El blog de Marc Bernabé

Entrevista a Frederik L. Schodt

Wednesday, September 3rd, 2014

Como ya sabrás si me sigues en Twitter, este año mis vacaciones me llevaron a la costa oeste de los Estados Unidos y, durante mi estancia en la preciosa ciudad de San Francisco, aproveché para conocer a Frederik L. Schodt. Si no sabes quién es Schodt, podemos decir, resumiendo mucho, que es “el” gran pionero del manga en Occidente. Fue uno de los primeros occidentales que se interesó por el manga japonés, en los años 70, y que trabajó para que el manga pudiera llegar a Occidente, sobre todo gracias a su libro Manga! Manga! The World of Japanese Comics. Este libro, escrito en 1983 y aún disponible en las librerías (en inglés), ha sido y sigue siendo uno de los textos de cabecera de los interesados en la historia y la dimensión del manga en Japón: incluso hoy en día, más de 30 años después de su publicación, sigue siendo fascinante y, para mí, resta insuperado. Aparte de este hecho, ya de por sí muy relevante, Schodt es uno de los pocos occidentales (y probablemente el único) que pudo conocer con relativa profundidad al “dios del manga” Osamu Tezuka, ya que no solo en aquellos años Tezuka era un desconocido en Occidente, sino que escasísimos occidentales podían directamente hablar con él en su idioma, el japonés, en una época en la que saber japonés para un occidental era casi una quimera.

En todo caso, puedes visitar su página http://www.jai2.com/y perderte en ella para saber más acerca de este gran personaje.

En principio no tenía previsto entrevistarle, solo aprovechar para conocerle como es debido (coincidimos una vez hace 3 o 4 años en Tokio, donde él dio una conferencia y le saludé brevemente, pero estaba muy ocupado y no pudimos prácticamente charlar), pero al comentar en Twitter que le iba a conocer, alguien me sugirió entrevistarle para el blog. Como no me pareció mala idea, así lo hice, y aquí tienes la transcripción de la charla.

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Para empezar, cuéntenos un poco sobre su vida y cómo llegó a Japón.

Bueno, yo crecí en el extranjero: en Noruega, Australia… Cuando tenía 15 años, mi padre, que trabajaba en la Embajada, vino un día diciendo que el próximo destino iba a ser París, en Francia. Sin embargo, unas semanas más tarde dijo que habían cambiado las órdenes, que ya no era Francia sino Japón. Y así es como llegué a Japón, desde Australia, a los 15 años. Pasé entre 2 años y medio y 3 allí, yendo a la escuela internacional en Tokio. Me gradué y a continuación fui a la universidad en California durante un par de años antes de volver a Japón, también a la universidad.

¿Cómo descubrió el manga y empezó a interesarse por él?

Corría el año 1970, y en la residencia universitaria en la que vivía en Tokio, todos mis compañeros –japoneses, claro– estaban leyendo manga. En aquella época, el manga se estaba convirtiendo en un gran fenómeno en Japón y los universitarios empezaban a leerlo. Era como una cultura alternativa, como lo sería el rock n’ roll en Estados Unidos y Europa, y fue entonces cuando yo empecé a leer cómics japoneses también.

Pasé 2 años en Japón, en la universidad, antes de volver a los Estados Unidos, donde me puse a trabajar, y también me hice hippy durante un tiempo… luego volví de nuevo a Japón sobre 1975, creo, y estudié interpretación y traducción en la misma universidad japonesa en la que había estado anteriormente. A continuación trabajé como intérprete en Tokio para una empresa antes de volver definitivamente a San Francisco en 1978.

Para mí, leer manga era como una ventana abierta a un mundo nuevo, y era una manera fantástica de aprender japonés y disfrutar de una cultura diferente. Un universo abierto, libre, sin restricciones… Siempre me habían gustado los cómics y el arte, y eso fue como una revelación, algo natural para mí.

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Durante mi tercera estancia en Japón, inicié un proyecto con unos amigos llamado “Dadakai”. Éramos dos japoneses y otro americano, aparte de yo mismo, y juntos empezamos a traducir manga. Teníamos grandes sueños; que nosotros supiéramos, nadie había traducido manga antes. No sabíamos cómo conseguir que aquello funcionara, y de hecho fue un fracaso porque ninguna de nuestras traducciones llegó a publicarse. Eso sí, tradujimos obras como Fénix, historias de Leiji Matsumoto, otras de Tezuka… Y, aparte, con un amigo tradujimos La rosa de Versalles de Riyoko Ikeda y el segundo libro de Hadashi no Gen (Hiroshima). El primer tomo había sido traducido por un grupo de voluntarios llamado Project Gen, del que me hice miembro también. En aquella época no sabíamos cómo podíamos publicar las obras en Occidente y en este sentido fuimos un fracaso.

Fue entonces cuando se me ocurrió que era necesario un libro sobre manga. En aquella época, los estadounidenses ni siquiera habían descubierto el sushi, y si hablabas de “manga”, pensaban que estabas usando el verbo italiano “mangiare”, o sea, “comer”. La gente no tenía interés en los cómics japoneses, ni siquiera sabían que existían… En blanco y negro, “al revés”… Así es como empecé.

¿Y cómo conoció a Osamu Tezuka y qué impresión le causó?

Cuando formamos el grupo Dadakai, nombramos a uno de sus miembros, llamado Shinichi Sakamoto, “mánager de negocios” –aunque nunca tuvimos ningún negocio, pero bueno– . Y de alguna manera, creo que a través de su hermano, encontramos la manera de contactar con Tezuka Productions. Básicamente dijimos que queríamos traducir Fénix, porque era una de las obras que queríamos presentar a Occidente ya que era una de nuestras favoritas. Empezamos, pues, desde lo más alto.

Lo más impresionante fue cuando, al ir a Tezuka Productions, conocimos al mismísimo Tezuka, al que le gustó la idea. Y nos ayudó mucho. En esa época, Tezuka ya era conocido en el extranjero, por Astroboy y otras de sus animaciones, pero quería que le conocieran mejor. La idea de que el manga pudiera llamar la atención fuera de Japón era muy nueva, por eso nos ayudó mucho. Sin embargo, la traducción que hicimos para él en esa época, sobre 1977, no pudimos publicarla. Así que los borradores de las traducciones de los cinco primeros volúmenes de Fénix estuvieron acumulando polvo en la caja fuerte de Tezuka Productions durante unos 25 años, creo, hasta que finalmente fueron utilizadas en la edición estadounidense de Viz Media.

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Tezuka en su visita a Disney, con Ward Kimball. Al fondo, un joven Schodt que hacía de intérprete.

¿Y utilizaron las mismas traducciones?

Sí, las de los cinco primeros tomos. Y mi amigo Jared Cook y yo, con el que estuve en Dadakai muchos años antes, tradujimos el resto de la obra. Así que las primeras cinco sagas de Fénix fueron traducidas entre 1977 y 1978, mientras que el resto, otros siete tomos, fueron traducidos casi 25 años más tarde.

Para contarte una curiosidad, cuando publiqué Manga! Manga!, mi primer libro sobre manga, al final del libro añadí partes de varias obras como muestra: Fénix, La rosa de Versalles, Hiroshima y una historia de Leiji Matsumoto. Tezuka se prestó a colaborar con Fénix, entendió perfectamente que las páginas tenían que ser volteadas, y encima existe un chiste en el volumen “El pájaro de fuego” donde aparece, como broma, uno de los personajes de Shigeru Mizuki, el “Hombre rata” (Nezumi otoko), algo que sin duda resulta hilarante para el lector japonés. Pero claro, yo le dije a Tezuka que nadie en Occidente iba a entenderlo, así que lo redibujó. En Manga! Manga!, solo en esa versión, aparece un personaje diferente que no figura en ninguna de las otras versiones.

A la izquierda, la página original de Fénix. A la derecha, la volteada y retocada por el propio Tezuka para el libro Manga! Manga! (c) Tezuka Productions

A la izquierda, la página original de Fénix. A la derecha, la volteada y retocada por el propio Tezuka para el libro Manga! Manga! (c) Tezuka Productions

Actualmente, en España se está publicando la “versión original” de Fénix. No la versión que Tezuka arregló posteriormente para su publicación en tomo, sino la que se publicó originalmente, entrega a entrega, en las diferentes revistas. Y es cierto que Tezuka redibujaba y retocaba mucho sus obras a lo largo del tiempo.

Sí, estaba todo el tiempo alterando sus obras, redibujando páginas o viñetas, y la gente se volvía loca con esto.

Usted trabajó con Tezuka como su intérprete en varias ocasiones, de hecho he visto su foto en los estudios Disney, sin ir más lejos. ¿Cómo fueron estas experiencias?

Sí, trabajé como intérprete suyo durante varios años, cada vez que venía a los Estados Unidos, desde 1979 hasta su muerte. Así que a veces viajaba con él por los Estados Unidos e incluso a Canadá. Y era una persona fascinante porque era extremadamente inteligente y con una cultura extensísima: era un auténtico intelectual con el que se podía hablar de cualquier cosa.

Siempre estaba trabajando, pero a la par disfrutaba mucho cuando salía de Japón, porque eso era como una liberación para él. Poner tierra de por medio con todos los editores… Y se lo pasaba muy bien, hasta el punto, claro, de retrasarse con las entregas. Pero era fascinante hablar con él durante horas y horas, por ejemplo en los aviones, viajando de una ciudad a otra. Hablaba de cualquier cosa, siempre tenía curiosidad por saber: sobre sucesos que ocurrían, qué pensaba la gente en Estados Unidos y en Occidente… Me fascinaba todo lo que me contaba.

Una vez estábamos en el aeropuerto, aquí en San Francisco, esperando que saliera nuestro avión para ir a Canadá. El avión tenía que llegar, nosotros embarcar y luego ir a Canadá. Estábamos esperando en la puerta de embarque, hablando. Me lo pasé tan bien charlando con él que no me di cuenta de que el avión llegó y se fue (risas). Pero a pesar de mi despiste fue muy amable… Yo era responsable del plan de viaje, y pude encontrar otro vuelo, pero fue muy vergonzoso para mí… Pero él fue muy amable, siempre lo fue conmigo. Era un genio.

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Tezuka en una de sus visitas a los Estados Unidos

He leído bastante sobre él y tengo la impresión, leyendo entre líneas, de que en ocasiones se mostraba bastante arrogante. ¿Era así en realidad?

No, yo no diría que era arrogante, en absoluto. Pero sí podía llegar a ser muy infantil y tener una rabieta como un niño pequeño. No le gustaba nada la competencia ajena. Era un hombre muy amable, y una de las cosas que más me gustaban de él es que podía hablar con todo tipo de personas: niños, intelectuales, camareros, carpinteros… Lo que fuera. Y siempre obtenía información de ellos; de hecho, siempre estaba buscando nuevas ideas para sus historias. Se empapaba de todo lo que le contaban y luego, en ocasiones, usaba esos datos en alguna de sus historias. Era fascinante. Yo lo considero un de las personas más interesantes que he conocido y, desde luego, tuvo una gran influencia en mí.

Aunque creo que acaba de contestar a la siguiente pregunta, voy a realizarla igualmente: entre todos los mangaka que seguramente ha conocido, ¿cuál fue el que le sorprendió más y por qué?

Sí, por supuesto, Osamu Tezuka fue el que más influencia causó en mí, en parte porque fue con el que estuve más tiempo. Pero también porque nunca había conocido a nadie que fuera tan culto, tan abierto a nuevas ideas… Un intelectual de los pies a la cabeza.

¿Es cierto que tenía una memoria tan prodigiosa que era capaz de recordar cada viñeta y dar instrucciones a sus ayudantes por teléfono de memoria?

Sí, desde luego, era cierto. Y a veces le veías observar cosas y luego las veías apareciendo en sus historias. Para mí, una de las cosas más interesantes es que siempre estaba trabajando y apenas dormía unas 4 horas por la noche. Hay gente, incluso hoy en día, que dice que quizás no fue él quien dibujó toda su obra, sino que fueron sus ayudantes –ya que tenía un sistema de producción; hasta llegó a tener unas 80 personas en un momento dado, que le ayudaban a dibujar los fondos y otras tareas– los que hicieron gran parte del trabajo.

Pero te voy a contar lo que pasó una vez en cuando fui con él a Florida, a Disney World: estábamos allí para un documental para la televisión japonesa. Querían grabar a Tezuka en Disney World, y todo el mundo estaba agotado, sin dormir. Por primera vez en la vida, vi a uno de los ayudantes de grabación, el que sostiene los focos y demás, dormirse de pie, sosteniendo un foco. ¡Nunca había visto algo así! Todos estábamos agotados para cuando volvimos al hotel, ya tarde por la noche. Tezuka dijo “buenas noches” y se fue a trabajar. Cuatro o cinco horas más tarde, salió de la habitación y, efectivamente, había estado creando páginas para Fénix. Lo tenía todo aboceteado a lápiz, ya había puesto los personajes principales, tenía los diálogos escritos… La historia que había creado había que mandarla a Japón para que los ayudantes pudieran pintar todas las partes en negro y añadir lo que él había indicado en cada parte: un arbusto aquí, un árbol allá, este tipo de cosas. Pero lo cierto es que ya había creado todo lo esencial: la historia, los diálogos e incluso había dejado entintados los personajes principales. Me pareció sencillamente increíble.

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En aquella época, no había mucha información sobre la historia del manga ni siquiera en Japón. ¿Cuáles fueron sus principales fuentes de información para escribir Manga! Manga!?

Invertí mucho tiempo yendo a bibliotecas en Japón, y también pasé bastante tiempo en la Universidad de Berkeley, donde, aunque parezca mentira, tenían bastante información sobre el tema. La mayoría, sin embargo, lo obtuve de bibliotecas japonesas. Aparte, tenía acceso a los archivos de Kōdansha, donde se guarda todo lo que la editorial ha publicado a lo largo de su historia. Como mi editorial era subsidiaria de Kōdansha, tuve facilidad para acceder a esos archivos y usar muchas obras originales, como Norakuro de Suihō Tagawa. De hecho, mucho del manga publicado antes de la guerra fue publicado por Kōdansha, así que tenían los originales guardados y yo tuve acceso a ellos.

También había una biblioteca de pago en Tokio, donde podías leer manga si pagabas cierta cantidad, la Colección Naiki, en la que me apoyé muchísimo. La Biblioteca Nacional también fue un buen recurso… Y también conseguí acceder a la Colección Suyama, administrada por su hijo…

¡Fue muchísimo trabajo! Pero era joven, estaba apasionado con el tema…

¿Cuánto tiempo tardó en escribir el libro?

Pues hasta que finalmente salió publicado, creo que cuatro o cinco años. Fue un trabajo bastante intensivo y arduo.

¿Pensó alguna vez que el libro llegaría a ser tan influyente y básico para presentar el manga a Occidente, como finalmente lo ha sido?

Bueno, la verdad es que me sorprende gratamente que, a día de hoy, 31 años después de su publicación, el libro siga reimprimiéndose y comercializándose. Nunca ha llegado a vender grandes cantidades de ejemplares, pero la gente a quien le gusta, le gusta mucho. Para mí es maravilloso porque muchos lectores, que en principio se lo han leído tras sacarlo de la biblioteca –de hecho, tengo la sensación de que muchos de los que se lo han leído, ha sido gracias a las bibliotecas y nunca se lo han comprado, pero no me parece mal, al contrario– me han expresado lo mucho que les gusta. Entre todos los libros que he escrito, este es el que mejores ventas ha tenido, de lejos.

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Yo, de hecho, la primera vez que lo leí fue gracias a una biblioteca…

Sí, la mayoría de la gente que lo lee está aún estudiando, en la universidad o incluso en el instituto.

Pero luego, años más tarde, me lo compré, e incluso he llegado a comprarlo dos veces, ya que presté mi primera copia a un conocido y nunca me la llegó a devolver…

Fantástico, entonces tú eres un comprador especial y te has ganado mi reconocimiento (risas).

Ahora sin bromas, nunca pensé que el manga llegaría a ser tan popular en Occidente como lo es ahora. Ni en sueños. Pensaba que ojalá llegara a serlo, pero en realidad veía tantos obstáculos que no pensé que pudiera ser. Y ahora, la gente en Europa y América quiere que el manga se publique sin voltear, mientras que en 1983 nadie habría querido leer nada que estuviera “al revés”.

¿Y cómo convenció a Tezuka para que escribiera el prefacio y a los otros autores para que le dejaran publicar algunas páginas de sus mangas para ponerlas como muestra en la parte final del libro?

Bueno, a Tezuka ya le conocía y estaba muy de acuerdo con el proyecto, por lo que me dijo que sí inmediatamente y escribió una introducción maravillosa. En cuanto a los otros autores, como iba a ser prácticamente la primera vez que sus obras se darían a conocer fuera de Japón, también dieron su consentimiento e hicieron posible ese epílogo con muestras de grandes mangas reales. Lo mismo para todas las ilustraciones que hay dentro del libro, cuyos derechos sería imposible conseguir hoy en día. En aquella época, que alguien del extranjero quisiera presentar el manga fuera de Japón era muy nuevo para ellos.

De hecho, sin embargo, en Tezuka Productions llegué a ver unas revistas publicadas en Suiza, Le Cri qui Tue. Para mí, eso fue una inspiración, porque vi que el manga japonés podría llegar a adaptarse a otros idiomas, publicarse y ser leído y disfrutado por lectores no japoneses. Nunca he llegado a conocer a Atoss Takemoto, el impulsor de esa publicación; lo que hizo fue impresionante, digno de mención. Pero también es cierto que lo que hizo estuvo demasiado adelantado a su tiempo.

Más tarde, en 1996, publicó Dreamland Japan como una especie de continuación o actualización a Manga! Manga!, pero ya nada más sobre el tema del cómic japonés desde ese momento.

También está The Astroboy Essays, en el que hablo sobre Astroboy como serie en particular y de Osamu Tezuka en general. El hecho es que no creo que sea necesario que yo escriba nada más sobre el tema; ya hay muchos libros publicados. Y encima hay tanto manga traducido hoy en día que la gente ya lo puede estudiar por su cuenta sepa o no japonés. Puede que haya hueco para libros sobre autores en concreto, o sobre entrevistas a artistas, pero ya no son necesarias obras sobre manga en general.

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Pero muchos pensamos que Manga! Manga! es, incluso 30 años después de su publicación, el mejor libro introductorio sobre manga pero, por supuesto, carece de información sobre estas tres últimas décadas. ¿Podemos esperar ver alguna vez una versión actualizada de Manga! Manga!?

No, yo no lo voy a hacer. Quizás tú, ¿quién sabe? (Risas).

Pero sí he hecho otras cosas, como bien sabes, como Dreamland Japan o el libro sobre Astroboy, así como una biografía de Tezuka. También un libro sobre acróbatas japoneses. Me gusta el intercambio cultural, es algo con lo que disfruto.

¿Podría contarnos algo sobre sus libros The Four Immigrants Manga y Professor Risley and the Imperial Japanese Troupe, ya que tengo la sensación de que no son tan conocidos como Manga! Manga! y Dreamland Japan?

Siempre me han llamado la atención personajes que, en su tiempo, fueron especiales pero que por alguna razón quedaron olvidados por la historia, especialmente relacionados con Japón. Uno de ellos es Henry Kiyama, que creó el Manga de los cuatro inmigrantes en 1931, bueno, de hecho en 1927. Era un inmigrante japonés que vino a San Francisco y acabó creando, casi por accidente, la primera novela gráfica de la historia –dependiendo de cómo definas “novela gráfica”, claro–. Fue una de las primeras obras de cómic (comic books) creadas en los Estados Unidos, y fue realizada por un artista japonés.

También he escrito sobre un joven nacido en Oregón, Ranald MacDonald, medio nativo americano y medio británico, escocés. Fue a Japón, en 1848-49, para enseñar inglés a los primeros intérpretes en Japón y estuvo en la cárcel allí también.

Mi libro más reciente habla sobre la compañía imperial japonesa, un grupo circense que vino a los Estados Unidos, y también estuvo en España (Madrid, Barcelona, Valencia…). La  compañía circense causó sensación y contribuyó a despertar el interés sobre Japón en Occidente, en un momento tan temprano como 1868.

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El diploma y condecoración concedidos por el Emperador de Japón a Schodt.

También ha traducido algunos mangas. ¿Disfruta de este tipo de trabajo? Me sorprende porque se podría pensar que ha traducido muchísimas obras, pero ha sido muy selectivo. ¿Por qué?

Normalmente traduzco obras que quiero traducir. Si no me parece que una historia vale la pena en este sentido, prefiero no involucrarme en ella. Al fin y al cabo, no se gana mucho dinero con esto, por lo que para mí es como un trabajo que hago por amor al medio. Una de las obras que he traducido en los últimos años es Pluto, de Naoki Urasawa, que se basó en una historia de Astroboy de Tezuka. Y me encanta, es una obra impresionante.

No traduzco mucho manga, la verdad, pero sí trabajé en una obra sobre la Madre Teresa de Calcuta. No sé, me lo pidieron en Shōgakukan y me pareció interesante (risas)… Y, aunque tampoco es manga, hace poco he terminado, junto con compañera llamada Beth Cary, de traducir el segundo volumen de las memorias de Hayao Miyazaki: Turning Point (Orikaeshi ten), un libro enorme de unas 450 páginas. Juntamente con el primer volumen, Starting point (Shuppatsu ten), estamos ante una obra de más de 800 páginas, enorme. He estado mucho tiempo trabajando en ella junto a Beth…

Para mí, el trabajo relacionado con el manga es básicamente hecho porque me gusta. Mi trabajo principal es el de intérprete especializado en tecnología, así que no tiene nada que ver con esto del manga.

Y, por último, ¿qué sintió cuando recibió unos premios tan importantes como el Premio Cultural Osamu Tezuka y la Orden del Sol Naciente de Rayos Dorados con Roseta?

Un honor increíble, enorme. No sé por qué me los dieron a mí, la verdad. Imagino que la conexión con el manga fue el motivo principal, pero bueno, el hecho es que me sentí muy honrado. Es maravilloso.

Muchísimas gracias por dedicarnos el tiempo de esta entrevista, hemos aprendido muchísimo.

Gracias a ti, ha sido un placer.

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Cómo no, aproveché para que me dedicara mi copia de Manga! Manga! y también para regalarle un ejemplar de la nueva edición de Japonés en viñetas.

Conversación Taiyō Matsumoto – Ken Niimura (parte 2/2)

Wednesday, February 24th, 2010

El otro día veíamos la primera parte de esta interesantísima conversación entre Taiyō Matsumoto (TM) y JM Ken Niimura (KN), en la que también participaron el guionista Issei Eifuku (IE), el editor Yasuki Hori (YH) y servidor, Marc Bernabé (MB) como moderador. Hoy os presento la segunda y última parte, ¡espero que os guste también!

SEGUNDA PARTE

Yo recomendaría Takemitsu Zamurai, porque es la obra en la que más y mejor puedo mostrar mi estilo.

Taiyo Matsumoto y Yasuki Hori

Taiyō Matsumoto y Yasuki Hori

MB: Tengo una pregunta curiosa que haceros. ¿Podríais recomendaros mutuamente una obra vuestra que os gustaría que los otros leyeran?

KN: Bueno, en mi caso solo tengo una que valga la pena, que es Soy una matagigantes, así que me encantaría que la leyerais. Bueno, matizo: he dibujado varias historias cortas que incluso se han recopilado en volúmenes, pero Soy una matagigantes es mi primera obra realmente larga, concebida en forma de libro. Estoy orgulloso de ella, aunque el guión no sea mío.

TM: Pues yo recomendaría Takemitsu Zamurai, porque es la obra en la que más y mejor puedo mostrar mi estilo.

KN: A mí me impresiona el dibujo de Takemitsu. Cuando lo veo, pienso invariablemente “¿pero cómo lo hace?”

MB: Yo tengo una pequeña anécdota de algo que me ha pasado esta mañana. Le he enseñado el libro de Takemitsu a un amigo y le he dicho “mira este cómic, es una pasada”. Él lo ha ojeado y lo que me ha dicho es “vaya birria de dibujo”.

KN: ¿En serio?

Si estás acostumbrado al tipo de dibujo de Naruto y similares, resulta complicado entrar en Takemitsu. Hay que tener cierta “educación” para apreciarlo, ya que es difícil.

MB: Supongo que no ha leído mucho manga, porque si no, no diría eso. La verdad es que me he enfadado un poco con él y le he dicho que no tenía razón, que el dibujo de Takemitsu es especial y tiene una “atmósfera” propia.

IE: Claro, es que si estás acostumbrado al tipo de dibujo de Naruto y similares, resulta complicado entrar en Takemitsu. Hay que tener cierta “educación” para apreciarlo, ya que es difícil.

MB: Por cierto, nos quedas tú, Eifuku. ¿Qué obra tuya recomendarías a los demás?

IE: Pues mira, hay una de ciencia-ficción que se llama Lightning Brigade. Hace años que la creé, por lo que gráficamente deja mucho que desear, pero la historia se publicó en una revista mensual llamada Young Magazine y básicamente me dejaron hacer lo que quisiera, por lo que estoy contento. Por cierto, sabes que a menudo, en las entrevistas que hemos estado haciendo, nos comentan por qué el estilo de dibujo de Tekkon es tan distinto del de Takemitsu

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Tekkon Kinkreet (1993-94, izquierda) y Takemitsu Zamurái (2006-10), derecha).
Mismo autor, distintos estilos.

MB: Es verdad. ¿A qué se debe?

IE: Bueno, es que entre las dos hay 15 años de diferencia. Pero esa no es la cuestión. La cuestión es que todas las obras de Taiyō, sin excepción, están hechas con un estilo distinto de dibujo, ya que él solo se dedica a una sola serie cada vez.

MB: Qué interesante. La lástima es que en España solo tenemos estas dos disponibles.

IE: Cuando un autor cambia de repente de estilo de dibujo resulta sorprendente, pero Taiyō consigue hacerlo cada vez. Quería dejarlo claro, nada más.

Trabajo bastante limpio; hago dibujos bastante detallados y luego los trazo.

KN: Es verdad, yo cada vez que abro una nueva obra de Taiyō pienso “a ver cómo nos sorprenderá esta vez”, e invariablemente me quedo alucinado, totalmente rendido.

YH: A mí de hecho me pasa un poco lo mismo. Cada vez que tenemos que pensar una nueva obra, decidimos el argumento y tal y luego siempre acabo preguntándome “a ver con qué dibujo lo hará esta vez”.

Issei Eifuku y Ken Niimura

Issei Eifuku y Ken Niimura

KN: ¿Cómo trabajas? ¿Haciendo primero bocetos?

TM: No, trabajo bastante limpio; hago dibujos bastante detallados y luego los trazo… Oye, Ken, ¿y tú cuántas páginas al mes dibujas? ¿Unas 16 o así?

KN: No, bueno. En el caso de Soy una matagigantes, tenía que encargarme de realizar todo el apartado gráfico de cada una de las entregas en formato comic-book de 24 páginas, lo que incluía portadas, diseño gráfico, etcétera. Lo hacía en un poco más de dos semanas, pero claro, ten en cuenta que el guión ya estaba escrito, por lo que podía trabajar con agilidad. Cuando soy yo el que hago también el guión, tardo muchísimo más. Lo que más me cuesta es el guión.

IE: El tiempo que tardas en hacer “el trabajo”, es decir, plasmar en el papel las ideas, y el tiempo que tardas en “pensar” las situaciones, disposición de página y guión es muy distinto, ¿no crees?

KN: Muy cierto. En mi caso, tardaba un poco más de dos semanas en hacer lo que tú llamas “el trabajo”, ya que el guión ya lo tenía. Tres semanas a lo sumo. En mi caso, mis bocetos son bastante burdos, hechos a toda prisa, y luego lo paso todo a limpio. Tengo la sensación de que trabajando así los dibujos cobran más vida.

Matsumoto-sensei

Matsumoto-sensei

El hecho de haber realizado Soy una matagigantes me ha dado confianza en mí mismo, me ha permitido aprender y conocer mi propia capacidad de trabajo, algo que hasta ese momento desconocía.

IE: ¿Cómo acabaste trabajando con un guionista?

KN: Pues conocí al guionista en una feria de cómics que se celebra en España y él me envió el guión por e-mail para ver si me interesaba llevarlo adelante. A mí me pareció muy interesante. Ten en cuenta que hasta ese momento nunca había realizado ninguna obra larga, por lo que pensé que eso me permitiría centrarme en la parte técnica del trabajo, olvidarme de lo demás.

IE: Ah, claro, lo entiendo.

KN: Me causó bastante alivio. Que conste que también me gustaría desarrollar mis propias obras, aunque tengo otros proyectos en marcha con otros guionistas. El hecho de haber realizado Soy una matagigantes me ha dado confianza en mí mismo, me ha permitido aprender y conocer mi propia capacidad de trabajo, algo que hasta ese momento desconocía.

Momento distendido de la conversación. Al fondo, Takamasa Sakurai.

Momento distendido de la conversación. Al fondo, Takamasa Sakurai.

Yo tiendo a cansarme de mis propias obras, ¿sabes? Las acabo aborreciendo.

MB: ¿Y tú cómo lo ves, Taiyō? ¿Te alivia el hecho de no tener que encargarte de pensar la historia?

TM: Sí, es que yo tiendo a cansarme de mis propias obras, ¿sabes? Las acabo aborreciendo. Así que si otro piensa el argumento por mí evito caer en esta trampa, y es que me parece que siempre acabo repitiéndome a mí mismo y recurriendo a los mismos patrones.

YH: ¿En España hay gente que se dedique a crear guiones para cómics?

KN: Pues creo que sí. Como mínimo en Francia sí los hay. En España también, pero resulta imposible vivir de ello; siempre se compagina con un trabajo principal. Pero en Japón sí los hay, ¿verdad?

YH: Sí, sí, claro. Hay gente que se dedica a crear guiones de manga como trabajo principal.

KN: A mí me dan envidia los guionistas, porque son capaces de crear historias, dibujar (hasta cierto punto) e incluso escribir novelas. Siempre están creando cuatro o cinco historias al mismo tiempo…

Ken atento a las palabras de Taiyo

Ken atento a las palabras de Taiyō

Saber escribir bien no es lo mismo que saber hacer buenas historias.

YH: Eso, eso, métele caña a Eifuku, a ver si se aplica el cuento. ¡Ja, ja, ja!

IE: Ufff… Una pregunta, Hori-san. ¿De dónde sacáis a los guionistas? ¿Hacéis convocatorias y se presenta gente?

YH: Sí, hay mucha gente que hace guiones para manga y la verdad es que hay gente que escribe muy bien. Pero si te tengo que decir la verdad, saber escribir bien no es lo mismo que saber hacer buenas historias.

MB: Antes has ido a ver la exposición de Ken, ¿verdad, Taiyō? ¿Qué te ha parecido?

KN: ¡Uaaah! ¡Huy, qué corte!

TM: Me ha parecido magnífica. La verdad es que cuando me propusiste hacer esta conversación con él, pensé que igual me estaba metiendo en un aprieto si resultaba que Ken era alguien mediocre, pero al ver la exposición me he quedado tranquilo. Me ha gustado mucho.

Al ver las ilustraciones de Soy una matagigantes, me ha sorprendido el hecho de que, a simple vista, las páginas en las que la protagonista está en la escuela y las que está luchando contra el gigante parecen de obras distintas.

KN: Me alegro muchísimo, muchas gracias.

IE: Al ver las ilustraciones de Soy una matagigantes, me ha sorprendido el hecho de que, a simple vista, las páginas en las que la protagonista está en la escuela y las que está luchando contra el gigante parecen de obras distintas. Ha sido sorprendente averiguar que en realidad son páginas de una misma obra; me ha parecido muy interesante.

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Soy una matagigantes. Escenas en la escuela (izquierda) y en la batalla contra el gigante (derecha)

KN: El mérito es del guionista.

IE: Es una lástima no poder leer la obra, ojalá en el futuro salga publicada en Japón y pueda leerla.

MB: Antes os habéis recomendado mutuamente obras vuestras. ¿Podéis ahora recomendaros obras de otros autores que os gusten especialmente?

KN: Buf, un montón. No acabaría nunca. Por ejemplo, en Francia hay una película de animación de cuyo storyboard y diseños se ha encargado un dibujante que a mí me encanta. Esa obra me parece maravillosa.

Un autor que yo recomendaría es Daijirō Moroboshi. Tanto en guión como en dibujo resulta interesantísimo.

MB: ¿Cómo se llama el dibujante?

KN: Nicolas de Crécy. Me parece un autorazo. La peli se llama Bienvenidos a Belleville.

IE: Pues un autor que yo recomendaría, dejando aparte a Taiyō, claro (risas), es Daijirō Moroboshi. Tanto en guión como en dibujo resulta interesantísimo. Tanto Taiyō como Moroboshi son dos autores que gustan a otros autores, ¿sabes? Aparte, y que conste que desconocía hasta hace bien poco que Jirō Taniguchi es un autor tan y tan famoso en Francia y en Europa, me gustaría recomendar obras suyas. Pero no las que hace últimamente, con ese trazo tan fino y delicado, sino las de antes, como por ejemplo Blue Fighter.

MB: Cambiando de tema, a mí el estilo de dibujo de Takemitsu Zamurai me recuerda, en cierto sentido, a la obra Sarusuberi de Hinako Sugiura, la que cuenta la vida del pintor de ukiyo-e Hokusai Katsushika.

La deliciosa Takemitsu Zamurai. En España, editada por Glénat.

La deliciosa Takemitsu Zamurai. En España, editada por Glénat.

TM: Sí, vamos en líneas parecidas, pero lo mío no se puede comparar con lo suyo. Es una pena que no pueda leer Takemitsu y corregirme si me equivoco.

MB: Me pareció un manga muy interesante, aunque tuve que leerlo dos veces. La primera no me enteré de nada.

IE: Ahora que hablas de Hinako Sugiura, ella es otro ejemplo de esos autores que suelen gustar a otros autores. Aparte, a Taiyō le encanta la obra de Picasso, y la verdad es que Hokusai era un hombre bastante parecido a Picasso, ¿no?

TM: A mí me llama la atención tu estilo, Ken, es muy particular.

Lo que los occidentales entienden como “manga” es un poco distinto a lo que entienden los japoneses.

KN: Bueno, piensa que soy de padre japonés y madre española, por lo que no soy ni 100% japonés ni 100% español, y eso se refleja en mi estilo, creo. En enero de este año hicieron un pequeño artículo sobre mí en el periódico Asahi, y recuerdo que destacaron que mi estilo recordaba al manga japonés, pero que también tenía claras influencias del cómic francobelga y del americano. En Francia, sin embargo, siempre destacan mi estilo “más bien manga” o hasta incluso “más bien americano”. Y así siempre igual.

TM: Supongo que a ti te pasa lo mismo, Ken, pero es que cuando yo me pongo a trabajar lo hago sin pensar. Es decir, no pienso “voy a hacer cómic francobelga” o “voy a hacer cómic americano”.

Soy una matagigantes: ¿cómic americano, manga, BD, tebeo...? ¿Un poco de todo?

Soy una matagigantes: ¿cómic americano, manga, BD, tebeo...? ¿Un poco de todo? (En España lo edita Norma Editorial)

IE: Claro, no se puede separar.

TM: Sí, y lo gracioso es que cuando salgo de mi país me dicen “oye, lo que tú haces no es manga, ¿no?” Y es cierto, realmente no es “manga” en el sentido en el que la gente lo entiende, aunque yo no lo hago adrede.

KN: Es que el problema es que lo que los occidentales entienden como “manga” es un poco distinto a lo que entienden los japoneses. En mi caso, al ser medio japonés, a menudo me dicen que lo que hago es “manga”, pero yo no lo entiendo como tal. Si estoy en España, hago “tebeos”, y en Francia hago “bande dessinée”. Pero en el fondo es lo mismo: historias expresadas con una mezcla de dibujo ordenado en viñetas, y texto colocado en bocadillos. Y eso es lo que hago yo, simplemente. Pero claro, la gente se empeña en poner etiquetas.

Es curioso porque en mi historia original me he limitado a agrupar los tópicos del manga y el cine de samuráis; es una obra muy ortodoxa. El mérito es de Taiyō, que ha tomado la historia original y la ha adaptado y cambiado para que case con su estilo.

IE: Lo que me llama la atención es que los entrevistadores de aquí nos digan que “este manga (Takemitsu Zamurai) es una obra bastante curiosa, o incluso rara”. Y el caso es que no es así, de hecho es una historia bastante típica, muy japonesa. Aunque claro, entiendo que piensen que es muy distinta al manga japonés típico.

YH: Lo que tiene de original esta obra es que pretende “desmantelar” las historias de samuráis típicas, esas que se basan en la lucha con espadas. Y de paso desmantela las técnicas típicas del manga: los primeros planos, las líneas cinéticas, etcétera.

IE: Es curioso porque en mi historia original me he limitado a agrupar los tópicos del manga y el cine de samuráis; es una obra muy ortodoxa. El mérito es de Taiyō, que ha tomado la historia original y la ha adaptado y cambiado para que case con su estilo.

YH: Sí, recuerdo que al principio discutimos bastante sobre este tema…

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¡Sin duda, una interesantísima conversación para todos!

Estoy muy contento porque hemos conseguido que gente que hasta ahora nunca había leído a Taiyō Matsumoto está leyendo Takemitsu Zamurai.

MB: Y usted, cómo editor, ¿qué espera de Takemitsu Zamurai?

YH: Para empezar, me encantaría que se vendiera más. Porque con lo impresionante que es la obra, no se vende tanto como debería. Pero estoy muy contento porque hemos conseguido que gente que hasta ahora nunca había leído a Taiyō Matsumoto está leyendo Takemitsu Zamurai, sobre todo fans de las obras de samuráis (jidai-geki), gente más bien madura.

KN: Me impresiona que, con la larga carrera que tienes, Taiyō, te hayas atrevido a dibujar un manga como Takemitsu Zamurai; creo que es algo que requiere agallas. Cuando un mangaka se vuelve famoso, tiende a caer en los mismos tópicos y fórmulas y repetir siempre lo mismo. Me parece increíble que, con cada obra, seas capaz de reinventarte a ti mismo. Leer tus obras me hace cobrar energía para seguir adelante.

TM: Gracias. Es que mi problema es que me aburro rápido de las cosas. Tengo que ir probándome a mí mismo.

MB: Sí, es verdad que las obras de Taiyō son todas bastante cortas… Takemitsu es la más larga, ¿verdad? Será un total de 8 tomos.

Yo opino que el punto fuerte del manga japonés no está en el dibujo en sí, sino en los guiones.

TM: Sí, y no creo que vuelva a hacer una obra tan larga nunca más (risas). Una cosa, Ken, a ver qué opinas tú. Yo opino que el punto fuerte del manga japonés no está en el dibujo en sí, sino en los guiones. El dibujo es la herramienta que permite avanzar la historia, y tiene la virtud de no cansar al lector. Cuando el dibujo es muy elaborado, creo que aplica cierto “estrés” sobre el lector. Ayer estuve en una librería y encontré un cómic impresionante. Quería traértelo para que lo vieras, pero me lo he olvidado (risas). El caso es que el estilo de dibujo es muy interesante, pero claro, si la obra tuviera ocho tomos estoy seguro de que la gente se hartaría de ella. En tu caso, Ken, creo que tienes un buen equilibrio entre dibujo y argumento.

KN: En el caso de Soy una matagigantes, como me pasaron el guión completo de antemano, pude saber dónde empezaba y acababa la historia, por lo que pude conseguir un buen equilibrio entre guión y dibujo. Al principio podía realizar planchas más sosas, porque sabía que hacia el final podría dedicarme a dibujar escenas impresionantes. Eso fue una suerte. Yo opino igual que tú, Taiyō: el cómic no tiene por qué tener un dibujo excepcional, porque con un dibujo más discreto también se hacen cómics. El manga es algo que se lee; es evidente que cuanto más bueno sea el dibujo, mejor, pero no es un elemento estrictamente necesario para conseguir un buen cómic. Eso es importante. En los Estados Unidos suelen poner “pin-ups” en medio de la historia, ilustraciones preciosas que hacen que el lector se detenga y deje de pasar las páginas. Eso es algo que no me parece bien. Es muy tentador hacer un dibujo bonito, pero no hay que perder el norte.

Tekkon Kinkreet, un híbrido entre manga y BD "made in Taiyō"

Tekkon Kinkreet, un híbrido entre manga y BD "made in Taiyō". En España, disponible de la mano de Glénat.

Los novatos tienden a querer demostrar todo lo que saben en cada una de las viñetas, en trabajarlas a conciencia con lo mejor de sí mismos. No hay momentos de relax, por lo que el lector queda agotado.

IE: Una vez, en la revista para la que publicaba, me tocó hacer de jurado para un concurso de jóvenes mangaka. Tuve que elegir las mejores diez historias, ¡y fue agotador! Los novatos tienden a querer demostrar todo lo que saben en cada una de las viñetas, en trabajarlas a conciencia con lo mejor de sí mismos. No hay momentos de relax, por lo que el lector queda agotado…

MB: Esto se relaciona muy bien con la última pregunta que quería haceros, que no es otra que: ¿tenéis algún consejo para los jóvenes que sueñan con ser dibujantes de cómic?

TM: Yo creo que principalmente hay que tener mucha fuerza de voluntad para seguir adelante. Es una profesión muy dura, por lo que es muy fácil rendirse. Es fácil quedarte sin fuerzas, sobre todo si encima critican tu dibujo o tus guiones.

Tienes que preguntarte a ti mismo si quieres dedicarte a contar historias mediante la escritura y el dibujo, porque si no es así, más vale que te lo quites de la cabeza.

IE: Yo ahora no estoy activo como mangaka, así que voy a pecar de ser un poco inmodesto. Mi consejo es que, como sabéis, hay varios concursos en Japón a los que presentarse, y lo cierto es que si obtienes un premio en cualquiera de estos concursos entonces resulta que ya eres un mangaka, ¿sabes? Taiyō ya me dio este mismo consejo una vez: tienes que preguntarte a ti mismo si quieres dedicarte a contar historias mediante la escritura y el dibujo, porque si no es así, más vale que te lo quites de la cabeza.

KN: Para mí, dibujar es algo bastante duro, que quita mucho tiempo y energía. Por eso, si no te gusta especialmente dibujar, es mejor que no te dediques a esto. Tienes que divertirte, porque si no, no vale la pena.

MB: Pues nada, creo que podemos dar la charla por terminada. Creo que han salido muchos temas interesantes y que a los lectores les encantará; muchas gracias.

KN / TM / IE / YH: Muchas gracias, ha sido un placer.

Conversación Taiyō Matsumoto – Ken Niimura (parte 1/2)

Tuesday, February 23rd, 2010

En el pasado Salón del Manga recibimos la visita de Taiyō Matsumoto, el autor de manga famoso por Tekkon Kinkreet y Takemitsu Zamurái (Glénat), y de su amigo, ex asistente y actual guionista Issei Eifuku. Aprovechando que Ken Niimura, buen amigo mío y mejor autor de cómics -entre su obra destaca Soy una matagigantes (Norma)-, también estaba por allí como invitado ya que le dedicaron una exposición, me pareció buena idea juntarles para una distendida conversación-entrevista, ya que sabía de sobras que Ken es fan declarado de Matsumoto y que también le haría ilusión. Además, creía que Matsumoto y Ken tenían estilos y puntos de vista parecidos, y que se llevarían bien… ¡Y acerté!

Poco después de realizar esta entrevista me dispuse a transcribirla, un proceso que algunos de vosotros, seguidores míos en Twitter, pudisteis seguir en directo a través de Google Wave. Han pasado los meses y hasta ahora no he visto el momento ideal de publicar esta conversación debido a otros compromisos y proyectos míos. Os pido disculpas por la espera, aunque ya sabéis lo que dicen: más vale tarde que nunca.

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Matsumoto (izquierda), Eifuku (arriba derecha) y Niimura (abajo derecha)

En España no he visto prácticamente nunca una conversación-entrevista de este tipo, aunque en Japón, donde se llaman taidan (対談) son muy normales. Normalmente se trata de juntar a dos personas mínimamente famosas (o una muy famosa y otra no tanto) y, con la ayuda de un moderador-entrevistador, van conversando entre sí y arrancándose mutuamente informaciones interesantísimas. En esta ocasión, aparte de Taiyō Matsumoto (TM) y Ken Niimura (KN), en la conversación participaron también el guionista Issei Eifuku (IE) y el editor de la revista Big Comic Spirits Yasuki Hori, además de servidor, Marc Bernabé (MB) como moderador.

Para que no se os haga pesada, os ofrezco la conversación, realizada en un restaurante cercano a La Farga el 31 de octubre de 2009, en dos partes.

PRIMERA PARTE

Pensé en mi primo, Santa Inoue (Tokyo Tribe) y se me ocurrió… “Vaya, pues no estaría mal ser mangaka”.

MB: Gracias, Taiyō-sensei, Ken, Eifuku-san y Hori-san por acceder a participar en esta conversación-entrevista. Si os parece, podemos empezar por la pregunta más obvia: ¿cuál fue el motivo por el que decidisteis dedicaros a dibujar cómics?

TM: Cuando tenía catorce años, mi sueño era llegar a ser jugador de fútbol, pero un día mi equipo perdió por 14-0. A los cinco minutos ya tenía claro que no podría cumplir mi sueño, así que me pasé el resto del partido pensando en qué me gustaría hacer. Y luego pensé en mi primo, Santa Inoue (Tokyo Tribe), que en ese momento ya se estaba esforzando mucho por ser dibujante y se me ocurrió… “Vaya, pues no estaría mal ser mangaka”.

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Tekkon Kinkreet (Matsumoto), Takemitsu Zamurái (Matsumoto / Eifuku) y Soy una matagigantes (Niimura)

MB: ¿Y en tu caso, Ken?

KN: Bueno, desde muy pequeño, desde que tenía unos tres años, estaba siempre dibujando, pero no ilustraciones, sino historietas, con sus viñetas y sus diálogos. En primaria solía hacer fanzines y se los pasaba a mis amigos. También de pequeño hacía bastante deporte, como baloncesto o judo, natación… Un poco de todo, pero claro, los deportes no se me dan muy bien, así que sobre los 15 años me matriculé en un instituto de bellas artes y a partir de aquí decidí que intentaría ganarme la vida con el arte, los cómics…

IE: Yo ahora soy guionista, pero en su momento dibujaba cómics. En mi caso, no se me daban bien ni los estudios ni el deporte, mientras que en el dibujo destacaba algo por encima de mis compañeros, por lo que decidí, sin estar muy convencido, que podría llegar a ser mangaka. Dejé la universidad, y cuando no sabía muy bien qué hacer, Taiyō me contrató como ayudante… Cuando Taiyō no tenía trabajo para darme, me dedicaba a hacer trabajos de tipo físico, como fontanero y tal. Tenía unos 22 o 24 años cuando me llamó un día y me dijo “a ver, siéntate aquí”.

“Oye, ¿qué piensas hacer? Escoge: o te pones a dibujar manga o dejamos de ser amigos”

TM: Eh, que yo no dije eso.

IE: Sí que lo dijiste, sí. Me puso una cara muy seria y me dijo “oye, ¿qué piensas hacer? Escoge: o te pones a dibujar manga o dejamos de ser amigos”. Y claro, luego empecé a ir a clase y a estudiar en serio, y en un año aproximadamente pude debutar en la revista Young Magazine y convertirme en mangaka. Así que a Taiyō le considero un maestro tanto en lo profesional como en lo personal.

KN: ¿Y qué estudiasteis, por cierto? ¿Bellas artes?

IE: Fuimos a la misma universidad, la Wakō, a la facultad de Humanidades. Allí hay un departamento dedicado a las Bellas Artes; es una sección pequeñita. En el caso de Taiyō, él solo estudió un año, puesto que enseguida debutó como dibujante profesional. Ninguno de los dos llegamos a terminar la carrera, aunque la verdad es que las clases resultaban bastante interesantes…

Hubo una época en la que tenía tan poco dinero que llegaba a desmayarme por anemia tres veces al día.

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Issei Eifuku y Ken Niimura

TM: Una vez debutas, te crees que eres un genio. Así que yo, al debutar al cabo de un solo año, pensé “vaya, a ver si va a ser que soy un genio” y dejé la universidad. Pero luego dejé de recibir encargos, y encima había dejado los típicos trabajos por horas que hacen los estudiantes universitarios para ganarse unas perras, porque claro, “qué hace un genio trabajando, ¿no?” Hubo una época en la que tenía tan poco dinero que llegaba a desmayarme por anemia tres veces al día.

KN: En las facultades de Bellas Artes de por aquí no hay asignaturas de cómic, por lo que si quieres aprender solo puedes conseguirlo practicando tú mismo.

TM: Sí, pero si examinas el cómic europeo descubres que cada dibujante tiene su propio estilo. Si la gente aprendiera en escuelas y academias, se podría aprender las técnicas perfectamente, pero en general todo se parecería mucho más. Desaparecerían los estilos propios y eso es algo que no estaría nada bien. Aunque también es cierto que si tienes un estilo muy marcado pueden pasar dos cosas: o no cae en gracia a los lectores, o el editor decide no publicar tus trabajos, lo que resulta fatal…

MB: Claro, si uno se pasa de particular es el riesgo que corre.

TM: A menudo los editores exigen a los dibujantes que “encuentren su propio estilo”, pero una vez lo hacen la respuesta que obtienen es “¿pero tú te crees que esto puede gustar a nadie?” (risas). Así que, en realidad, el “estilo propio” que cada dibujante debe encontrar tiene que ser uno que guste a mucha gente.

El formato que tienen los shōnen manga está muy definido técnicamente hablando.

IE: Fíjate por ejemplo en los títulos como Naruto, es decir, los de la revista Shōnen Jump, que son los que más se venden. Estos siempre se apoyan en las mismas premisas, como por ejemplo el uso de líneas cinéticas para indicar velocidad. En este sentido, el formato que tienen está muy definido técnicamente hablando. En el caso de las revistas seinen, eso no es así; se te exige que dibujes tal como tú prefieras; en este sentido hay más libertad. Y en los guiones es lo mismo: en los manga shōnen y los cómics americanos de Marvel o DC, más o menos se utilizan siempre los mismos patrones de “el bien contra el mal”, y al final casi siempre es el bien el que se impone. En el caso de Taiyō, por ejemplo en Tekkon Kinkreet, salen unos niños haciendo cosas que “no son buenas”, por lo que una revista shōnen nunca lo publicaría. En las revistas seinen uno tiene más margen de maniobra, si se puede decir de esta manera.

Taiyo Matsumoto
Taiyō Matsumoto

MB: En España no existen este tipo de limitaciones, ¿no crees?

KN: No, claro, como no hay ni revistas ni nada…

Si no hay revistas a las que enviar tus historias, ¿cómo lo hacéis en España?

TM: Lo que no entiendo es cómo una persona que quiere dibujar cómics consigue hacerlo en España. Si no hay revistas a las que enviar tus historias, ¿cómo lo hacéis? En Japón puedes enviar tus obras a las editoriales o presentarte a concursos; si te dan un premio, es casi seguro que podrás debutar como profesional. ¿Qué ocurre en España?

KN: Bueno, aquí en los años 80 sí había revistas, y entonces podías enviar tus cómics para ver si te los publicaban. Últimamente han surgido algunas editoriales que organizan concursos y piden a los autores que envíen sus obras para publicarlas en un formato determinado, sea en álbum, sea en tomo. Aparte de esto solo te queda dibujar fanzines (como en mi caso) y enseñárselos a los editores…

MB: O bien dibujar un tomo entero y llevárselo a una editorial, ¿verdad?

KN: Sí, eso también. En mi caso, dibujé una obra entera y, una vez la hube terminado, la llevé a una editorial para ver si me lo publicarían. Aparte de eso, la única alternativa es trabajar para el extranjero. No son pocos los autores españoles que trabajan para Francia o los Estados Unidos, pero claro, es el caso de autores que dibujan o bien superhéroes o bien cómics de estilo francobelga. En definitiva, no hay un “camino” marcado al igual que lo tenéis en Japón, y es una lástima.

YH: ¿Entonces las editoriales reciben obras de autores para que sean valoradas?

Solo con enviar tus trabajos a las editoriales o ir a visitarlas es posible que te contraten.

KN: Sí, por supuesto.

YH: En Japón es muy normal recibir visitas de jóvenes artistas que quieren empezar; en nuestro caso recibimos unos tres al día. Y entonces, el trabajo del editor consiste en guiar a estos jóvenes en la dirección a la que cree que deberían ir o, alternativamente, hacer de “malo” y recomendarles suavemente que se dediquen a otra cosa, que el manga no es lo suyo. Así que no hace falta que te presentes a concursos, sino que con solo enviar tus trabajos a las editoriales o ir a visitarlas es posible que te contraten. También en ocasiones los editores van a convenciones de fanzines y, a la que encuentran a un autor prometedor, le proponen trabajar con ellos.

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Taiyō Matsumoto y Yasuki Hori.

KN: A mí lo que me llama la atención es que en España sí que abundan parodias o chistes sobre cómics famosos en el mundo del fanzine, pero también hay muchos dibujantes que crean sus propias historias. En Japón, en cambio, casi todo son fanzines basados en mangas famosos, seguramente más del 90%, lo que a mí me apena bastante. Hay un montón de gente con un talento enorme que se dedica no a crear historias propias, que sería lo suyo, sino a parodiar o basarse en mangas creados por otros autores.

Estaba convencido de que si uno no es capaz de dibujar lo que uno quiere, con su propio estilo, nunca podrá llegar a profesional.

IE: Cuando yo iba a primaria, tenía fama de dibujar muy bien, pero había otro chico al que también se le daba de maravilla el dibujo. El caso es que este chico tenía un talento especial para copiar el estilo de mangas famosos de la época, como Dokaben o Gaki Deka, ¡le salía idéntico! Y luego claro, todo el mundo decía “¡vaya, qué bien dibujas manga!”. En cambio, yo era incapaz de imitar nada y siempre pensaba para mí: “¡eso no es manga! ¡es una simple copia!” Estaba convencido de que si uno no es capaz de dibujar lo que uno quiere, con su propio estilo, nunca podrá llegar a profesional, aunque claro, nunca me atreví a decirlo en voz alta…

MB: Es cierto que “imitar” a otros autores no es el camino a seguir, pero estar “influenciado” es perfectamente lícito y hasta recomendable, ¿verdad? ¿Cómo fue en vuestro caso? ¿Qué influencias tenéis?

TM: En mi caso, fue Katsuhiro Ōtomo quien primero me impactó…

KN: ¿Eh? ¿Desde joven?

TM: Bueno, desde el instituto, en bachillerato.

Al igual que ocurrió en su momento con Tezuka, todos los jóvenes de esa época nos volvimos locos con Katsuhiro Ōtomo.

IE: Yo si quieres te hago un recorrido muy “a saco” por la historia del manga. Primero tenemos a Osamu Tezuka, considerado “el dios del manga”. Fueron muchísimos los que siguieron su estilo, y es un autor aún muy respetado. A continuación, el siguiente dibujante más influyente, al menos en nuestra generación, fue Ōtomo-san; al igual que ocurrió en su momento con Tezuka, todos los jóvenes de esa época nos volvimos locos con él…

KN: A mí me da la sensación que, desde Ōtomo, no ha habido ningún otro mangaka que haya ejercido una influencia tan fuerte como él. Al menos en Japón.

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Conversando en el restaurante. Empezando por la izquierda, y en el sentido de las agujas del reloj, Issei Eifuku, Ken Niimura, Taiyō Matsumoto y Yasuki Hori.

MB: Y dime, Ken, ¿cuáles fueron tus influencias?

KN: Bueno, cuando era muuuy pequeño me encantaba Doraemon, y claro, los cómics españoles como Mortadelo, Superlópez

IE: ¿En serio? ¿En España ya se emitía Doraemon?

KN: No exactamente; mis padres conseguían en vídeo programas de la tele japonesa, porque en aquella época no se emitía en España. Nuestros familiares en Japón nos enviaban cintas, o las alquilábamos…

IE: Vaya, entonces no es algo generalizado en todos los españoles, sino que es un caso particular tuyo, ¿no?

Desde hace un par de años, el estilo que más predomina en los concursos para dibujantes noveles es el “estilo Taiyō Matsumoto”.

KN: Sí, sí, exacto. Fue de esta manera como conocí también las obras de Hayao Miyazaki. Nuestros amigos nos enviaban películas como Nausicaä o Laputa, así que cada vez que tenía que quedarme en casa porque estaba enfermo, por ejemplo, me ponía películas de Disney o de Ghibli.

YH: Antes hemos hablado sobre Ōtomo y sobre los concursos, ¿recordáis? Es muy curioso ver como, en cada edición, predomina un tipo de dibujo en concreto. Por ejemplo, en la época en la que Ōtomo estaba tan de moda, nos llegaban montones de obras de “estilo Ōtomo”. El caso es que, desde hace un par de años, el estilo que más predomina es el “estilo Taiyō Matsumoto”.

MB / KN: ¿En serio?

YH: Sí, sí, vienen muchas obras así.

TM: Aunque claro, lo mío no tiene absolutamente nada que ver con el “big bang” que protagonizó Ōtomo…

MB: En el caso de las revistas shōnen, pues, estaríamos hablando de un claro “estilo Toriyama”, supongo.

Cuando vi Rave pensé que era una obra del mismo autor que One Piece.

TM: Ah, claro, sí…

YH: Puede ser, pero los aspirantes a dibujante tienden a moldear su estilo según la revista o la editorial a la que envíen el trabajo. En el caso de nuestra editorial, Shōgakukan, predomina mucho el “estilo Rumiko Takahashi”. Y también el “estilo Naoki Urasawa”, claro…

Además de guionista de manga, Issei Eifuku es sacerdote budista
Además de guionista de manga y elocuente y bellísima persona, Issei Eifuku es sacerdote budista

MB: Por supuesto… ¿Y en el caso de la Shōnen Magazine de Kōdansha?

YH: Ah, pues… Supongo que ese autor, el que dibuja igual que el de One Piece... ¿Cómo se llama? El de Rave

MB: Ah, sí, Mashima… Mashima algo… (Hiro Mashima)

YH: Sí, ese.

TM: A mí me pasó que cuando vi Rave pensé que era una obra del mismo autor que One Piece y pensé “madre mía, ¡qué cantidad de trabajo realiza este tío!”

YH: Pero no era él (risa).

MB: Por cierto, Taiyō, algunas de tus obras se han publicado en el extranjero, por supuesto, y en el caso de Ken al menos una de sus historias se ha publicado en Japón.

KN: Sí, sí, aunque solo una historieta de 16 páginas en una revista llamada Mandala.

MB: ¿Y cómo os sentís al ver que vuestras obras traspasan fronteras?

En Soy una matagigantes yo mismo me manejo los derechos y participo directamente en la producción de cada cómic mío traducido.

TM: En mi caso, como no puedo leerlas, no te sabría decir. De acuerdo que sé un poco de inglés, pero aun así soy incapaz de “leer” el ambiente de la versión traducida. A mí en particular me produce cierta intranquilidad ver mis obras traducidas, porque siempre me pregunto si mi intención al escribir se está transmitiendo correctamente al lector. Al escribir las frases, procuro que queden de una determinada manera, que casen bien con las viñetas, y en el caso de las versiones traducidas nunca puedo estar seguro de que esta intención o efecto se haya trasladado bien.

KN: Mi caso es un poco distinto. Por ejemplo, en Soy una matagigantes yo mismo me manejo los derechos y participo directamente en la producción de cada cómic mío traducido, por ejemplo en el diseño de portadas y cosas así. En el texto, sin embargo, no puedo meterme tanto. En el caso de Francia, para ponerte un ejemplo, por mucho francés que sepa a veces hay matices que se me escapan. Así que le pedí la opinión a un amigo nativo francés, que me confirmó que el estilo de la versión francesa es un poco distinto al guión original en inglés.

IE: También está el tema de que no sabes si el lector extranjero comprenderá el contexto de tu obra con la profundidad requerida. Fíjate por ejemplo en Takemitsu Zamurái. Está muy clara la época en la que está ambientada: la era Edo, ¿no? ¿Conocen los lectores no japoneses las particularidades de esta época de la historia japonesa?

KN: Puede que no, pero no es algo tan esencial, creo. Al fin y al cabo, lo mismo pasa con las novelas. Por ejemplo, Genji Monogatari está traducida al español, y Don Quijote al japonés. Por supuesto, en ambos casos hay aspectos que el lector extranjero no entenderá, pero la historia de fondo, que es lo que realmente importa, sí es perfectamente comprensible, ¿no?

¡Dejamos aquí la conversación! ¡Hasta la segunda parte!