación: 1991-93
  • Clasificación: música, pobreza, juventud
  • Tomos: 9

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Seiki Tsuchida (1969-2002) es un autor que desconocía hasta que hace unos meses* me enteré de que en el Museo Internacional del Manga de Kioto han organizado una exposición de su obra con TODOS sus originales, un total de 18.000 páginas expuestas de manera muy original, como se puede ver en la foto adjunta. Me he quedado con las ganas de ver esa exposición, la verdad, pero como forma de compensarlo decidí sumergirme en su obra. Orebushi es una de sus obras más conocidas y, en parte porque me llamó la atención la portada más que otras, fue la primera que leí.

* Investigando sobre este autor para poder daros datos exactos, cabo de darme cuenta de que sí conocía una obra suya, y bastante bien. No había caído hasta este momento, pero Tsuchida también es autor de Henshū-ō (El rey de los editores), una obra meta-manga que versa sobre un editor de manga y sus problemas, un poco como Bakuman. pero desde el punto de vista del editor y de forma mucho más cruda. Lo tengo que releer y reseñar un día para el blog, desde luego.

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Exposición de Seiki Tsuchida

Bueno, Orebushi comienza de una forma bastante particular. Nos presenta al protagonista, un chico llamado Kōji Ashita, que por una cuestión amorosa decide irse a Tokio a intentar abrirse paso en el mundo de la música profesional. Concretamente dentro del mundillo del enka, canción tradicional japonesa de tipo folclórico que tiene muchos paralelismos con la copla española. Si por un lado van en traje de faralaes, por el otro van en kimono, y obviamente las diferencias son enormes, pero a mí no me parece nada descabellado decir que el enka es a la música japonesa lo que la copla es a la española.

En cualquier caso, Kōji es un chico nacido y criado en Tsugaru, al norte de Japón, y al principio el manga está escrito en dialecto casi incomprensible. Si no tienes ciertos conocimientos de dialecto de Tōhoku, la verdad es que es muy difícil seguirlo, y aun así, teniéndolos, cuesta lo suyo.

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Contrastes en el estilo de dibujo de Tsuchida.

Una vez en Tokio, Kōji no puede vencer a su gran timidez y es incapaz de cantar delante de los productores que podrían ficharlo, y acaba en “manos” de Haebaru, un guitarrista muy gallito venido de Okinawa (es decir, del sur más extremo casi tropical, mientras que Kōji es del norte-norte) al que todos apodan (qué original), “Okinawa”. Sin comerlo ni beberlo, Kōji acaba instalándose en el cutre-piso de Okinawa, situado en un callejón lleno de casi vagabundos llamado Miren-Yokochō (Callejón del arrepentimiento) y juntos intentarán abrirse paso en Tokio. Sin un céntimo pero armados de su juventud, ambos probarán suerte: Kōji con su voz prodigiosa (que es incapaz de soltar si no es estando solo o con alguien en quien confía mucho, o en ocasiones muy delicadas o tristes) y Okinawa con su guitarra y su atrevimiento que raya en el gamberrismo.

Paralelamente, el inocentón de Kôji aprenderá (a lo bruto) cómo es vivir en la despiadada metrópolis de Tokio: tendrá problemas con los mafiosos yakuza y hasta se enamorará perdidamente de una encantadora trabajadora sexual filipina, Teresa, a la cual intentará rescatar para llevársela con él… Con todos los problemas que eso acarrea ya que la chica está en manos de una organización criminal…

Lo mejor

  • El dibujo, sobre todo los primeros planos de las caras, me parece muy curioso.
  • Me gusta que se use tanto el dialecto de Tōhoku. Personalmente este tipo de detalles me llaman mucho la atención y los disfruto mucho.
    Se ve que muchas de las canciones que aparecen en el manga son canciones reales de enka, por lo que si te gusta este tipo de música y reconoces las canciones lo puedes disfrutar infinitamente más (no es mi caso).

Lo peor

  • Es difícil disfrutar realmente de este manga porque la temática no es que sea atractiva a priori, pero una vez te atrapa quedas sumido en su encanto.

Dokushin apart Dokudami-sō (Apartamentos para solteros Dokudani)

Tuesday, September 9th, 2014
  • Título: 独身アパートどくだみ荘 –Dokushin apart Dokudami-sō– (Apartamentos para solteros Dokudani)
  • Autor: Takashi Fukutani
  • Editorial: Hōbunsha
  • Revista: Manga Times
  • Años publicación: 1979-93
  • Clasificación: humor, pobretones, apartamentos, slice of life, erótico
  • Tomos: 35

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Muchas veces leo mangas, lo confieso, porque la portada me ha llamado la atención por algo, y a veces me apetece salir de lo que está en boga en estos momentos, o incluso huir de la estética imperante en la actualidad para sumergirme en obras en apariencia más cutres. Y esto lo hago en parte para desconectar, y en parte para buscar cosas que en su tiempo no fueron tampoco especialmente famosas ni exitosas… porque uno no siempre puede estar “alimentándose” de obras maestras y me interesa, hasta cierto punto, saber cómo eran las “obras del montón” de las diferentes épocas.

Por estos motivos decidí leer Dokudami-sō, y la verdad es que –adelantando un poco la conclusión– me llevé una gratísima sorpresa. Mi intención era escribir una reseña favorable a esta obra y destacar que “curiosamente, hay obras que en su momento pasaron sin pena ni gloria pero que valen bastante la pena, como esta”. Y esto ha sido así hasta hace tan solo unos minutos, cuando buscando la información sobre este manga para rellenar la pequeña ficha técnica que siempre abre mis reseñas, he descubierto que en realidad este sí fue un manga muy conocido y relativamente exitoso.

No tenía ni idea porque no conocía ni el autor, ni el título, ni tan solo me sonaba la portada ni el personaje principal, pero según fuentes japonesas, este manga se publicó durante 14 años en la revista Manga Times y era uno de los más esperados por los lectores. También es verdad que la revista Manga Times, pese a ser una gran veterana de la escena seinen (se publica desde 1956!!! Y fue la primera revista de manga semanal), al estar pensada para lectores masculinos de más de 30-40 años, no llama demasiado la atención ni tiene series especialmente destacables (y, desde luego, nada conocidas fuera de Japón).

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Llevando y enguarrando unas bragas durante varios días, sin cambiárselas, para que adquieran ese “aroma” que le permitirá vendérselas a algún pardillo que se crea que realmente eran de una chica.

En todo caso, me alegra haber dado con Dokudami-sō: esta es la historia de Yoshio Hori, un auténtico desarrapado, vividor y casi vagabundo, que vive en los apartamentos Dokudami-sō de la forma más cutre posible (y al parecer está inspirado en el propio autor del manga…). Yoshio es vil, capaz de casi cualquier cosa para conseguir lo que quiere sin tener que esforzarse por ella: una especie de hippy de la vida pero de mala manera. Además, es un cerdo pervertido que no tiene ni idea de cómo seducir a una mujer: es grosero, guarro y… bueno, básicamente lo tiene todo. En la obra, además, aparecen mafiosos, prostitutas, travestis, drogadictos… Lo más granado de la sociedad japonesa de la época.

Sin embargo, las situaciones en las que se mete Yoshio terminan siendo bastante entretenidas de cara al lector, que pasa un buen rato leyéndolas a pesar de que en ocasiones es inevitable una mueca de asco delante de según qué actitudes (como masturbarse a lo guarro delante de una chica que ella cree que se le está insinuando –nada más lejos de la realidad–, o ponerse durante semanas unas bragas para intentar vendérselas a un comerciante de bragas usadas diciéndole que son de una chica guapa). Aunque el manga tiene grandes dosis de humor y es básicamente un manga para reírse y pasar el rato, algunos capítulos nos van a sorprender porque no terminan con el típico slapstick que podríamos esperar, sino que tienen un componente tragicómico que a veces nos va a provocar lástima por Yoshio, como cuando parece que hay una chica que se interesa por él pero luego pasa algo que hace que despierte de mala manera de su sueño (como cuando descubre que esa chica tan fantástica que conoce resulta ser un travesti)…

Lo mejor

  • Historias divertidas y con un toque guarro bastante acusado.
  • Los giros argumentales que da el autor: cuando te esperas un final de risa, va y consigue que sientas lástima por el personaje de Yoshio, que en realidad es lo peor de lo peor.

Lo peor

  • Hay situaciones que están bastante pasadas de rosca, sobre todo respecto al trato de la mujer como objeto. Recordemos que la obra empezó en 1979 y que los estándares sobre este tema eran muy diferentes a lo que estamos acostumbrados ahora, pero aun así resulta bastante chocante.

Kiseijū (Bestia parasitaria)

Tuesday, August 19th, 2014
  • Título: 寄生獣 –Kiseijū– (Bestia parasitaria)
  • Autor: Hitoshi Iwaaki
  • Editorial: Kōdansha
  • Revista: Afternoon
  • Años publicación: 1988-95
  • Clasificación: sobrenatural, aventuras, horror
  • Tomos: 8 (edición kanzenban)

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El manga Kiseijū es uno de los favoritos de los japoneses de mi generación y hace tiempo me leí el primer tomo, creado por Hitoshi Iwaaki, que más tarde presentaría Historie, que reseñé hace ya seis años en este mismo blog. La obra me gustó, pero al no tener acceso en ese momento al resto de ella tuve que dejarla ahí. Hace poco me entraron muchas ganas de leerla de nuevo y, esta vez sí, de hacerlo de forma completa. En un primer momento no supe muy bien por qué tuve tantas ganas repentinas de leerla como es debido, pero al poco caí en que seguramente es una cuestión de mi subconsciente: como en los últimos días había leído que han anunciado un anime que se empezará a emitir en octubre de este año, y también una película de imagen real que se estrenará a finales de noviembre, seguramente el dato se había quedado en mi mente hasta finalmente lanzarme señales de “léela de una vez”.

Escribo esta reseña cuando apenas he leído dos tomos y medio de los 8 de los que consta la edición kanzenban de la obra, pero creo que si fuera a escribirla habiendo leído un poco más apenas variaría mucho, así que allá va.

La premisa de la historia es que un día, sin que sepamos muy bien por qué ni cómo, una especie de esporas del tamaño de una pelota de tenis caen en muchos rincones de la Tierra. Al cabo de pocas viñetas, vemos cómo las esporas se abren y de su interior aparecen unos bichos que parecen gusanos de pico afilado, que se introducen en las cabezas de las víctimas humanas para parasitarlas. Estos parásitos se hacen con el control del cuerpo de sus huéspedes sustituyendo su cabeza, que se convierte a su vez en una especie de arma, ya que es capaz de desmontarse y cambiar de forma (por ejemplo, adoptando formas afiladas, como de espada o punzón –Ojo, este manga es anterior a Terminator 2–).

Sin embargo, el caso de Shin’ichi, nuestro protagonista, es especial: por pura casualidad, se da cuenta de que el parásito intenta penetrar en su cabeza a través de su oído o su nariz y reacciona intentando detener la trayectoria del bicho con la mano… Con la consecuencia de que el parásito termina alojándose en su brazo y fijándose y asimilándose con él de forma irreversible.

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Shin’ichi y su “inseparable” Miggy, en una escena cotidiana.

Pronto descubrimos que estos parásitos tienen voluntad propia y una capacidad enorme de aprendizaje. El brazo de Shin’ichi, que al estar bajo el control del parásito puede adoptar todo tipo de formas y “generar ojos” o “bocas”, por ejemplo, actúa por su cuenta, estudiando libros y haciendo todo tipo de cosas con o sin permiso de Shin’ichi. El pobre protagonista, resignado, acaba rindiéndose a la evidencia y aceptando la presencia de ese ser que se aloja en su brazo, al que llama “Miggy” (migi significa “derecha” en japonés, y es que el bicho ha poseído su brazo derecho). Así, en vez de una relación de parásito-huésped, la relación en el caso de Shin’ichi y Miggy pasa a ser de simbiosis, ya que Miggy no podría vivir sin Shin’ichi y Shin’ichi no puede deshacerse de Miggy.

Sin embargo, por otro lado el resto de los parásitos que sí han conseguido su objetivo de controlar a las personas actúan asesinando horriblemente a otras personas… Y como los bichos estos se detectan entre sí a distancia, Shin’ichi correrá peligro más de una vez al llamar la atención de estos sanguinarios seres, lo que dará pie a emocionantes luchas y situaciones extremas de todo tipo.

Lo mejor

  • La premisa es original y está muy bien llevada.
  • El cariño que se le coge a Miggy.
  • El horror subyacente en el manga está muy bien llevado, y al combinarse con escenas más del día a día, incluso hasta de humor, nos proporciona un manga la mar de entretenido.
  • Las situaciones de enfrentamiento, así como el espectáculo que supone ver a los parasitados “desmontando” sus cabezas para disponerse a atacar, están muy bien llevadas.

Lo peor

  • El dibujo no es precisamente el fuerte de Hitoshi Iwaaki, pero esto nunca ha sido un impedimento en el mundo del manga japonés, donde se valora más un guión bien llevado e interesante que el dibujo que lo acompaña. No hay más que ver, sin ir más lejos, el reciente caso del increíble fenómeno de Ataque a los titanes.

Yūtai Nova (Cuerpo astral Nova)

Wednesday, August 13th, 2014
  • Título: ユウタイノヴァ –Yūtai Nova– (Cuerpo astral Nova)
  • Autor: Shūzō Oshimi
  • Editorial: Kōdansha
  • Revista: Young Magazine
  • Años publicación: 2007-08
  • Clasificación: esotérico, aventuras
  • Tomos: 2

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El autor Shōzō Oshimi ha conseguido despertar mi curiosidad gracias a sus obras Cibercafé a la deriva y Las flores del mal, donde no siempre ocurre lo que uno espera –según los clichés del manga en general–. De hecho, Oshimi es un especialista en romper clichés y desviar sus historias hacia terrenos que otros autores no suelen tocar. La violencia y las situaciones de alto voltaje sexual (en ocasiones también violentas) de Cibercafé a la deriva o los sorprendentes giros argumentales de Las flores del mal son grandes ejemplos de ello.

Conducido por la curiosidad, quise adentrarme más en el mundo de este autor: entonces fue cuando me hice con los dos tomos de Yūtai Nova. Esta historia es de nuevo sorprendente, en el más puro estilo de Oshimi, en el sentido de que ocurren cosas totalmente lógicas y naturales pero que en otros mangas no saldrían. Me explico: el protagonista de esta obra, Haru Kashiwaki, es un joven que en su momento tuvo una novia con la que no pudo consumar el acto sexual porque ella se quejaba muchísimo del dolor. Frustrado al enésimo intento, Haru, enfadado, le espetó que “a ver si aguantas un poco, joder, que se supone que esto te va a dar placer al cabo de un rato”, lo que ofendió muchísimo a la chica que decidió dejarle y no verle nunca más.

En un momento dado, Haru vuelve a ver por la calle a esa chica y los recuerdos de ella se reavivan. Desea con tanta intensidad retomar la relación que aquella noche, sin querer, su cuerpo astral se despega de su cuerpo físico. Tras un inicio en el que no sabe muy bien qué ha ocurrido ni cómo, Haru empieza a dominar su cuerpo astral y a volar adonde le da la gana. Y aquí es donde entra el “realismo” de Oshimi: ¿qué haría un joven de unos 20 años que de repente descubre que es capaz de despegar su cuerpo astral e ir adonde le da la gana sin que nadie le vea ni critique? Pues ir a casa de su ex para espiarla mientras se desnuda, se ducha, etcétera, y mirar y fisgar todos y cada uno de los rincones de su cuerpo desde –literalmente– todos los ángulos posibles.

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¿Puedo mirar lo que me dé la gana sin que nadie se dé cuenta? Pues a fisgar a mi ex en la ducha desde todos los ángulos posibles.

En otros mangas, el protagonista se decantaría por “proteger” de alguna manera a la chica, manteniendo su integridad moral, y el argumento derivaría hacia derroteros muy distintos, pero Oshimi “humaniza” a sus personajes, que hacen lo que cualquier chico de esa edad haría en esa situación: fisgar y ponerse morado (a pesar de que no puede tocar, solo mirar). Esto es lo que me gusta de los mangas de Oshimi.

El manga va evolucionando muy bien en su primer tomo, aunque en el segundo ya no avanza tan bien y de hecho se encamina rápidamente hacia un final poco elaborado y muy precipitado. Probablemente el manga no tuvo suficiente éxito y hubo que cortarlo antes de hora, de ahí ese final que deja un sabor de boca no demasiado agradable después de una puesta en situación bastante interesante en el primer tomo. Aun así, es una lectura entretenida que gustará a los fans de Shūzō Oshimi.

Lo mejor

  • La facilidad que tiene Oshimi de “humanizar” a sus personajes, algo que no es común en las obras de otros autores.

Lo peor

  • Lógicamente, un cuerpo astral al que nadie puede ver ni notar puede llegar a hacer cosas bastante reprobables moralmente, así que algunas escenas no serán del agrado de según qué lectores.
  • Un desarrollo y final precipitados.

Kakarichō Shima Kōsaku (Vicejefe de sección Kōsaku Shima)

Monday, July 28th, 2014
  • Título: 係長島耕作 –Kakarichō Shima Kōsaku– (Líder de grupo Kōsaku Shima)
  • Autor: Kenshi Hirokane
  • Editorial: Kōdansha
  • Revista: Evening
  • Años publicación: 2010-13
  • Clasificación: empresarial
  • Tomos: 4

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Poco me queda ya que comentar del salaryman Kōsaku Shima y sus aventuras empresariales después de haber reseñado 8 de sus sagas, que suman un total de 70 tomos a día de hoy (más los 4 de esta saga Kakarichō, 74). La saga Kakarichō es la continuación lógica de la saga Young/Shunin-hen, que a su vez era una precuela.

Recordemos que el personaje de Kōsaku Shima apareció por primera vez en 1983, en la serie titulada Kachō Shima Kōsaku (Jefe de sección Kōsaku Shima), una serie que tuvo tanto éxito que, al hacer méritos suficientes el personaje como para que ya no tuviera sentido que siguiera con el puesto de kachō y fuera ascendido a buchō (jefe de departamento), en vez de cerrar la serie para siempre se decidiera continuar con ella, solo que cambiándole el título para reflejar la nueva realidad. Y esta tendencia se fue perpetuando en el tiempo hasta que Shima llegó a ser el mismísimo presidente de la empresa, cargo que dejó recientemente para ser nombrado presidente honorífico (kaichō), puesto que ostenta en el momento de escribir esta reseña, a fecha de julio de 2014.

Paralelamente, el éxito de la serie propició que su autor empezara, en 2001, a escribir una precuela que nos contaría las andanzas del personaje desde que entró a la empresa hasta –presumiblemente– el momento en el que fuera nombrado kachō, con lo que se cerraría el círculo y podríamos, por primera vez, conocer toda la carrera de un personaje de manga en una empresa japonesa, desde su fichaje por la misma hasta –seguramente, si todo va bien y la salud del autor aguanta– la jubilación definitiva. Shima tiene la misma edad que su creador Kenshi Hirokane, por lo que el 9 de septiembre cumplirá 67 años, edad más que adecuada para jubilarse, aunque en altos cargos es habitual mantenerse en activo hasta bien entrada la setentena.

En todo caso, la saga Kakarichō es la pieza que le faltaba al puzle, que quedó completado hace poco menos de un año (en octubre de 2013) cuando Shima fue nombrado finalmente kachō. En los cuatro tomos de esta serie, de lectura muy amena y rápida, mucho menos farragosa y más entretenida que en las sagas más recientes (shachō y kaichō, que son valiosísimas fuentes de información sobre ámbito empresarial y económico, pero menos entretenidas desde el punto de vista de lectura pura y dura de manga), podemos disfrutar de un montón de situaciones en las que Shima se ve envuelto en el contexto de su empresa y la vida privada.

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Shima teniendo que soportar a jefes inútiles… Gran contraste con el momento actual, en el que es la cara visible de su empresa.

A mí un contraste que me hace gracia es que en los primeros tomos de Kachō, Shima era un personaje mucho más desinhibido y tarambana, que tenía constantes aventuras amorosas (evidentemente, poniéndole los cuernos a su mujer), fumaba, se emborrachaba y en general era más “humano”. Desde más o menos la mitad de Kachō, y acentuándose mucho más a partir de Buchō, el personaje deja de tener líos amorosos más que muy esporádicamente (y cuando los tiene es porque no tiene un compromiso con ninguna otra mujer, al estar divorciado) y se convierte en un adalid de la moralidad y el autocontrol, siempre fiel a su esporádica amante Kumiko –con la que finalmente se casa hacia el final de la saga Shachō–. Incluso en ocasiones en las que prácticamente cualquier hombre se dejaría tentar, e incluso estando divorciado y sin compromiso, Shima declina oportunidades de acostarse con auténticas bellezas que hacen mucho más que insinuársele. Y esto es algo que ocurre también en las sagas Young y Kakarichō, por lo que contrasta mucho con la siguiente pieza del puzle, Kachō, que temporalmente fue la primera en aparecer en 1983. Imagino que el personaje sería criticado en su momento por “dar mal ejemplo” o algo y Kenshi Hirokane quiso lavar su imagen y presentarlo como un hombre estoico que sabe poner el raciocinio por encima de los impulsos biológicos, de ahí este cambio.

Una vez terminada la saga Kakarichō, por cierto, su autor ha empezado con una “precuela de la precuela”, llamada Gakusei Shima Kōsaku (Estudiante Kōsaku Shima), de la que todavía no ha salido ningún tomo recopilatorio, y que reseñaré tan pronto aparezca y pueda conseguirlo para, definitivamente, cerrar toda esta serie de reseñas (el primer capítulo se puede leer gratuitamente aquí).

Eso sí, en Kakarichō se incluyen tres capítulos llamados Shōnen Shima Kōsaku (Chico Kōsaku Shima) que narran unos pequeños episodios de la vida del personaje cuando tiene 15 años, en su pueblo natal de Iwakuni (prefectura de Yamaguchi). Por si tenéis curiosidad, estos episodios están también disponibles online, aquí: Capítulo 1  / Capítulo 2 / Capitulo 3.

¿Cómo seguirá esta macrosaga? ¿Podremos leer sobre el nacimiento e infancia del personaje en algún momento? O incluso… ¿Su fallecimiento y funeral? Porque, si Kenshi Hirokane lo hace, tendremos en forma de manga la vida entera de un personaje, gran parte de ella en tiempo real, un hito único en la historia del cómic. Seguiremos atentos.

Lo mejor

  • Muy entretenido.
  • Se cierra el círculo y por fin podemos leer toda la vida empresarial del personaje Kōsaku Shima.

Lo peor

  • Nada que no haya comentado en anteriores reseñas.