El blog de Marc Bernabé

He no yō-na jinsei (Un pedo de vida)

Monday, March 8th, 2010
  • Título: 屁のような人生 –He no yō-na jinsei– (Un pedo de vida)
  • Autor: Shigeru Mizuki y otros
  • Editorial: Kadokawa Shoten
  • Revista: Varias
  • Años publicación: 2009
  • Clasificación: shōnen, seinen, autobiografía, ensayo
  • Tomos: 1

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Hoy, 8 de marzo de 2010, es un día muy especial por ser el 88º cumpleaños del grandioso mangaka manco Shigeru Mizuki (NonNonBa, Hitler, Operación Muerte, GeGeGe no Kitarō…), del que he hablado largo y tendido en este blog en más de una y de dos ocasiones. ¿Y qué tiene de especial el 88º cumpleaños? Pues que es una efeméride muy celebrada en Japón: el 88º aniversario de una persona es la “edad del arroz” (米寿, beiju). Esto viene de que el número 88 escrito en kanji 八十八 es como el “desglose” del kanji de arroz 米. Además, el número 8 es un número de buen augurio porque en kanji se abre hacia abajo 八, como indicando la idea de “eternidad”.

Hace muy poco, en diciembre de 2009, se publicó en Japón un grueso libro de 464 páginas en conmemoración de este 88º aniversario, un libro de tirada limitada y numerada de 3500 unidades, muy caro (4700 yenes + 5% IVA, o sea casi 41 euros del ala), que afortunadamente pude conseguir de gorra gracias a un contactillo. Creo que, al ser un Mizuki-tard, me lo habría comprado igualmente, pero ciertamente es un libro demasiado caro a pesar de ser una joya impresionante y de tener una gran calidad de impresión, diseño y encuadernación. Supongo que el hecho de que sean copias numeradas es lo que da este valor especial al libro.

El libro es un repaso indispensable a la vida de Shigeru Mizuki (nombre real: Shigeru Mura) a través de sus creaciones artísticas. Así como los libros en los que cuenta en forma de manga su autobiografía (como este o este) se centran básicamente en su día a día y nos cuentan muy poco sobre sus obras, este libro es totalmente distinto. Como buena biografía, empieza con un ensayo muy visual, repleto de fotos, sobre sus primeros años de vida, donde se nos cuenta la peculiar infancia de un Mizuki que, francamente, era bastante tonto (hasta su madre lo matriculó un año más tarde en el colegio porque pensaba que no podría seguir el ritmo de los chicos de su edad). En estas páginas, además, se nos muestran sus primeros pinitos con el arte: cuadros al óleo, dibujos, grabados y bocetos que realizó durante sus primeros años. Cuando rondaba la veintena, sin embargo, Mizuki fue llamado a filas para luchar en una isla de Papúa-Nueva Guinea contra las tropas estadounidenses y australianas. Fue allí donde perdió el brazo izquierdo y aprendió a sobrevivir (con un estilo muy peculiar, todo hay que decirlo) y cayó enamorado de los indígenas, con quienes entablaría una preciosa relación de amistad y confianza que sigue aún hoy en día pese a no hablar su idioma.

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Muestra aún sin colorear de Daira, uno de los pocos kamishibai de Mizuki que han sobrevivido.

A la vuelta de la guerra, manco y pobre, Mizuki tuvo que buscarse la vida y dio varios tumbos por la vida. Por ejemplo, en un momento dado compró una casa en Kōbe, en la calle Mizuki, y decidió transformarla en un edificio de apartamentos tipo Maison Ikkoku al que llamó, sin complicarse mucho la vida, Mizuki-sō (Apartamentos Mizuki). Fue entonces cuando nació su apodo, ya que hubo un hombre que siempre le llamaba Mizuki-san en vez de Mura-san. A partir de ese momento, toda su obra vendría firmada como “Shigeru Mizuki”. Lo más curioso de todo es que es a partir de este momento cuando el autor empieza su carrera como dibujante profesional, una carrera que viene ligada de forma muy íntima con la evolución del propio manga, ahora veremos por qué.

A finales de los años 40, Mizuki empezó a destacar como dibujante de planchas de kamishibai (teatro de papel): para que nos entendamos, el kamishibai es como un teatro de marionetas pero sin marionetas, donde un narrador cuenta una historia apoyándose en excitantes ilustraciones. El kamishibai gozó de un gran éxito en los años 40 y hasta mediados de los años 50 y muchos niños se acercaban a escuchar, a cambio de muy poco dinero, la historia que les contaba el narrador de turno en las esquinas de las calles. Sin embargo, el kamishibai perdió rápidamente aceptación debido a la creciente influencia de la televisión, hasta que acabó desapareciendo sobre los años 60. Lamentablemente, la mayoría de la producción kamishibai de Mizuki se ha perdido, pero en este libro se nos presentan unas cuantas ilustraciones supervivientes, lo que constituye un documento muy interesante. Por cierto, fue ya en esta época cuando nació el personaje fetiche de Mizuki, es decir, Kitarō.

Con el fin del kamishibai, Mizuki decidió pasarse al negocio del kashihon (libros de préstamo). A mediados de los años 50, y hasta mediados de los 60, las llamadas kashihon’ya o “librerías de préstamo” surgieron como setas. Se trataba de negocios exactamente iguales que las bibliotecas actuales, solo que con ánimo de lucro: es decir, prestaban libros a cambio de muy poco dinero (entretenimiento barato). Muchos de estos libros eran manga, y con el auge de las kashihon’ya surgieron editoriales dedicadas exclusivamente a producir libros para el circuito de librerías de préstamo. De esta época, en el libro se recogen 4 historias: una sobre el nacimiento de Kitarō, otra de Akuma-kun (Sr. Demonio), el primer capítulo de Kappa no Sanpei (Sanpei el kappa) y una historia de corte bélico.

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El nacimiento de Kitarō en la primera entrega de sus aventuras en versión kashihon.

Con la paulatina desaparición de las kashihon’ya, el siguiente paso en la historia del manga fueron las revistas, que empezaban a cobrar mucha importancia. Entre ellas surgió la mítica Garo, cuyo editor jefe, Katsuichi Nagai, tenía la idea de recuperar a autores de kashihon para darles algo de trabajo, ya que muchos se estaban casi literalmente muriendo de hambre. Mizuki, junto a Sanpei Shirato (Kamui-den), fue uno de los fichajes estrella de Nagai, y ambos se convirtieron en estandartes de la Garo. Un poco más tarde se les sumaría un tercer autor mítico: Yoshiharu Tsuge (El hombre sin talento, Neji Shiki). Durante la época de la Garo, Mizuki empezó a pulir su estilo definitivamente y a especializarse en el tema sobrenatural. De esta época se incluyen dos historias cortas en este libro.

Otro paso más dado por Mizuki fue el de trabajar para las revistas de manga para chicos (shōnen) de cadencia semanal Shōnen Magazine y Shōnen Sunday, que habían empezado su andadura en 1959 y estaban cosechando mucho éxito. En estas revistas fue donde por fin consiguió Mizuki ser un autor reconocido, sobre todo por el éxito de series –muchas de ellas remakes de series o personajes que había iniciado años antes en el kamishibai o en el kashihon– como Kitarō, Terebi-kun (Sr. TV) o Kappa no Sanpei. Algunas de estas series, como Kitarō, fueron adaptadas a serie de animación y generaron un auténtico boom de los yōkai (monstruos y seres sobrenaturales del folklore japonés). De repente, los niños empezaron a interesarse por los yōkai y a querer aprender más sobre ellos: devoraban cromos, libros, muñecos y todo tipo de merchandising, de un modo similar a lo que pasó en Occidente hace varios años con el boom de los dinosaurios provocado por Jurassic Park. Fue Mizuki, por supuesto, el verdadero “culpable” del fenómeno, y por ello es considerado el mayor estudioso y divulgador del tema yōkai en el siglo XX.

Pero la fama conllevó, aparte de mucho dinero –que ya le iba bien al abnegado autor, que con casi 50 años a sus espaldas y dos niñas pequeñas lo había pasado realmente mal económicamente hablando–, una cantidad enorme de trabajo. Tenía tantas entregas que realizar que prácticamente no podía disfrutar de la vida, y eso, en el caso de un autor tan vital como Mizuki, fue durísimo. En el libro que reseño se incluyen tres obras de esta época, precisamente capítulos de Kitarō, Terebi-kun y Kappa no Sanpei, las series que le lanzaron al estrellato.

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Easter-tō kidan (La extraña historia de la isla de Pascua), un inquietante relato seinen.

El siguiente paso que dio Mizuki también estuvo relacionado con la evolución del manga, y es que a partir de mediados de los 60 empezaron a surgir como setas revistas de manga para público adulto. Los niños que habían empezado leyendo manga en los 50 ahora eran adolescentes y veinteañeros y querían un tipo de manga más elaborado. Fue en esta época cuando las ideas de Yoshihiro Tatsumi y los suyos, impulsores del “gekiga” (ver Una vida errante y ¡¡Los tontos del gekiga!!), acabaron de fraguar. No podemos decir que Mizuki se pasara al gekiga, ya que su estilo de dibujo apenas varió, pero sí que empezó a dibujar para revistas de manga seinen (para adultos), donde publicó obras de corte más siniestro que las que había venido presentando en las revistas shōnen. De esta época, en el libro se incluyen dos siniestras historias cortas muy bien elaboradas.

A partir de este momento, Mizuki siguió trabajando incansablemente, combinando su trabajo para las revistas shōnen con las seinen y con la elaboración de enciclopedias visuales y libros divulgativos sobre yōkai. Sin embargo, ya entrados los años 80, y con más de 60 años de edad, el autor decidió bajar el ritmo y disfrutar más de la vida: por ejemplo, empezó a viajar por el mundo en busca de “misterios” y “yōkai” y se encargó de fundar y llevar adelante (junto a fieles seguidores suyos como Hiroshi Aramata y Natsuhiko Kyōgoku) una revista dedicada al tema sobrenatural llamada KWAI. También empezó a plasmar episodios de su vida en forma de ensayo manga, a veces con pinceladas fantasiosas (NonNonBa to ore) o variaciones sobre lo que ocurrió en realidad (Operación Muerte), a veces en forma de autobiografía seria (Mizuki Shigeru-den y Shinpika Mizuki Shigeru-den), a veces en forma de pequeños relatos en forma de manga. Así, de esta última etapa en el libro se incluyen tres de estos relatos: uno sobre su infancia, en el que narra las brutales peleas que tenían los chavales de los diferentes barrios de su pueblo, otro sobre un estudiante que catea en todo y no hay manera de que apruebe un examen o estudie en serio, y otro en el que fantasea sobre su propia muerte (por cierto, la muerte no es para nada un tema tabú para Mizuki, de hecho hace ya años que se construyó su propia tumba, que incluye estatuas de yōkai, de Kitarō y otros personajes suyos, y no le importa sacarse fotos delante de ella).

Todo este libro está fantásticamente editado e incluye, además de las historias manga interesantísimas, un montón de textos escritos bien por el propio Mizuki a lo largo de los años, bien por otras personas muy cercanas a él, como amigos suyos, editores, sus hermanos o una de sus propias hijas, además de muchas fotos de las distintas épocas del gran autor manco. En definitiva, un gran libro que sirve para repasar a vista de pájaro la vida de uno de los mayores autores de manga de todos los tiempos, con una carrera a sus espaldas de más de 60 años (¡que se dice pronto!) y que aún sigue al pie del cañón con su eterna sonrisa, su pasión por la vida, su enorme curiosidad y… ¡su afición por tirarse sonoros pedos!

¡Feliz 88º cumpleaños y que cumplas muchos más, Mizuki-oosensei!

Kidō senshi Gundam-san (Mobile Suit Mr. Gundam)

Wednesday, March 3rd, 2010
  • Título: 機動戦士ガンダムさん –Kidō senshi Gundam-san– (Mobile Suit Mr. Gundam)
  • Autor: Hideki Ohwada
  • Editorial: Kadokawa Shoten
  • Revista: Gundam Ace (entre otras)
  • Años publicación: 2001-?
  • Clasificación: seinen, humor, parodia, 4 koma
  • Tomos: 6 (en curso)

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Esta es la segunda serie de parodias Gundam que me he leído estos días, junto a la de Tony Takezaki no Gundam manga. Si la de Tony Takezaki era una parodia en forma de historias más o menos completas que abarcan varias páginas, esta es una obra de humor más “japonesa”, si se puede decir de esta manera, ya que se basa en el gag corto, a menudo de cuatro viñetas (yon koma manga). Ojo, porque el autor de Gundam-san (Señor Gundam) no es otro que Hideki Ohwada, autor de la genial Mudazumo naki kaikaku (Legend of Koizumi).

Esta recopilación de chistes francamente me ha encantado, me lo he pasado genial. El sentido del humor de Ohwada es buenísimo, las parodias son fantásticas y el dibujo acompaña muy bien. Por supuesto, si no conoces el universo Gundam (en este caso, de la serie original de 1979), es muy difícil que le encuentres la gracia. En este caso, Ohwada redefine a los personajes y nos presenta a un Amuro en plena edad del pavo que solo piensa en sexo; a un Char de lo más inútil y calzonazos, totalmente dependiente de Lala; a una familia Zabi de lo más “pintoresca”, por decirlo de alguna manera (me encantan las parodias de Gihren, es que el personaje se presta); a una Sayla de lo más malhumorada, etcétera. Con esta redefinición de los personajes, Ohwada los maneja a su antojo y se mofa de algunas de las escenas o frases más memorables de la serie.

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En Side 6 / Tsk, ¡me he metido en un barrizal! / ¡Ah! ¡Menos mal! ¡Eeeeh! Conscon / Lo único que podía hacer Dozle era mandar una brigada de Conscon. / Quedía demostrarle a Kycilia la incompetencia de Char. / No hace falta complicarse tanto para demostrarlo... / Esto no demuestra que sea incompetente, sino que es imbécil.

Incluso los propios “robots” (bueno, son mobile suits, pero para que nos entendamos los llamaré robots) protagonizan algunos gags, sobre todo los de modelo Acguy, que al parecer caen muy bien al autor ya que los pinta en infinidad de ocasiones, en plan kawaii. Memorables, por cierto, son las coñas en referencia a ciertos fallos o incongruencias de la serie de anime, hechas desde luego desde el más profundo de los cariños.

En definitiva, un manga realmente divertido, muy recomendable para los fans de Gundam, y con el que echarse unas buenas risas en compañía del calzonazos de Char y toda su tropa.

Lo mejor

  • Los chistes suelen ser bastante divertidos.
  • La recaracterización de personajes está muy bien realizada.
  • ¡Ese Gihren Zabi! ¡Me encanta cómo se cachondea de él!

Lo peor

  • Algunos chistes se centran en aspectos tan concretos de la serie que son difíciles de entender o de encontrar la gracia.
  • Algunos chistes hacen referencia a humoristas o programas de la tele o a sucesos contemporáneos a la época en la que se dibujó el manga, por lo que actualmente, unos años más tarde, no tienen gracia.
  • Igual que decía con el de Tony Takezaki, considerando que en España la afición a Gundam es casi nula (y menos a la serie original), y vistas las, al parecer, pobres ventas de Gundam the Origin (una serie más que recomendable) en España… Dudo que veamos jamás este manga publicado en nuestro país.

Tony Takezaki no Gundam manga (Tony Takezaki presents Gundam manga)

Tuesday, March 2nd, 2010
  • Título: トニーたけざきのガンダム漫画 –Tony Takezaki no Gundam manga– (Tony Takezaki presents Gundam manga)
  • Autor: Tony Takezaki
  • Editorial: Kadokawa Shoten
  • Revista: Gundam Ace
  • Años publicación: 2003-?
  • Clasificación: seinen, humor, parodia
  • Tomos: 3 (en curso)

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Últimamente me ha dado por leerme unos cuantos tomos de parodias de Gundam que tengo en casa, regalo del editor jefe de la revista Gundam Ace que acompañó a Yoshikazu Yasuhiko durante el Salón del Manga 2008, con el que hice buenas migas. Hasta ahora no había encontrado el momento de hincarles el diente, pero el otro día, en un “arrebato gundamero”, me dio por leerlos del tirón. Este es uno de ellos; en la próxima reseña hablaré del otro.

Ya conocéis la mítica serie de anime Gundam (si no, tenéis más info aquí), una franquicia tan tremendamente popular que incluso cuenta con una gruesa revista de manga mensual, la Gundam Ace, dedicada íntegramente a publicar manga relacionados con el universo Gundam. La serie estrella de esta revista, cómo no, es Gundam The Origin, de Yoshikazu Yasuhiko (publicada en España por Norma Editorial), que cuenta con todo detalle y muchísimo buen hacer el argumento de la serie original, la de 1979, y añade algunos datos imprescindibles para entender mejor la historia. Yasuhiko, por cierto, no es solo un gran maestro del manga que dibuja y narra de maravilla, sino que además fue el diseñador de personajes (no mecánicos) de esa serie de anime, por lo que su “pedigrí gundamero” es ideal.

La Gundam Ace tiene que rellenar sus páginas mes a mes con distintas series, ya que al fin y al cabo estamos hablando de una revista ¡de más de 600 páginas! Así que, además de adaptaciones manga de otras series del universo Gundam, algunas novelas serializadas y secciones de entrevistas, artículos y tal, la Gundam Ace se nutre también de secciones de humor, básicamente parodias de Gundam.

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¡El dibujo es calcado al de Yoshikazu Yasuhiko!

Tony Takezaki no Gundam manga es un cómic de lo más curioso. Primeramente, el propio autor dice que “esta obra es solo para los que vieron Gundam en tiempo real (es decir, en su primera emisión en 1979)”. En teoría no sirve para gente que, como yo, hemos descubierto Gundam más tarde que eso (¡en mi caso, tan tarde como 30 años después!). En fin… Discrepo un poco. Es cierto que hay algunos chistes que no he entendido bien y tal vez sea porque soy un recién llegado a Gundam, no lo sé, pero en general me he reído un montón con las ocurrencias de Takezaki.

Otra gracia del cómic es que el estilo de dibujo, al menos en el primer tomo, es calcado al de Yoshikazu Yasuhiko. ¡Es que es igual! Es una pasada ver cómo Takezaki ha conseguido copiar tan bien este aspecto, lo que le da al manga un cierto aire “legítimo” que aún provoca que los chistes tengan más gracia si cabe. Incluso el propio Yasuhiko declara en el epílogo del tomo 1, donde aparece como autor invitado, que “a veces, cuando abre la revista Gundam Ace, confunde las páginas de Tony Takezaki con las suyas propias”. En el tomo 2, sin embargo, Takezaki realiza un cambio radical: más de la mitad de las páginas son a todo color y están ilustradas con fotos muy retocadas de maquetas de Gundam interaccionando. Como si fuera una fotonovela, pero en vez de actores de carne y hueso, los “actores” son todos maquetas (en su mayoría realizadas por el propio Takezaki, que en las páginas extras del final del tomo nos da más detalles sobre ellas, el muy friki). El tomo 1 me ha encantado por su frescura, pero el 2 se me ha hecho mucho más pesado con el rollo de las maquetitas. A ver qué tal el 3, que salió el 21 de enero.

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Parodias y chistes en plan fotonovela... ¡Pero con maquetas!

Lógicamente, tengo que advertir que este cómic no tiene absolutamente ninguna gracia si no conoces la primera serie de Gundam, y aún me atrevería a ir más allá, si no eres fan de Gundam The Origin de Yoshikazu Yasuhiko. Con algunos chistes realmente te partes de risa.

Lo mejor

  • Magnífica parodia de una de las series más míticas de la historia.
  • Estilo de dibujo calcado al de Yoshikazu Yasuhiko.
  • El mérito que tiene crear una fotonovela con maquetas. ¡Menudo currazo!

Lo peor

  • Algunos chistes son demasiado retorcidos.
  • Incomprensible si no eres fan de Gundam (lógico, ya que es una parodia).
  • La parte de la fotonovela con maquetas es bastante pesada y aburrida.
  • Considerando que en España la afición a Gundam es casi nula (y menos a la serie original), y vistas las, al parecer, pobres ventas de Gundam the Origin (una serie más que recomendable) en nuestro país… Dudo que veamos jamás este manga publicado en España.

THERMÆ ROMÆ

Wednesday, February 3rd, 2010
  • Título: テルマエ・ロマエ – THERMÆ ROMÆ–
  • Autor: Mari Yamazaki
  • Editorial: Enterbrain
  • Revista: Comic Beam
  • Años publicación: 2008-?
  • Clasificación: seinen, humor
  • Tomos: 1 (en curso)

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En cada uno de mis viajes a Japón acabo realizando uno o dos “descubrimientos manga” al pasearme por las librerías. No estoy hablando de cómics antiguos o clásicos, sino de obras que han salido nuevas al mercado japonés y, por alguna razón, me llaman la atención cuando las veo expuestas en las librerías. A veces, claro, compro cómics que después descubro que no valen nada la pena, pero en general, si un manga nuevo me llama suficientemente la atención por lo que sea es raro que al leerlo no me guste. Este es el caso de Thermæ Romæ, el descubrimiento de mi viaje más reciente, de diciembre ’09.

Sinceramente, y ahora poneos en mi piel: si os gustase mínimamente el manga y vieseis este libro en la librería, ¿no lo compraríais aunque solo fuera por la portada y el título? Vamos, yo en cuanto lo vi me lo pillé sin pensarlo dos veces, y eso que sabía perfectamente que en aquel momento llevaba ya las maletas demasiado llenas. ¿Una estatua clásica romana con una toalla al hombro y un cubo en la mano, además del título en latín Thermæ Romæ? Impagable.

¿Y de qué va? Lucius Modestus es un arquitecto romano al que le encantan las termas, esos locales en los que los habitantes de la antigua Roma iban a tomarse un baño y a pasar el rato, de forma no muy diferente a la que lo hacen los japoneses en los baños públicos sentō (lamentablemente, en inexorable proceso de extinción) y los balnearios onsen. Sin embargo, durante el reinado del emperador Adriano (la acción empieza en el 128 d.C.), las termas han pasado un poco de moda, por lo que la baja demanda arquitectónica, unida a la obsesión de Lucius por el tema, conducen a su despido del despacho de arquitectos en el que trabaja.

Ensimismado y ciertamente malhumorado por la situación, Lucius se topa con su amigo Marcus, que le sugiere que vayan juntos a relajarse a unas termas. El escultural Lucius, que parece una estatua clásica, se mete en la caliente agua y, en un momento dado, agobiado por el ruido que le envuelve, se sumerge en ella. Una vez dentro, se fija en un agujero que hay en un rincón, va hacia él y… ¡El agujero se lo traga!

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Lucius aparece en unos baños públicos japoneses por primera vez. Y todos flipan.

Inmediatamente después aparece en un sentō (baños públicos) japonés típico, en medio de toda la parroquia de japoneses. Lucius se piensa que se ha colado en los baños reservados a los esclavos, concretamente unos esclavos de una raza a la que él bautiza “la tribu de los cara-plana”, y no deja de flipar con el elevado grado de civilización que demuestran esos presuntos esclavos: la pintura del Fuji en la pared, los anuncios, los cubos, los asientos, las toallas, la leche fresquita de después del baño, los ventiladores, los cestos, los secadores… En definitiva, todo lo típico de un sentō nipón. Al cabo de un rato, tras desmayarse, vuelve a su tiempo, donde decide abrir unas termas copiando en lo posible los trucos de los “cara-plana”, ¡y la idea resulta ser un éxito!

Las otras historias son similares también: Lucius está ensimismado por algo, y mientras se baña protagoniza un viaje en el tiempo al Japón actual, donde se mete en todo tipo de baños: ya hemos visto el sentō en el primer capítulo, pero luego se mete también en balnearios (onsen) en el exterior –con monos y todo–, en baños privados en casas o en una tienda donde tienen una exposición de bañeras y cuartos de baño. Y en cada caso, Lucius vuelve a Roma y copia varias de las ideas de los “cara-plana” con gran éxito… Tanto, ¡que hasta llama la atención del mismísimo emperador Adriano!

El primer capítulo se planteó como una historia corta autoconclusiva publicada en el número de febrero de 2008 de la revista Comic Beam, pero obtuvo cierto éxito y, desde diciembre de 2008, se publica aperiódicamente en forma de serie en la misma revista. Este primer tomo salió a la venta a finales de noviembre de 2009, y al parecer se está vendiendo bastante bien y encima ha sido nominada a los premios Taishō (aún no se había anunciado esto último cuando compré y leí el tomo). La autora, Mari Yamazaki, tiene un perfil curioso, puesto que está casada con un italiano y, tras haber vivido varios años en Italia, actualmente vive en Lisboa. Al parecer, es una apasionada de la historia de la antigua Roma (se nota) y mantiene incluso un blog bastante interesante.

Lo mejor

  • La sola idea ya tiene guasa: ¿un romano viajando en bolas en el tiempo hasta los baños japoneses actuales?
  • Lucius, con su aspecto de estatua clásica y su carácter taciturno, me parece muy gracioso.
  • El dibujo es resultón y los diálogos y situaciones, bastante divertidas.
  • Cada capítulo se complementa con interesantes textos de la autora en los que explica varias cosas sobre las termas y/o la sociedad romana.

Lo peor

  • ¡El planteamiento es básicamente absurdo! ¿¡A quién se le ocurre!? XD
  • La temática y la “filosofía” detrás de la obra, es decir, los baños japoneses, puede resultar demasiado extraña para el lector occidental, por lo que veo extremadamente complicado que este manga se publique fuera de Japón. O bien, si se publica por algún misterio editorial, probablemente será un fracaso en ventas.

Hitler ojisan (Tío Hitler)

Tuesday, February 2nd, 2010
  • Título: ひっとらぁ伯父さん –Hitler ojisan– (Tío Hitler)
  • Autor: Fujiko Fujio Ⓐ
  • Editorial: Asahi Sonorama
  • Revista: Varias
  • Años publicación: 1976 (recopilación en tomo)
  • Clasificación: seinen, humor
  • Tomos: 1

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El hecho de traducir hace unos meses Hitler – La novela gráfica del insigne Shigeru Mizuki hizo que recordara una historia corta que leí hace unos años, creo que en un libro de “leer y tirar” de esos que venden a precio ridículo en las tiendas 24 horas y estaciones de tren japonesas, llamada Hitler ojisan (Tío Hitler), creada por Fujiko Fujio Ⓐ. Como rebuscando en mi biblioteca no logré dar con este libro (seguramente lo tiré en alguna mudanza, ya que la calidad de estos libros es muy mala y no justifica coleccionarlos), decidí comprarlo de nuevo para releerlo, pero esta vez en su formato original.

El título completo de este libro es Black humor kessakushū – Hitler ojisan, es decir, Recopilación de obras maestras de humor negro – Tío Hitler. ¡Y no podía ser más apropiado el título, porque el humor que destilan estas páginas es negro-negro-negro! En el libro se recopila un total de ocho historias cortas publicadas en varias revistas entre finales de los años 60 y mediados de los 70.

Entre estas historias destacan las dos de temática “hitleriana”, Hitler ojisan (que da título al libro) y su secuela, Hitler ojisan no jōnetsuteki-na hibi (El pasional día a día de tío Hitler), aunque las otras seis no les van a la zaga en lo referente a calidad y crudeza. Las dos historias de “tío Hitler” nos presentan a un hombre que se parece al dictador alemán como dos gotas de agua y que viste y se comporta exactamente como él, que de repente llega a un barrio residencial japonés en su Volkswagen escarabajo y se instala como realquilado en casa de los Koike. Poco a poco, el iracundo “tío Hitler” se va imponiendo en el barrio, subyuga a los Koike y crea su propio escuadrón de niños. El final de la historia es bastante bestia, una parodia muy macabra de los campos de concentración y exterminio alemanes.

Esta faceta “bestia” de humor más negro que el carbón es lo que sorprende al leer estas geniales historias, en las que el autor se dejó de correcciones políticas y creó historias fantasiosas inspiradas en las novelas de Roald Dahl y Stanley Ellin. En estas historias no faltan muertes, asesinatos, mala leche e incluso canibalismo, pero todo llevado siempre desde el humor. Y a mí me han encantado.

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Tío Hitler pasando revista a sus tropas: los niños del barrio

Por ejemplo, voy a resumir una de las historias más impactantes para que veáis de qué hablo. La historia se titula Pekin Duck-shiki (Estilo pato Pekín) y nos presenta a un grupo de turistas japoneses que visita Hong Kong junto a su guía, un orondo y sonriente chino. Entre los turistas figura un ex militar japonés, extremadamente rudo y borde, que no se corta un pelo a la hora de relatar en medio de risas las atrocidades que él y sus compañeros efectuaron durante la guerra sino-japonesa de 1937-45. Por ejemplo, en un momento dado explica que durante la masacre de Nankín estuvo decapitando, como si golpeara pelotas de golf, a chinos a los que previamente habían enterrado en el suelo hasta el cuello. Aparte de esto, los turistas japoneses se muestran muy irrespetuosos con lo que ven, arrojan dinero a los niños mendigos y les sacan fotos, etcétera. Mientras tanto, el guía permanece impávido, con la gran sonrisa adornándole la cara. En un momento dado, el guía les lleva a una granja donde crían a patos que serán cocinados como pato Pekín. En esta granja, los patos están enterrados hasta el cuello para que no puedan moverse y son alimentados forzosamente para que engorden. Pese al “horror” que muestran los japoneses ante esta práctica bárbara, eso no les impide sacar fotos y luego atiborrarse de pato Pekín en el restaurante. Al cabo de un rato, el sonriente guía se despide de ellos en el hotel y les aconseja que no vayan a Kowloon City por la noche, ya que es muy peligroso y hay muchas mafias por allí que secuestran a extranjeros. El ex militar, “para macho yo”, pasa de todo y, junto a un joven compañero, decide ir a la zona peligrosa. Allí, unos mafiosos les rodean y les noquean. Al cabo de unas horas, el joven se despierta: está enterrado en el suelo, como uno de esos patos de la granja, y le fuerzan a comer. Aparece el guía sonriente, que resulta ser el jefe de la banda mafiosa, y le informa que le van a dejar allí hasta que su carne se ablande lo suficiente y coja el mejor sabor… Y, ante el horror del joven, el sonriente guía le dice que ya han “probado” al ex militar y que no estaba nada bueno: acto seguido, le acerca una bandeja con la cabeza decapitada del japonés y le dice “¿quiere probar?”

¡Brrrr! Impresionante, ¿verdad? Estas historias macabras resultan muy interesantes, por un lado por el humor negro que destilan, pero por el otro por el ejercicio de reflexión que el autor hace con ellas: ¿estamos dispuestos a dejar que otro Hitler acabe dominándonos? ¿Respetamos suficientemente a los demás? ¿Es lícito cometer según qué atrocidades sin ponerse en la piel de las víctimas? Da que pensar.

No puedo imaginar el “shock” que sufrirían los lectores de la época con estas obras cortas. En aquel momento, el dúo creativo Fujiko Fujio aún trabajaba como una unidad bajo el mismo nombre (no fue hasta 1987 cuando se separaron en Fujiko F. Fujio y Fujiko Fujio Ⓐ), y eran conocidos básicamente por obras de corte infantil y de humor blanco como Obake no Q-tarō, Doraemon o Hattori el ninja. Ahora sabemos que Doraemon fue creado por Fujiko F. Fujio, pero en aquella época firmaban los dos con el mismo nombre, Fujiko Fujio, y así es como apareció esta obra en el mercado. ¿Qué pensaría la gente al ver que “el autor” de Doraemon era capaz de realizar unas historias tan macabras?

Lo mejor

  • Ocho historias muy entretenidas y de lo más tétricas.
  • El estilo de dibujo “doraemonesco” contrasta brutalmente con el contenido macabro.
  • Las historias dan que pensar.
  • En este tomo se publica Kuroi Salesman (El negro vendedor a domicilio), historia corta en la que se basó la mítica serie que actualmente se conoce como Warau salesman (El sonriente vendedor a domicilio), otra genialidad de Fujiko Fujio Ⓐ.

Lo peor

  • ¿No hay más volúmenes de historias cortas de humor negro de Fujiko Fujio? ¡Necesito más dosis!