El blog de Marc Bernabé

Shōta no sushi (El sushi de Shōta)

Tuesday, February 14th, 2017
  • Título: 将太の寿司 –Shōta no sushi– (El sushi de Shōta)
  • Autor: Daisuke Terasawa
  • Editorial: Kōdansha
  • Revista: Shōnen Magazine
  • Años publicación: 1992-97
  • Clasificación: culinario, shōnen
  • Tomos: 27

A Daisuke Terasawa lo conocemos básicamente por ser el autor de Mr. Ajikko, una obra que, al menos en tierras catalanas, nos es bastante familiar gracias a su versión animada, emitida en los años 90 en TV3, con el título El gran Suixi (sic.), aunque todos lo llamábamos El rei del sushi. Esa era la historia de un chaval que se dedicaba a participar en concursos culinarios, no necesariamente de sushi (de hecho, cocinaba de todo menos sushi, casi se podría decir) y con una exageración pasmosa en cuanto a reacciones de los comensales al probar la comida. El manga de Mr. Ajikko en el que se basa ese mítico anime lo reseñé en este mismo blog hace unos años.

Tengo el tomo 1 de Shōta no sushi en mi “mangateca” particular desde hace muchos años, no sé si incluso desde antes de comisariar la exposición “Manga paladear” para el Salón del Manga de Barcelona de 2012. Obviamente, en ese momento sí era consciente de que era un manga del mismo autor que Mr. Ajikko, pero cuando lo tomé el otro día, para por fin leerlo –no sé exactamente qué impulso me llevó a hacerlo– ya ni me fijé en el nombre del autor y hasta este mismo momento, en el que me he puesto a buscar los datos de años de publicación y todo lo demás para la ficha que abre la reseña, he caído en la cuenta: “¡Pero si es del mismo autor que Mr. Ajikko!”

Hasta este punto resulta diferente una obra de la otra. Ciertamente, el estilo de dibujo es el mismo, pero es que el de Terasawa es un estilo bastante común entre los mangakas de finales de los 80 y principios de los 90, así que no me sorprende no haber caído en la cuenta. Lo que cambia bastante es el enfoque de la obra, al menos en este primer tomo. Luego, según voy leyendo por ahí, la cosa cambia y el manga pasa a presentar “competiciones” y “retos” entre cocineros, al igual que con Mr. Ajikko, pero en este primer tomo la historia que nos presenta es muy costumbrista y para nada exagerada.

La historia está protagonizada por Shōta, un joven que trabaja en un restaurante de sushi como aprendiz. Ya lleva año y medio allí y, como no puede ser de otra manera dentro de la estricta jerarquía nipona, se dedica a tareas menores como servir té a los clientes, limpiar el local y, tal vez, preparar algún pescado (quitarle las espinas, marinarlo, o lo que sea) para que se pueda servir más tarde en forma de sushi.

Primer enfrentamiento: contra un chaval engreído que se cree el mejor sushiman del universo.

Pero Shōta es ese chaval típico tan voluntarioso que aparece en los mangas. Se ilusiona con su trabajo, lo considera un orgullo y le da igual ser el último mono en el restaurante porque a su lado tiene al gran y prestigioso “sushiman” que es el dueño y a sus senpais que trabajan en la barra haciendo el sushi, y él está aprendiendo de ellos. Pero claro, como es el típico protagonista de shōnen, siempre tan ilusionado y voluntarioso, practica como loco en su casa, durante horas, cocinando el arroz y dándole forma para que los nigiri le salgan lo mejor posible.

Si bien este no es estrictamente un manga de historias autoconclusivas, porque la trama subyacente va avanzando y Shōta digamos que cada vez cuenta con mayor confianza del dueño del restaurante y sus senpai, sí que al menos en el primer tomo tenemos un total de tres arcos argumentales que pueden considerarse autoconclusivos. En el primero, una antigua compañera de clase de Shōta, muy joven, tiene que casarse por una cuestión de relaciones familiares, y quiere que Shōta le prepare una ración de sushi: será la primera vez que el dueño del restaurante le permita ponerse detrás de la barra y hacer nigiri y maki para que los deguste un cliente. En el segundo arco, aparece un chico muy prepotente que resulta que sabe hacer excelentes nigiri con un solo gesto de la mano (cuando lo normal es hacerlo en 5 o 6 movimientos, en 4 o 3 los más experimentados). Tiene una historia bastante negra detrás relacionada con su padre y ahora se dedica a retar a restaurantes de sushi para ganar dinero, en plan “si consigo hacer un mejor sushi que tú me pagarás X dinero”. Pese a su obvia inexperiencia, Shōta acaba teniendo que enfrentarse a él por orden del dueño de su restaurante. Finalmente, el tercer capítulo del tomo nos habla sobre la relación del wasabi con el sushi, cuando aparece una chica que es responsable de un campo de cultivo de wasabi: esta hace abrir los ojos del protagonista sobre la gran importancia que tiene esta raíz en el sushi y cómo se tiene que tratar.

A mí me ha parecido un manga la mar de entretenido y, como suele pasar con los mangas temáticos, aprendes muchísimas cosas: en este caso sobre el funcionamiento de un restaurante de sushi y los procesos de preparación de este manjar. Por lo que veo, el manga evoluciona más tarde hacia las típicas batallas y enfrentamientos entre cocineros (de hecho, el reto entre el chaval prepotente y Shōta ya entra dentro del estilo tan típico de Terasawa), pero no me cabe duda de que sigue siendo un manga entretenidísimo, muy costumbrista (al menos al principio), y con el que vas aprendiendo un montón de cosas. Me encantan este tipo de mangas.

A propósito, este título tuvo que tener un éxito bastante considerable, porque no solo el manga original abarcó un total de 27 tomos (mientras que Mr. Ajikko duró 19), sino que encima ha tenido dos secuelas (aunque es cierto que, a diferencia de Mr. Ajikko, Shōta no sushi no ha sido nunca adaptado a anime). La primera se subtitula “Saga del Torneo Nacional” (ya estamos con los torneítos…), se publicó entre 1997 y 2000 y alcanzó los 17 tomos. La segunda, en cambio, no tuvo aparentemente tanto éxito: se publicó entre 2013 y 2015, bajo el título Shōta no sushi 2 – World Stage y duró solamente 4 volúmenes.

Lo mejor

  • De esos mangas que a mí tanto me gustan con los que pasas un buen rato leyendo y encima aprendes.
  • Tiene buen desarrollo y no se hace aburrido.

Lo peor

  • No le veo nada de malo, al menos hasta donde he leído (el tomo 1), aunque tal vez luego la cosa se vuelva más previsible y aburrida.

Chiisakobee

Monday, November 2nd, 2015
  • Título: ちいさこべえ –Chiisakobee–
  • Autor: Shūgorō Yamamoto (historia original) / Minetarō Mochizuki (manga)
  • Editorial: Shōgakukan
  • Revista: Big Comic Special
  • Años publicación: 2012-15
  • Clasificación: slice of life
  • Tomos: 4

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Desde que lo descubrí con Dragon Head, a finales de los 90 (y poco después, en 2001, fue uno de los primeros encargos de traducción de manga que tuve), Minetarō Mochizuki es un autor que me gusta y al que sigo la pista siempre que puedo. Tiene un estilo de dibujo peculiar, bastante “simplón” si lo queremos llamar así, pero a mí personalmente me fascinan sus historias y, dentro de ellas, su trabajo en la composición de cada página y los ángulos y enfoques que usa en sus viñetas, muy peculiares (como se puede ver en la página de ejemplo que incluyo un poco más abajo).

En su día ya disfruté de sus obras anteriores a Dragon Head, bastante primitivas, y más tarde en Maiwai, obra que llegó a España y en cuya traducción estuve involucrado (no como traductor, porque no podía en ese momento, pero sí como revisor de la traducción). Y ahora me he puesto un poco al día leyendo las últimas cosas en las que ha trabajado: esta Chiisakobee y otra llamada Tōkyō Kaidō (Chicos extraños de Tokio).

Entre ellas no tienen nada que ver, en realidad. Chiisakobee es una adaptación a manga de una novela histórica del escritor Shūgorō Yamamoto (1903-67) que, entre otras adaptaciones (una película, una obra de teatro musical…), tuvo una pequeña serie televisiva de 5 episodios en la cadena NHK en el año 2006. Mientras que novela, película, obra y serie de TV se ambientan en el período Edo (1603-1868), Mochizuki ha tenido la idea de trasladar la acción al Japón actual, y de convertir al protagonista, Shigeji, en una especie de hipster barbudo y melenudo que personalmente me recuerda muchísimo a algunos personajes de Wes Anderson.

SDS

Me encantan las composiciones de Mochizuki.

Shigeji es hijo de un carpintero tradicional de los que, en Japón, se encargan de construir viviendas de madera al estilo de toda la vida, que estudió arquitectura en la universidad y que durante varios años estuvo perdido por ahí sin que se supiera nada de él. Hace relativamente poco, volvió con una espesísima barba y melena y se incorporó a la empresa Ōdome de su padre. Sin embargo, mientras el equipo de Shigeji se encuentra en Kamakura trabajando en una construcción, se declara un gran incendio en el barrio de Tokio donde se encuentra la sede de la empresa y no solo esta se quema, sino que los padres de Shigeji fallecen.

El estoico y taciturno Shigeji se encuentra, pues, en la tesitura de tener que liderar la empresa y levantarla de nuevo. Para que les ayude con las tareas de la casa (afortunadamente la casa principal de Ōdome, donde se alojan algunos de los empleados, se ha salvado del fuego), contratan a la joven Ritsu, que también ha perdido su vivienda… Al poco, sin embargo, Shigeji descubre que Ritsu se ha traído consigo a varios niños huérfanos, cada cual con su carácter particular, que tampoco tienen donde vivir. Tras algunos estira y afloja, se decide que todos vivirán en la casa. Si ya Shigeji tenía suficientes problemas para ponerse al frente de la empresa de carpintería debido a sus precedentes, a su juventud y a su aspecto, ahora se ve ante la responsabilidad de cuidar de Ritsu y los niños. Y, a pesar de todo, extremadamente celoso y orgulloso, se niega a recibir ayuda alguna…

Lo mejor

  • Una tranquila historia sobre sentimientos y humanidad, con toques de comedia romántica.
  • Te acabas encariñando de los tozudos (cada uno a su manera) Shigeji y Ritsu.

Lo peor

  • Es una historia demasiado japonesa como para que ninguna editorial española pueda decidir apostar por ella. No hay nada imposible, claro, y cosas más raras se han visto, pero lo veo complicado.

Shiawase (Felicidad)

Wednesday, April 22nd, 2015
  • Título: しあわせ –Shiawase– (Felicidad)
  • Autor: Seiji Toda
  • Editorial: Ohzora Shuppan
  • Revista: autopublicado en web
  • Años publicación: 1999-2004
  • Clasificación: historias cortas
  • Tomos: 1

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Este es el típico manga que, en mi caso, me pillo básicamente porque me llama la atención la portada o el título. En este caso, me dio la sensación de que podría ser uno de esos mangas tranquilos, con cierto regusto gafapasta, y con una historia más bien costumbristas que se deja leer con facilidad y emociona al lector, un poco como la maravillosa Undercurrent que va a publicar dentro de poco Milky Way Ediciones y que he tenido el gran gusto de traducir.

Sin embargo, el “truco” de la portada o el título no siempre funciona como crees: en este caso, aunque no puedo decir que Shiawase me haya parecido mala ni mucho menos, la verdad es que ha resultado ser una obra muy distinta a lo que pensaba, ya que ha resultado ser una recopilación de historias cortas. A posteriori he descubierto que Seiji Toda, el autor, empezó publicando sus obras en internet, en su propia página web, y a raíz de esto llamó la atención de las editoriales, que no solo le publicaron en papel su creación digital (como es el caso de este libro), sino que lo ficharon para que trabajara para sus revistas como mangaka profesional. Así que, dibujantes aspirantes a profesionales de ahí fuera, que a veces me preguntáis qué tenéis que hacer para publicar vuestros cómics: vivimos en una era en la que cualquiera, sea bueno o malo, puede publicar sus obras: es tan sencillo como abrir un blog y empezar a subir el material. Si sois buenos y constantes, acabaréis llamando la atención de la gente y finalmente –si este es el objetivo que tenéis– podréis publicar en papel, sea de forma autopublicada (y con ejemplos de grandísimo éxito, incluso en España, como los de Jesulink o Andrés Palomino) o bien porque alguna editorial se ha interesado por vuestras obras y las quiere publicar en papel.

En japonés, como en todos los idiomas, existen palabras muy precisas que resultan muy complicadas de trasladar a otros idiomas, al menos en una sola palabra y sin mediar explicación. Entre ellas, tenemos la palabra 切ない setsunai, que vendría a ser un concepto a caballo entre la tristeza y la melancolía. Aunque a veces encontramos la palabra en contextos bastante duros (de hecho, mi diccionario da la traducción “triste y doloroso” para esta palabra, con un ejemplo que reza, en su traducción, “¡Cuán setsunai (triste/angustiada) tiene que estar la madre que ha perdido a un hijo!”), en general lo he visto muy utilizado en situaciones como “te deja la novia y estás triste, te sientes solo, desamparado, nostálgico”. Es decir, que describe un estado de ánimo malo, pero no de mal rollo total y absoluto. En mi percepción del idioma (que igual está equivocada porque no soy nativo), la palabra setsunai no tiene necesariamente carga estrictamente negativa. No sé si me explico, es una sensación de vacío, dolor y tristeza pero no necesariamente de mal rollo, en plan “ah, ya se caen los pétalos de los cerezos en flor, ¡qué setsunai!”. Y encuentro que dicha palabra tiene cierta relación con el concepto clásico del 物の哀れ mono no aware, que mi diccionario describe como “pathos” y también como “una respuesta estética a la transitoriedad de las cosas bellas”. Tenéis una descripción más detallada de este concepto en este artículo.

¿Por qué explico esto? Pues porque la palabra que me ha evocado la lectura de las historias de este manga es precisamente esta: setsunai. Es curioso, porque las historias que se incluyen en Shiawase son de longitud muy variable. Algunas tienen una sola página, hay un par bastante largas (de unas 20-30 páginas), otras de 2 páginas, de 3, de 5… pero todas ellas te dejan con un regusto triste, setsunai, en el cuerpo. Como ejemplo, os pongo una de las historias de una sola página con su traducción, para que veáis de qué estoy hablando.

Medusas Tengo medusas en casa. Cuando mueren, esas medusas se disuelven “totalmente” en el agua; no dejan cadáver. Es como si nunca hubieran existido en primer lugar. Quisiera ser una medusa... Pero yo sí dejaría un cadáver. Por eso sigo esforzándome.

Medusas
Tengo medusas en casa.
Cuando mueren, esas medusas se disuelven “totalmente” en el agua; no dejan cadáver.
Es como si nunca hubieran existido en primer lugar.
Quisiera ser una medusa…
Pero yo sí dejaría un cadáver.
Por eso sigo esforzándome.

Lo mejor

  • Historias autoconclusivas que evocan sentimientos en el lector, generalmente tristes.
  • Costumbrismo, metáfora y buena narrativa.

Lo peor

  • Algunas historias son más flojas, o se entienden peor.
  • Aunque en general el manga me ha gustado bastante, me he quedado con ganas de ver cómo Toda se desenvuelve en historias más largas, ya que creo que puede crear cosas bastante memorables. Le seguiré la pista al autor para ver cómo evoluciona.

Kakukaku Shikajika (Bla bla bla)

Tuesday, April 7th, 2015
  • Título: かくかくしかじか –Kakukaku Shikajika– (Bla bla bla)
  • Autor: Akiko Higashimura
  • Editorial: Shūeisha
  • Revista: Cocohana
  • Años publicación: 2012-15
  • Clasificación: autobiográfico
  • Tomos: 5

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Hacía un tiempo que le había echado un ojo a este manga (de hecho, estaba en la pila de “por leer”), básicamente porque me hizo gracia el título. La expresión kakukaku shikajika se usa en japonés para abreviar en una explicación larga, que no queremos narrar en su totalidad. Por ejemplo, si a mí me preguntan “¿cómo acabaste como traductor de manga?” podría responder, si me diera cierta pereza contarlo todo en detalle, “pues mira, siempre me ha gustado el cómic en general, desde pequeño, y también siempre me ha llamado la atención Japón en general y el idioma japonés en particular, así que en un momento dado se me presentó la oportunidad de aprender japonés en la Facultad de Traducción e Interpretación, me apunté y… kakukaku shikajika”. Sobre todo he visto esta expresión usada por escrito, en los mangas, cuando el lector ya conoce una situación pero un personaje se ve obligado, por exigencia del guión, a contar lo que ha ocurrido a otro personaje. Así, se abrevia por el estilo “pues han venido unos policías y kakukaku shikajika”. Hasta cierto punto, es similar a nuestro “y bla, bla, bla”.

Aparte, el verbo kaku significa “dibujar”, por lo que es posible que la autora haya querido dar el matiz sonoro de “dibujar, dibujar, y más y más” usando esta expresión kakukaku shikajika.

Pues bien, ¿que hizo el otro día que me decantara por sacar este manga de la pila de “pendientes de leer”? Pues simple y llanamente que hace escasos días fue galardonado con el premio Manga Taishō, uno de los cuatro o cinco premios más importantes de Japón.

Kakukaku Shikajika se define un poco como “una versión shōjo de Manga Michi”, una frase que, como muy bien sabéis si sois lectores habituales de este blog, hace referencia a la mítica obra de Fujiko Fujio A en la que contó, de forma semiautobiográfica, sus inicios en el mundo profesional del manga. Pues bien, dándose cuenta su autora Akiko Higashimura que no existe realmente ningún manga que cuente el “camino del manga” desde el punto de vista femenino, de una mujer que se dedique a hacer mangas para chicas, decidió hacerlo ella en la forma de este Kakukaku Shikajika.

El resultado es un manga muy entrañable y sorprendentemente fácil de leer. El estilo es a caballo entre el shōjo y el josei, lo cual se entiende muy bien cuando averiguamos el carácter de la revista en el que se ha publicado, la Cocohana, que se autodefine como una revista de “shōjo manga para lectoras adultas”. Es una contradicción, porque 少女 shōjo significa “niña”, pero curiosamente se entiende: el estilo gráfico es más bien el del shōjo, y la temática es light y entretenida, sin pretensiones de ir más allá, pero la temática no es la típica del shōjo de amoríos adolescentes y tal, sino que va un paso más allá. Sin duda, esa tendencia que tenemos de compartimentar y clasificar se no dificulta sobremanera cuando hablamos de manga, ¿verdad?

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El maestro del infierno

La historia cuenta las andanzas de Akiko Higashi (la propia autora), una chica que estudia tercero de bachillerato (último año antes de entrar en la universidad) y quiere llegar a ser shōjo mangaka porque desde pequeña es ávida lectora de revistas como la Ribbon o la Bouquet y no se le da mal dibujar. Pese a ser mala estudiante, su idea es conseguir ser aceptada en una universidad especializada en Bellas Artes y, desde allí, mientras gana base y agilidad artística, ir haciendo sus pinitos para ir haciendo manga y enviándolo a editoriales para ver si en algún momento puede debutar.

Sin embargo, no nos vayamos a pensar que esto es un manga sobre dibujar manga. En parte lo es, claro, pero sin ir más lejos toooodo el primer tomo entero lo invierte en contar su background desde su infancia, y luego el dilema de encontrarse en tercero de bachillerato y tener que preparar los exámenes de entrada en la universidad, para pasar luego a narrar, con todo lujo de detalles, su experiencia en los exámenes propios de cada universidad a la que se presentó. No obstante, sin duda el verdadero protagonista, al menos en el primer arco, es su profesor particular de dibujo (primero de bocetos a lápiz y luego de óleos), Kenzō Hidaka, al que llega por “recomendación” de una amiga y que se revela como un auténtico ogro desagradable que la obliga a dibujar y dibujar sin piedad… y al que poco a poco se le va cogiendo cariño pese a sus malas pulgas y a su tendencia a golpear con la espada de bambú shinai a los alumnos que no aplican sus enseñanzas como es debido.

Lo mejor

  • Una obra entrañable y que engancha al lector.
  • El profesor Hidaka, que al principio lo odias pero luego le vas cogiendo más y más cariño.

Lo peor

  • El estilo “shōjo adulto” puede ser un poco complicado de entender y seguir para muchos lectores, sobre todo occidentales: aparte del dibujo, que está a caballo entre lo infantil y lo adulto, tiene mucho texto escrito a mano en forma de comentarios “al margen” que pueden resultar pesados. Esta es una evolución natural del manga en Japón, al haber muchísimas mujeres que leen manga desde niñas y que quieren seguir leyendo manga pero no pasarse directamente a obras josei más seriotas y que narran cuestiones de “la mujer de hoy en día”, sino que simplemente quieren entretenerse leyendo manga. Otro ejemplo de este tipo de manga es, sin ir más lejos, la obra ganadora del premio Manga Taishō de 2014. Umimachi Diary, o las obras de Chika Umino, Honey & Clover (publicada en España) o San gatsu no lion (también galardonada con el Manga Taishō, en 2011).

Hana Otoko

Wednesday, February 11th, 2015
  • Título: 花男 –Hana Otoko–
  • Autor: Taiyō Matsumoto
  • Editorial: Shōgakukan
  • Revista: Big Comic Spirits
  • Años publicación: 1991-92
  • Clasificación: béisbol, slice-of-life
  • Tomos: 3

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No son pocos los mangas que he reseñado de Taiyō Matsumoto, concretamente Ping Pong, Sunny y GoGoMonster, además de la extensa conversación que mantuvo con Ken Niimura en mi presencia y transcribí en 2010 (todo ello se puede leer haciendo clic aquí), aparte de haber traducido las dos únicas obras suyas que han salido en España: Tekkonkinkreet y Takemitsu zamurái y de tener cierta amistad con él a raíz de su visita al Salón del Manga de Barcelona de 2009. Por eso, se puede decir que conozco bastante bien la obra de este autor, que se podría clasificar como de corte “alternativo” si no fuera porque publica para una de las editoriales más importantes del manga, Shōgakukan.

Lo que más sorprende de Taiyō Matsumoto es su peculiar estilo, tanto gráfico como narrativo, que tiene “algo” que consigue enganchar, además de su capacidad para cambiar de registro cuando se lo propone, como cuando quiso darle un toque entre picassiano y ukiyo-e a la fascinante historia de Takemitsu Zamurái. Es un autor enorme, pero, claro está, para público de gusto selecto: es decir, al no ser el típico mangaka que dibuja historias típicamente manga ni con estilo típicamente manga, es complicado que el público tradicional del manga decida apostar por él. Y al ser un autor japonés y haber estado publicado por una editorial a la que los amantes del cómic alternativo no hacían mucho caso (Glénat/EDT, actualmente extinta y por lo tanto con las obras de Matsumoto descatalogadas en nuestro país), tampoco ha gozado del favor del público “gafapasta”. Estaría por ver si este autor conseguiría el reconocimiento que merece si fuera publicado por ciertas editoriales, yo creo que sí, pero de momento no parece que ninguna editorial esté dispuesta a apostar por un autor fantástico, un verdadero referente en su país de origen (el típico “mangaka cuyas obras gustan a otros mangakas – pero no necesariamente al público general”) pero que, al menos en este país, está entre dos aguas.

Sin embargo, siempre que hablaba de Matsumoto con mis amigos japoneses, casi invariablemente la respuesta era “¿Taiyō Matsumoto? ¡Ah, el de Hana Otoko!” Y yo al principio ni idea, pero luego investigando ya vi que efectivamente había sacado un manga titulado Hana Otoko y, aunque no lo hubiera leído, asentía con la cabeza y decía “el mismo, ese es”. El caso es que tantos años y nunca había tenido la oportunidad de leer este manga… hasta ahora…

dsds

El padre Hanao con su hijo Shigeo… Y el mítico Shigeo Nagashima en el póster

Y maldita sea, ¡qué bueno es! Es Matsumoto en estado puro y probablemente (a juzgar por mis colegas) el primer éxito de este autor, al que una generación entera de japoneses, que ahora están entre los 35-40 años de edad, recuerda por este manga. Será por algo.

La historia la hemos visto mil veces en varias variantes: como personajes tenemos a un matrimonio separado, él vive a varios kilómetros de distancia de la ella, concretamente en la costa delante de la isla de Enoshima (lugar en el que vive el mismísimo autor), y ambos tienen un hijo en común que está con la madre. La madre, una educadísima persona que siempre viste kimono, es dulce y quiere mucho al hijo. El hijo, de unos 8-9 años de edad es un estudiante modelo, tanto, que llega a la obsesión por los estudios y las buenas notas, hasta el punto de resultar repelente: el típico niño que es más adulto que los mismos adultos. Y finalmente el padre, que es un pirado del béisbol de 30 años, que siempre va con uniforme de béisbol (abierto por delante, dejando al aire su panza cervecera), no tiene oficio ni beneficio y tiene una mente eminentemente infantil. De hecho, si nunca ha buscado trabajo ni se ha preocupado por ello es porque aún a su edad mantiene el sueño de llegar a ser profesional del béisbol y jugar con el equipo de sus amores: los míticos Giants de Tokio: está tan obsesionado con este equipo que llamó Shigeo a su hijo (por Shigeo Nagashima, uno de los jugadores más míticos de la historia de dicho equipo). Mientras tanto, no para de practicar, entrenar a un equipo infantil de béisbol y echar partiditas como miembro del equipo amateur de la asociación de comerciantes del barrio.

La situación cambia cuando la madre decide que Shigeo debe pasar más tiempo con su padre Hanao (el nombre se escribe 花男, es decir, “flor-hombre” y se pronuncia Hanao, pero puede existir una lectura alternativa de estos kanji que es “Hana-otoko” (hombre flor), el título precisamente de este manga). Así, decide mandar a Shigeo con su padre para las vacaciones de verano. Y aquí empieza la historia, que la hemos visto mil veces: un hijo que prácticamente no conoce a su padre que debe adaptarse a vivir con él. Y sus caracteres son tan radicalmente diferentes que los primeros días de Shigeo son un verdadero calvario ante la actitud infantil y despreocupada de su padre, que tanto contrasta con su idea de la vida como un conjunto de obligaciones y una competición constante, ahora en el colegio y la academia y, más tarde, en la sociedad adulta. Poco a poco, Shigeo se va habituando al nuevo ritmo de vida, hasta el punto de que, al finalizar las vacaciones de verano, decide mudarse a vivir con su padre de forma permanente y cambiar de escuela. Y aunque su forma de ser permanece básicamente invariable, va aprendiendo a relajarse y a tomarse la vida de otra forma. Mientras que por la parte de Hanao iremos descubriendo cosas bastante asombrosas…

Leído así, este puede parecer un manga bastante normal, sin más. Pero el estilo tanto gráfico como argumental de Matsumoto acompaña deliciosamente a la historia, con numerosos guiños y sorpresas entre los fondos (algunas cosas recuerdan incluso a Dr. Slump, con animales haciendo cosas raras por el fondo mientras los personajes conversan en primer plano) y un modo de llevar la historia que yo solo puedo definir con la palabra “entrañable”.

Lo mejor

  • Entrañable.
  • Gran narrativa y gran representación visual (aunque muy alternativa).
  • Muy entretenido, engancha muchísimo.

Lo peor

  • No gustará a todos los públicos. Desde luego, al típico del manga no.